• Caracas (Venezuela)

Fausto Masó

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El camino de Violeta Chamorro

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¿Aceptará su derrota el chavismo? ¿Sabrá la oposición administrar su triunfo? Algo realmente nuevo ocurrirá, porque Chávez ganaba cómodamente las elecciones, con Maduro el chavismo perderá esta y las sucesivas elecciones, si se celebran o si Maduro sigue en el poder. Ya no estamos en los tiempos de Chávez.

Como Francisco Franco, Maduro estaba convencido de tener todo atado y bien atado, habla como si la revolución siempre se impondrá. Se equivoca, los venezolanos olvidaron a Chávez más pronto de lo que nadie hubiera imaginado, solo que Maduro pretende lo imposible: seguir mandando a las  buenas, con votos, o a las malas, con la fuerza. Ignora que el triunfo electoral de la oposición abrirá las puertas a un enfrentamiento entre la futura Asamblea y el chavismo enquistado en Miraflores. A partir de diciembre comienza la pelea, ante la amenaza cierta de otras derrotas en las futuras elecciones como las de gobernadores, o la posibilidad de un revocatorio.

Las revoluciones no entregan el poder, como lo hizo un Rómulo Betancourt y un Leoni, que se alegraron del triunfo de Rafael Caldera, porque la presencia de un presidente opuesto a Acción Democrática demostraba que en Venezuela había una verdadera democracia, podía llegar al poder la oposición. Los chavistas no son los adecos de los años sesenta, quienes habían dado la vida por la democracia. Tampoco los chavistas son verdaderos revolucionarios, la mayoría de ellos no apoyará una dictadura.

¿Maduro es un presidente democrático? ¿Vivimos bajo una democracia? Oigamos cómo habla Maduro, lo que insinúa, a ratos parece consciente de que perderá las elecciones, pero no se imagina en la oposición.

Durante la edición 41 del programa Contacto con Maduro, afirmó: “Solo con nosotros se pueden superar las dificultades. Con la burguesía vendría el caos, vendría la violencia. Si la revolución perdiera las elecciones el 6 de diciembre, es muy probable que en el transcurso de los próximos meses y años la revolución tome otro carácter”.

¿Qué quiere decir? Maduro pretende no abandonar el poder, pero dentro del chavismo, más temprano que tarde, reconocerán la verdad. El chavismo prefiere hasta la salida de Maduro a la pérdida del poder, lo que se volverá inevitable después de una derrota el 6 de diciembre.

Nos aproximamos no solo a la primera gran elección donde vencerá la oposición, sino también a una situación novedosa: la oposición contará con un poder para enfrentar a Miraflores y la confianza de ser mayoría.

Hay razones para el optimismo en la oposición y para un pesimismo creciente en el gobierno, porque inevitablemente las mayorías se imponen. El chavismo no es una fuerza homogénea, hay hasta verdaderos demócratas chavistas que pueden comportarse como los sandinistas, cuando Violeta Chamorro los derrotó, y apostar por la vuelta al poder en un futuro no lejano. Es lo más sensato.

¿Está preparada la oposición? ¿Sabrá manejar estos tiempos difíciles?

Pronto lo sabremos.

Y para rematar, no alcanzan los dólares. Eulogio del Pino aseguró que el petróleo a 40 dólares no es suficiente. “En 40 dólares por barril, estamos por debajo del precio del equilibrio”. Los grandes productores, Rusia y Arabia Saudita, necesitan un precio mayor, pero no les molesta que los pequeños productores, y que el mismo Estados Unidos, dejen de invertir en aumentar su producción. La OPEP ya no funciona como antes, no es un cartel para defender precios.

En esto, como en todo, Maduro vive en un mundo irreal. Pide que la OPEP imponga los precios, como podía hacerlo 20 años atrás. Hoy es imposible.

El futuro es incierto, nunca ha estado tan oscuro para el chavismo que se ha convertido en minoría. Solo falta saber, repetimos, si la oposición estará a la altura del reto que le espera versada previo ablandamiento de la opinión pública nacional.