• Caracas (Venezuela)

Fausto Masó

Al instante

Días infelices

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Sin conocer al enemigo costará derrotarlo, pero aburre demasiado estudiar la personalidad del actual inquilino de Miraflores. Este es el régimen más inocuo que ha conocido la historia. Maduro no es nada, personifica la inercia. A esta altura nos preguntamos a veces si muchos chavistas en realidad no serán antichavistas, y viceversa. Maduro no provoca indignación. Los venezolanos lo rechazan por la mala situación económica, su persona no los indigna, los deja indiferentes. Maduro es una caricatura, un mascarón de proa. La oposición no lo saca del poder porque no se ha unido. Vivimos en el reino de la nada. Hasta un día, claro.

El chavismo era Chávez, fallecido Chávez, el chavismo se convierte en lo que les dé la gana a los que están en el poder, y ¿quién está en el poder?

Cuba no es Brasil ni Venezuela tampoco, por tanto, Maduro no es Dilma ni Castro. Maduro es una mala copia de un aspirante al poder totalitario.

La oposición ignora a quién se enfrenta, se pregunta si lucha contra un dictador. Maduro se acercaría a Estados Unidos a cambio de unos dólares, solo que a Estados Unidos no le interesa Maduro. Cuba, a pesar de su ruina, significaba algo en el mundo. Los hermanos Castro viven de sus glorias pasadas, alguna vez sembraron de guerrillas el continente. Maduro no tiene historia, y Chávez se esfumó con demasiada facilidad.

¿Y qué es la oposición? Por ahora, poco.

“No necesitamos que el imperio nos regale nada”, dice Fidel Castro en un artículo con título irónico y racismo subliminal: “El hermano Obama”. Pero la cuestión es que el presidente Barack Obama en momento alguno prometió “regalar” algo. Así que aquí tenemos una frase para el estudio de la psicología. O la mente de Castro está recurriendo a un típico mecanismo de defensa llamado proyección, donde el sujeto atribuye a otras personas las propias virtudes o defectos, incluso sus carencias, o está extraviada y confundida, y, por lo tanto, repite las mismas palabras que él utilizó hace ya bastantes años, cuando la Unión Europa intentó llegar a un acuerdo de cooperación y ayuda. A diferencia de Franco, Fidel Castro sí delegó el poder en su hermano (el hermano mayor de Franco nunca estuvo cercano a ello). Así que todo se reduce a la especulación de si las palabras de Fidel Castro tienen alguna trascendencia, salvo brindar cierto apoyo emocional a los recalcitrantes (fenómeno por lo demás que ocurre igualmente en Miami, aunque con el signo ideológico contrario).

Raúl no pasa de ser una mala imitación de nada; Maduro compite con Raúl que de pronto le da la espalda y prefiere acercarse a Estados Unidos. ¡Qué desconsideración! Nos dejó a los venezolanos en el aire, somos los últimos revolucionarios antimperialistas, pero nadie se ha enterado, porque Maduro no es Raúl Castro. ¿Habrá por lo menos Raúl avisado a Nicolás de la jugada?

Seguro que no.

Maduro se aburre, la oposición se aburre, la gente en las colas se aburre

Aquí tiene que pasar algo. Por favor. Imposible pensar que esto se prolongue. Estos son los días infelices de una revolución deslucida y sin brillo, la más inocua que ha conocido la historia. Pobres historiadores que les toca contar los años que estamos viviendo. Bostezarán, nadie los leerá. Estos son los tiempos más grises que ha vivido el país desde el descubrimiento.

Por lo menos que empiece a llover.

Con Maduro hasta el clima cambió, para peor.