• Caracas (Venezuela)

Fausto Masó

Al instante

Amanecerá y no veremos

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Después de la alegría del triunfo electoral, algo inusual para la oposición en estos años, vendrá la preocupación por el futuro. La MUD es una alianza electoral que costó mucho trabajo lograr, pero sin la cual nadie llegaría hasta la Asamblea, solo que después del 6 de diciembre esa alianza debe convertirse en política, en un plan de acción conjunto para enfrentar al chavismo que seguirá en el poder y hará todo lo posible para anular la Asamblea, con la ayuda de un Tribunal Supremo obediente, y provocará así una grave crisis que de una forma, u otra, abrirá las puertas a la vuelta de la democracia real. Un Maduro que represente a una minoría en el poder, y también a una fracción del chavismo no tiene futuro pero tiene el poder, sin ganas de dejarlo, porque más de un funcionario teme con razón terminar en la cárcel.

Ese es el drama político que se agrava porque la opción, lejana o cercana, de tomar el poder, acentuará las divisiones en la oposición. Con todo su derecho, Leopoldo sueña con pasar de la cárcel a Miraflores. Se anuncian tiempos turbulentos, sin que nadie tome en cuenta la verdadera crisis, el naufragio económico de Venezuela.

Este es el peor gobierno de la historia venezolana, y probablemente uno de los peores que haya conocido América Latina. El chavismo no piensa en el mañana, sino en gastar y sobrevivir; en el pasado los partidos, tan criticados injustamente, contaban con economistas y técnicos con una visión sobre el futuro. Con la palabra revolución Chávez ocultó su ignorancia, su profundo desconocimiento de los procesos revolucionarios mundiales, su pretensión infantil de confundir la Venezuela de 1998 con la Cuba de 1958. Maduro heredó esa pesadilla y ha sido fiel a su concepción ideológica, a pesar de que al principio de tomar el poder algunos pocos chavistas intentaron un viraje. Maduro lo rechazó y ordenó avanzar a toda máquina hacia la nada. Chávez poseía una personalidad carismática, aunque su habilidad de poco le hubiera servido en estos meses, como todo despilfarrador al que le tocan la puerta para cobrar las cuentas pendientes.

¿Sabrá la oposición responder a esta crisis?

Obviamente, aprenderá a la fuerza, con los palos, igual que el país, pero pagaremos ese aprendizaje que no se logrará de un día para otro. Hay la ilusión del milagro petrolero, de que suba el precio del barril y otra vez salve a Venezuela, pero será un consuelo por poco tiempo, porque en definitiva el petróleo ya, por sí solo, no sostiene la economía nacional. Carlos Andrés, y el propio Caldera al final, comprendieron esta verdad e intentaron abrir al país hacia nuevos rumbos. No pudieron, en buena parte porque el país rechazaba el costo que significa esa apertura. Llegaremos a convencernos, a los golpes, de la necesidad de una apertura radical a las inversiones, lo que no significa confundir empresarios con aprovechadores. Pero también se requerirá una lucha a muerte contra la corrupción para recuperar la credibilidad de la política, no reducirla a un grupo de ladrones y narcotraficantes que quieran reemplazar a otro. El 6 de diciembre es un paso para sacar al chavismo del poder y cambiar a Venezuela. Un paso imprescindible en un largo y pedregoso camino, que nadie parece tomar en cuenta, como si bastara con el resultado electoral para superar esta crisis. Dicho esto hay que salir a votar, a buscar una gran victoria el 6 de diciembre y a continuación abrir los ojos, volver la alianza electoral una alianza política, dispuesta a afrontar los peligros y al chavismo que seguirá en el poder, y una crisis que se empeorará.

Amanecerá el 7 de diciembre y no veremos el futuro pero avanzaremos entre las brumas y el caos. Adelante, pues. ¿Qué otro remedio hay?