• Caracas (Venezuela)

Fania Castillo

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Bordes…

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Bordes… puede ser visto como límite, frontera, como aquello que nos separa del otro, de lo distinto. Bordes… también es un espacio de encuentro, donde esas líneas se borran y entrecruzan. Zona liminar, entre dos mundos. Como los puentes, como los ríos. Ese umbral que es la frontera entre San Cristóbal y Cúcuta, ese resquicio que son los caminos verdes, las trochas entre aduanas, físicas o imaginarias.

La palabra bordes tiene sentido para quienes trabajamos en San Cristóbal, Táchira, Venezuela. Territorio geográfico de límite, donde la frontera impregna nuestros imaginarios, discursos y quehaceres cotidianos. Donde el tema de la identidad cultural y la pertenencia nos interpela a diario. ¿Y cómo responder a tantas interrogantes?

Siguiendo una propuesta de Italo Calvino (1923-1985) para este milenio (el cual no alcanzó a vivir pero sí a intuir), cuando se nos pide como psicólogos, o como investigadores de la cultura y la sociedad, pronunciarnos sobre estos tiempos, sobre la crisis, sobre la situación del país…  ante la pesadez de tanta certidumbre que nos rodea, escogemos irnos por las ramas.

En su último texto, este escritor europeo nacido en una isla del Caribe recuerda a Perseo, personaje de la mitología griega. Concebido por un polvo de oro liviano y fino, imagen inversa a la piedra, tan pesada como dura, símbolo de la eternidad inalterable. Calvino se deleita con la liviandad de Perseo, quien se apoya en los vientos y las nubes, lo más leve que existe, para cortar la cabeza de la Medusa sin quedar petrificado, armado de un casco de invisibilidad y sandalias aladas. Así el poeta emprende una lectura del milenio sin certezas, huyendo siempre a la pesadez, la inercia, la opacidad del mundo.

Frente a la contundencia de ciertos discursos sobre los aspectos más insolubles de la vida, seguimos a Calvino en su valoración de una ligereza que no debe confundirse con frivolidad ni con desidia, pues propone que hemos de ser livianos como el pájaro, nunca como la pluma que se abandona a donde la lleve el viento.

En el mundo literario de Calvino hay un hombre cortado en dos mitades que viven con independencia una de la otra, un caballero inexistente que habla y se mueve dentro de una armadura vacía, un barón rampante que pasa su vida en las copas de los árboles. Imágenes que revelan una conciencia lúdica, más que una forma concreta es una actitud, una voluntad de la creación literaria: sin cegarse a la realidad, asumir la distancia de una mirada a través del espejo de la imaginación poética.

Podemos escoger el camino del artista también cuando reflexionamos y cuando opinamos. Podemos ser creativos y renovar nuestras miradas, eludiendo los lugares comunes y estereotipos.

Recordando a otro cubano de nacimiento quien hizo vida y muy creativa en Venezuela, Rafael López-Pedraza (1920-2011), proponemos la vía de la indirección. Es decir, el del mito y la ficción, las metáforas y la analogía. Las referencias oblicuas. Porque hay cosas que no podemos ver de frente. Por ejemplo, es difícil mirar el ojo que mira. Podemos vernos a nosotros mismos solo a través de la ayuda del reflejo en el espejo.

Cuál es esa vía indirecta y sigilosa, se preguntará el lector. Y nuevamente nos vamos por las ramas. No lo sabemos. Intuimos solamente que no está en aceptar verdades ni soluciones fáciles. Que hemos de mirarnos de cerca y estar atentos a nuestra tendencia a repetir fórmulas y discursos petrificados. Dudar siempre, sobre todo de nuestras propias creencias.

Quizá el camino esté en la imagen del vuelo de Perseo, o en las transformaciones de Axolotl, esa salamandra mexicana que encarna al dios que escapó a una sentencia de sacrificio impuesta. Su extraña forma, ni humana ni divina; animal misterioso, de agua y de tierra, puede ser otra imagen de indirección. Escurridizos. Negarnos a ser lo que estos tiempos nos demandan estruendosamente.

Desde Bordes, nos dedicamos a leer el mundo que habitamos a través del estudio de las creaciones de nuestros artistas y las historias locales. Buscando en lo mínimo y cercano, lo cotidiano, evitando las urgencias de discursos grandilocuentes.

Desde la frontera, por estas alegres provincias… transitamos por los bordes eludiendo los caminos centrales. Construyendo líneas borrosas. Exigiéndonos la renovación de los discursos sin por ello renunciar a la tradición ni olvidar la tierra que pisamos. Es un reto difícil. Plagado de incógnitas e incertidumbres.

  

Este artículo es parte de la propuesta de Alex Fergusson A Tres manos

*ULA Táchira

Grupo BORDES