• Caracas (Venezuela)

Fausto Masó

Al instante

¿Podemos estar peor?

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No, no podemos estar peor gobernados, esa es la verdad que comprobamos cada día al escuchar a los ministros y al propio presidente. No saben dónde están parados. Así nos va.

El presidente Nicolás Maduro llama a la ciudadanía a movilizarse contra la Ley de Otorgamiento de Títulos de Propiedad a los Beneficiarios de la Misión Vivienda, aprobada en la Asamblea Nacional. Maduro la califica de “ley capitalista”: “Solo con la unión pueblo-gobierno defenderemos el derecho a la vivienda. La Gran Misión Vivienda Venezuela no se privatiza”. Dicho de otra manera, es un pecado que usted sea el dueño de su casa en vez del gobierno. Maduro nos pide que aplaudamos que no seamos dueños de nuestra vivienda. No hay que extrañarse de la caída de popularidad de Maduro.

Chávez, igual que Maduro, criticaba el rentismo; ambos han hecho depender a Venezuela cada vez más del ingreso petrolero, a pesar de que en sus discursos hablen de diversificar la economía, de superar el carácter monoexportador de nuestra economía. Nuestras exportaciones eran de 60% de petróleo durante los gobiernos democráticos, ahora en 97% exportamos puro petróleo. Abundan, según Maduro, los alimentos, pero los tienen escondidos, solo que no menciona que el Estado es el gran importador de comida, si alguien acapara sería el propio gobierno.

La escasez de medicamentos tiene una explicación, la manía venezolana de ir a la farmacia y autorrecetarse. “Los venezolanos somos los que consumimos en el mundo el mayor número de medicamentos per cápita”, afirma la ministra de Salud, Luisana Melo.

No hay escasez, todo es: “Una técnica psicológica que aplican estos bandidos, estos burgueses”, dice Nicolás Maduro.

Un diputado oficialista descubre el Mediterráneo: “Tiene que venir una nueva etapa de la economía productiva”, y de paso ofende a los venezolanos: “Teníamos un pueblo analfabeta”. O: “Nosotros no tenemos una crisis de desabastecimiento, aquí lo que hay es una crisis de manipulación de los productos”.

No hay, pues, esperanza de que mejoren las cosas. El chavismo con Maduro ha desembocado en una sarta de lugares comunes que, si fueran mentiras descaradas, cabría alguna esperanza; si quisieran engañarnos, por lo menos ellos sabrían lo que está pasando. Están perdidos y marchamos a toda velocidad hacia el abismo.

La nueva gran figura del gobierno, Aristóbulo Istúriz confiesa en tono de desesperación: “El hecho de que tengamos el gobierno y no hayamos sido capaces de eliminar las colas, que no hayamos sido capaces de enfrentar el acaparamiento, la inflación, todos estos elementos impactan en el venezolano. Hay una inflación real y una inducida, hay desabastecimiento real y un componente inducido, que es la guerra económica, no tuvimos la capacidad para liquidar esto en su momento”.

Al gobierno lo ayuda la inercia y la falta de decisión de sus adversarios, no pasan de la unidad electoral del pasado diciembre a una decisiva acción política. Eso llegará más temprano que tarde y entonces entraremos en una nueva etapa, se abrirán nuevas puertas… pero, pase lo que pase, estaremos mejor que ahora, porque la principal razón para el optimismo es que el chavismo ha quedado reducido a la exacerbación de la estupidez. El chavismo se está esfumando delante de los ojos del país, lo que alguna vez representó un vigoroso movimiento político se ha vuelto una caricatura de sí mismo.

Chávez tuvo suerte, se murió a tiempo, se libró de ver el final de su obra, las consecuencias de sus errores. El papel de enterrador político del chavismo le ha tocado a Nicolás Maduro.