• Caracas (Venezuela)

Fabio Rafael Fiallo

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Padrino López y la subasta holandesa

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En el enmarañado mundo de las subastas (de obras de arte, antigüedades, etc.), uno de los participantes comienza proponiendo un precio inicial muy bajo, a partir del cual los demás compradores potenciales van haciendo pujas sucesivas hasta que uno de ellos ofrece un precio que ningún otro está dispuesto a superar.

Existe sin embargo otro método, denominado “subasta holandesa” (por haber sido utilizado originalmente en el mercado de tulipas de Ámsterdam), en el que el subastador empieza pidiendo un precio tan elevado que nadie consentiría desembolsar. A partir de ahí, él va bajando progresivamente el monto hasta que surja en la sala alguien que esté de acuerdo en efectuar la transacción a ese precio.

A diferencia de las subastas tradicionales, en la subasta holandesa no hay pujas: el primero que acepte pagar el precio señalado por el subastador adquiere el objeto licitado.

Ese tipo de subasta plantea un dilema para cada uno de los participantes. Si deja bajar demasiado el precio, corre el riesgo de que otra persona compre el objeto subastado. Si, por el contrario, acepta comprar muy temprano a fin de impedir que alguien se le adelante, el riesgo que corre es el de pagar más de la cuenta por el objeto en cuestión.

En una situación similar a la del comprador en una subasta holandesa se encuentra hoy el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López.

Despachos de prensa dieron a conocer el papel clave que jugó Padrino López en las horas que siguieron a las elecciones parlamentarias del 6-D. Mientras ciertos miembros de la cúpula del poder bolivariano presionaban para que se orquestara un fraude masivo, Padrino López hizo hincapié en el carácter descabellado de tal iniciativa, rehusando involucrar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en esa locura.

Poderosos son quienes le habrán guardado un indeleble rencor por su actitud en esa ocasión. No obstante, en el reajuste gubernamental que operó Maduro tras la paliza electoral del 6-D, Padrino López ha conservado su función ministerial.

Dos razones pueden haber motivado esa decisión.

Primero, que, en estos tiempos aciagos para el chavismo, Maduro desee tener en su gabinete alguien como Padrino López, con el ascendente necesario para mantener la cohesión dentro de la FANB.

Segundo, que, temiendo que el aura adquirida por Padrino López el 6-D le permita jugar un papel de primer plano en el futuro, Maduro prefiera mantenerlo en el puesto, para así hacerlo corresponsable de la debacle gubernamental y quemarlo políticamente. Y, una vez desprestigiado, reemplazarlo por alguien más sumiso.

Al paso vertiginoso en que Maduro está desbaratando la economía de Venezuela, el encontronazo entre la desesperación popular y el inquilino de Miraflores es una cuestión de tiempo, no más.

Añádase que dentro del chavismo no son pocos quienes están en la búsqueda de un nuevo liderazgo capaz de rescatar a ese movimiento del desgaste y el desprestigio en que ha caído.

Y ante las convulsiones que están sacudiendo los pilares mismos del chavismo, la situación de Padrino López guarda semejanza con la del comprador que participa en una subasta holandesa.

Si se desliga prematuramente del actual régimen venezolano, Padrino López podría ser acusado de insubordinación y destituido de su cargo. En ese caso, como el comprador de dicha subasta, corre el riesgo de pagar un precio harto elevado por haber tomado posición muy temprano (basta con evocar, a guisa de ejemplo, el caso de Raúl Isaías Baduel).

Si, por el contrario, deja pasar mucho tiempo, y multiplica sus loas y manifestaciones de adhesión a un chavismo en fase terminal, Padrino López echará por la borda el prestigio ganado el 6-D y no podrá jugar un papel significativo en la Venezuela pos-madurista.

En este caso, Padrino López estaría en la situación del comprador que dejó pasar el momento de adquirir el objeto subastado.

Como los compradores en la subasta holandesa, Padrino López no tiene derecho al error. Si no actúa en el momento oportuno, habrá perdido definitivamente la ocasión de dejar una impronta encomiable en la historia de Venezuela.

No se trata, por supuesto, de vislumbrar un golpe de Estado cualquiera. De hecho, un golpe de Estado es lo que ha intentado cometer Maduro, valiéndose de un Tribunal Supremo de Justicia bajo sus órdenes para despojar a la Asamblea Nacional de funciones y prerrogativas que le otorga la Constitución.

De lo que se trata, en el caso de Padrino López, es, al contrario, de garantizar –como le corresponde hacer a la FANB– el respeto a la Constitución y a las instituciones democráticas de Venezuela frente a las artimañas golpistas de Maduro y su complaciente Tribunal Supremo de Justicia.

La situación de Padrino López es tanto más delicada cuanto que él –a semejanza una vez más del comprador en la subasta holandesa– no es el único personaje del chavismo que podría izarse por encima de pugnas fratricidas y contribuir a la resurgencia de la concordia social que tanta falta hace hoy en Venezuela. Ahí está también el ex ministro de Justicia Miguel Rodríguez Torres, cuyo peso político y arraigo en el seno de la FANB no es inferior al de Padrino López.

Lo más inquietante para el actual ministro de Defensa es que mientras él participa en polémicas estériles y adopta posturas hostiles a la oposición, Rodríguez Torres condena el uso de “epítetos descalificativos” y aboga por un diálogo entre el gobierno y la oposición.

Dicho de otro modo, mientras Padrino López se atrinchera en la agrietada ciudadela del chavismo, Rodríguez Torres propone tender puentes de entendimiento entre los diferentes grupos de la política venezolana.

Ante tales circunstancias, cabe afirmar que, en la subasta del chavismo sin Maduro, nadie puede predecir aún quién terminará siendo el mejor postor.