• Caracas (Venezuela)

Fausto Masó

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Circo sin pan

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Primer caso en la historia de las revoluciones, algo que no imaginaron Robespierre, ni Lenin ni Fidel Castro, algo que no ha ocurrido nunca. A la revolución venezolana le interesa darle al país circo, mucho circo, y nada de pan. Falta hasta la canilla, sobra el circo, circo malo, pero circo al fin. No hay dólares para medicinas, importar insumos para las industrias, pero los hay para que los equipos de beisbol paguen a los jugadores internacionales. Esta revolución se cuida de advertir que habrá whisky en diciembre. A un enfermo de cáncer le faltan las medicinas, cierran industrias por falta de divisas, pero sigue el espectáculo de siempre, con jugadores importados, claro. Hay, pues, circo. 

¿A Nicolás Maduro le hubiera hecho más daño una temporada de beisbol mediocre que la falta de medicinas? Pues, parece que así lo piensa. ¿Tendrá razón?

Lo que va de ayer a hoy; aquel Castro melodramático que asaltó el cuartel Moncada, hoy se retrata en un escenario hogareño con este Maduro preocupado por darle circo a la gente. Le cayeron encima los años a Castro y se volvió cómplice del simulacro venezolano. Veremos los juegos de pelota por televisión, mientras los enfermos se mueren.

Esas son las prioridades de esta revolución. Circo, no pan ni medicinas, solo que hoy los chavistas están muy molestos, lo que no los vuelve antichavistas, ni adecos, ni de Primero Justicia, por una razón: la oposición no presenta una alternativa a esta catástrofe, el país oye su crítica y concluye que Maduro no es Chávez. Maduro no hace otra cosa que ensalzar a Chávez sin decir nunca quién es él, ni qué le propone a Venezuela. Los chavistas se han vuelto antimaduristas, pero el país no está imaginando un nuevo modelo económico, nadie se lo propone.

En Cuba caló profundamente la lectura de Martí con su vago discurso revolucionario, su exigencia de una Cuba nueva. Fidel Castro fue un lector empedernido del “apóstol” y de su mensaje antinorteamericano, los que lo conocieron de joven recuerdan que repetía de memoria discursos, cartas, artículos de Martí, no de Lenin o de Marx. Martí, un hombre noble, no admitía términos medios, prefirió buscar la muerte, suicidarse en realidad, a aceptar que los caudillos militares dirigieran la lucha por la Independencia, practicó el patria o muerte. En su defensa por el ataque al cuartel Moncada, Castro proclamó ante el tribunal: “Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto... hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria”.

Hay que alegrarse de que Venezuela no sea una copia al carbón de Cuba, sino un simulacro, una parodia, sin fusilamientos ni actos heroicos, como enviar soldados a combatir al África o Asia.

Maduro no habla de Bolívar y solo le ofende que critiquen a Chávez, trata de aparecer mucho en televisión para disminuir su impopularidad. No le sirve de nada, sigue en caída libre. Maduro debe preocuparse de los propios chavistas, no de la oposición. Cualquier visita a los barrios, o al interior de Venezuela, comprueba el hondo malestar que invade al país y que no tiene expresión política. La gente está harta de Maduro, pero sigue siendo chavista. ¿Cómo hacer para que corran a inscribirse en AD, PJ o VP? No les atrae mucho el espectáculo de la pelea de gatos de la oposición.

Mientras tanto unos quieren hacer una constituyente y otros señalan lo obvio, la cercanía de las elecciones para la Asamblea. No habrá constituyente, y a este paso falta ya poco tiempo para escoger los candidatos de la oposición. En la MUD no encuentran reemplazo a Aveledo. Cosa que no llama la atención de los chavistas que no tragan a Nicolás Maduro, por eso quizá la ocurrencia de entregarles dólares directamente a las comunas. Otra locura. Palos de ciego.