• Caracas (Venezuela)

Fabio Rafael Fiallo

Al instante

El claroscuro barroco de Almagro y Samper

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El barroco, corriente artística dominante en el siglo XVII y parte del XVIII, se caracterizó en la esfera de la pintura –en la que descollaron Velásquez y Rembrandt– por el uso del claroscuro.

La técnica consiste en sacar a relucir el efecto de la luz a través de un juego de contraste con la oscuridad. Dicho de otro modo, los representantes de la pintura de aquella época estimaron que para hacer resaltar la luz en una obra pictórica convenía utilizar como tela de fondo la oscuridad.

Y es precisamente a un juego de claroscuro a lo que estamos asistiendo hoy en América Latina, esta vez no en el terreno de la pintura sino en el de la política, la democracia y la moral.

En efecto, es notable el contraste que existe entre, por una parte, la firmeza y el temple de un Luis Almagro, secretario general de la OEA y ex canciller de Uruguay en el gobierno del presidente José Mujica y, por otra, la mansedumbre cómplice del ex presidente de Colombia Ernesto Samper, actual secretario de Unasur, ante los desmanes cometidos por el régimen venezolano presidido por Nicolás Maduro.

He ahí un Ernesto Samper revolcándose en el fango abyecto de la connivencia con un régimen que encarcela y tortura a sus opositores, hostiga y amordaza la prensa independiente, elimina las prerrogativas constitucionales de un Poder Legislativo ganado electoralmente por la oposición y, no menos reprochable, asfixia la economía del país.

Poco le ha importado a Ernesto Samper que Leopoldo López haya sido sometido a un juicio de corte estalinista y sea mantenido arbitrariamente en prisión; como tampoco le ha importado que el fiscal encargado de instrumentar dicho juicio, Franklin Nieves, haya escapado de Venezuela y denunciado las presiones a que fue sometido por el régimen a fin de acusar injustificadamente a ese líder de la oposición; como tampoco le ha importado las condiciones lúgubres en que Leopoldo López permanece encarcelado. Nada de eso le impidió a la Secretaría de Unasur, de la que Samper es responsable, declarar que “respeta” la sentencia que condenó a Leopoldo López a 13 años y 9 meses de prisión.

Poco le ha importado a Ernesto Samper saber que los venezolanos tienen que hacer día tras día colas infinitas para tratar de conseguir cualquier artículo de primera necesidad, que la inflación en ese país es la más alta del mundo, que el nivel de pobreza está hoy por encima del que Chávez encontró al asumir el poder. Nada de eso le impidió al cabecilla de Unasur, durante una corta visita a Venezuela efectuada recientemente, tratar de aminorar la debacle económica de ese país al declarar que en el exterior se miente sobre la situación económica de Venezuela.

En esa misma ocasión, Samper tuvo el tupé de loar al régimen venezolano por cumplir con los compromisos de la deuda externa. Tremenda afirmación.

¿Acaso al titular de Unasur, quien aparentemente cursó estudios de economía, se le puede escapar que pagar el servicio de dicha deuda (intereses y amortizaciones), en vez de renegociar la misma, implica sacrificar divisas que podrían ser utilizadas para importar artículos de primera necesidad que el “socialismo del siglo XXI” ha hecho desaparecer de los hogares venezolanos?

En otra declaración pública, Samper lamenta que, ante la crisis que vive el Brasil, no existan los mecanismos institucionales para “someter el mandato presidencial a referendo”. Sin embargo, ante la crisis que vive Venezuela, no actúa de igual manera. ¿Por qué aboga por un referendo en Brasil, donde la figura del referendo revocatorio no existe, pero le da la espalda a dicho referendo en Venezuela, donde el mismo está previsto por la Constitución?

¿Por qué, además, Ernesto Samper ha sido tan diligente para abogar por que se le reconozca a la presidenta Dilma Rousseff su legítimo derecho a la defensa, mientras en el caso de Venezuela no ha ido más allá de hacer una vaga mención a la “tensión entre el Ejecutivo y la oposición”, ocultando de esa forma que lo que allí existe es un vulgar despojo, perpetrado descaradamente por el régimen de Nicolás Maduro, de las prerrogativas constitucionales de la Asamblea Nacional y de la independencia del Poder Judicial de ese país?

En total contraste con la postura de Ernesto Samper, se yergue la valiente actitud de Luis Almagro.

Asumiendo la responsabilidad y los deberes inherentes a su cargo –es decir, velar por el respeto de la Carta Democrática Interamericana adoptada por los Estados miembros de la OEA en 2001– Almagro denuncia en un informe de 132 páginas los desmanes del régimen venezolano, toma partido en favor del referendo revocatorio e insta a los Estados miembros de la OEA a activar la Carta Democrática para tratar de superar la crisis que sacude la patria de Bolívar.

Si apenas cuatro países (Bolivia, Dominica, Ecuador y Nicaragua) se prestaron para apoyar el proyecto de resolución presentado por el gobierno venezolano en la reciente reunión extraordinaria celebrada por la OEA, el aislamiento de Caracas se debe en gran parte al hecho de que las sólidas y enérgicas denuncias de Almagro han obligado a los gobiernos de la región a no seguir ignorando y dándole la espalda al martirio de los venezolanos.

Al adoptar tan valiente posición, Almagro pone en juego su cargo y la posibilidad de ser reelegido en el mismo. Samper, por el contrario, está demostrando ser capaz de transigir en cualquier cosa con tal de agradar a los regímenes que financian su función.

En las pinturas del barroco, la oscuridad sirve de tela de fondo para hacer resaltar el rayo de luz. En el caso que nos ocupa, el proceso se invierte: es el resplandor moral de Luis Almagro lo que saca a relucir, en toda su podredumbre, el carácter sombrío y deleznable de las componendas de Samper.

Cuando quede atrás el vendaval del izquierdismo populista y arbitrario, cuando el descabellado proyecto bolivariano quede sepultado en el basurero de la historia, la figura de Ernesto Samper yacerá sin pena ni gloria en la fosa común que esa historia les reserva a los cómplices de regímenes dictatoriales y locuras ideológicas. Y en ese mismo futuro, el nombre de Luis Almagro relucirá grabado con letras de oro en el mármol consagrado a quienes se atrevieron a dar un paso al frente para rescatar de la ignominia y la opresión al noble y sufrido pueblo venezolano.