• Caracas (Venezuela)

Fabio Rafael Fiallo

Al instante

Obama a Maduro: jaque al rey

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Reacciones de toda índole ha suscitado la orden ejecutiva o decreto del presidente Obama que califica a Venezuela como una amenaza para la seguridad interna y la política exterior de Estados Unidos e impone sanciones contra siete funcionarios del régimen venezolano, la mayoría policías y militares, acusados de violación de derechos humanos y corrupción.

Era de esperarse que el madurismo y sus aliados regionales reaccionaran al unísono en contra de la orden ejecutiva de Obama. Dentro de las filas de la oposición y de los sectores críticos al chavismo, por el contrario, no existe unanimidad.

Unos la han aplaudido, considerando que ya era hora de adoptar sanciones contra un régimen que se sostiene a base de represión. Otros han mostrado aprensión al respecto, considerando que la iniciativa de Obama podría brindarle un pretexto a Maduro para desviar la atención de la desastrosa situación que vive el país[1] y arremeter más duramente aun contra la oposición[2] en nombre de la “guerra contra el imperio”.

Todas esas consideraciones tienden a pasar por alto un hecho capital: la decisión de Obama pone al régimen venezolano en una posición harto delicada.

Estados Unidos ha venido filtrando detalles de una supuesta connivencia del régimen chavista con el narcotráfico y del involucramiento de importantes figuras del oficialismo venezolano en actos de corrupción internacional.

Cabe destacar al respecto que la unidad antiblanqueo del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (FinCen) reveló el caso de altos funcionarios del chavismo implicados en el blanqueo de sobornos, por un total de 4,2 mil millones de dólares,[3] a través del Banco Madrid, filial española de la Banca Privat d’Andorra (BPA)[4].

Tan solo una semana después llegó el informe anual sobre el tráfico de drogas preparado por el Departamento de Estado, en el que se señalan supuestos vínculos de Venezuela con el narcotráfico y el lavado de dinero relacionado con el mismo.[5]

Y como apuntan The Wall Street Journal[6] y la revista brasileña Veja[7], salen a la luz cada vez más informaciones sobre eventuales nexos delictuosos entre Venezuela, Irán y Argentina.

La información más reciente develada por la revista Veja indica que los vuelos Venezuela-Irán habrían sido utilizados para transportar dinero sucio, drogas y criminales y terroristas buscados por la Interpol.[8]

El comedimiento, e incluso silencio, de las autoridades venezolanas ante esas revelaciones muestran el malestar que las mismas han provocado en las filas del chavismo.[9]

Por otra parte, las sanciones impuestas por el gobierno de Obama a militares y otros funcionarios del régimen venezolano involucrados en la represión han de contribuir a resquebrajar la docilidad reinante en las filas del poder chavista.

De ahora en adelante, los miembros de la policía y las fuerzas armadas al servicio del gobierno de Maduro tendrán bien claro que ejecutar órdenes criminales puede acarrearles un alto costo financiero y judicial.

En cuanto a la objeción según la cual las sanciones de Obama le brindan un pretexto a Maduro para agudizar la represión, vale recordar que el régimen de Maduro no ha necesitado pretexto para encarcelar a opositores y estudiantes o recurrir a la tortura en las “tumbas” del Sebin denunciadas por el ex presidente de Colombia Andrés Pastrana.[10]

Lo que es más, tal objeción nos llevaría a una conclusión absurda, a saber: la comunidad internacional debería permanecer callada ante las violaciones de derechos humanos en Venezuela para no darle a Maduro excusas para aumentar la represión.

Por otra parte, el decreto de Obama no le ha servido en lo más mínimo a Maduro para desviar la atención sobre los graves problemas que padece Venezuela.

Las denuncias de violaciones de los derechos humanos en Venezuela surgen por doquier a paso acelerado: del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de la Organización Internacional del Trabajo, del Parlamento Europeo, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de organizaciones no gubernamentales tales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, entre otros.

Y ahora que una figura de la estatura y prestigio internacional del ex presidente del gobierno español Felipe González decide unirse al ex abogado de Nelson Mandela para defender a dirigentes de la oposición venezolana injustamente encarcelados, les resultará difícil a gobiernos como los de Brasil, Chile, Colombia y Perú justificar su silencio cómplice ante la represión reinante en Venezuela.

Lejos de desviar la atención, el decreto de Obama ha contribuido a focalizar el interés de la comunidad internacional en los desafueros del gobierno de Nicolás Maduro.

Como señala el analista político y ex canciller mexicano Jorge G. Castañeda, “gracias al aparente exceso de Obama, el tiempo de la indiferencia se acabó”.[11]

A guisa de conclusión, valga notar que a Obama no se le pudo escapar el dividendo político que, en términos de imagen, sacará Estados Unidos de su posicionamiento en contra de la represión en Venezuela.

Cuando el chavismo-madurismo sea arrojado al basurero de la historia, y en la patria de Bolívar resuenen de nuevo los clarines de la democracia y la libertad, los venezolanos recordarán que mientras el “imperio” optó por desenmascarar y dar el frente al madurismo inepto, corrupto y represor, algunos gobiernos de América Latina y organizaciones regionales daban bochornosamente la espalda a sus sufrimientos.