• Caracas (Venezuela)

Fabio Rafael Fiallo

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Carta de un dominicano a Leonel Fernández Reyna

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Estimado doctor Leonel Fernández Reyna:

Cuando me enteré de su designación como presidente de la comisión de Unasur que irá a Venezuela con el propósito de “acompañar” la celebración de elecciones legislativas el 6 de diciembre próximo, inmediatamente pensé –sin temor a la exageración– en la acción libertaria del generalísimo Máximo Gómez.

Por supuesto, las circunstancias son harto diferentes. Los objetivos también. En un caso se trataba de participar con armas en mano en la lucha por la independencia de Cuba. En el otro, el propósito es contribuir a que las elecciones del 6-D se lleven a cabo en condiciones de transparencia aceptables para todas las partes. Pero en ambos casos habrá recaído sobre un dominicano la responsabilidad de coadyuvar a la instauración, en un país vecino, de un ordenamiento institucional conforme a los principios de independencia, democracia y libertad.

Tarea ardua y espinosa la que a usted le ha tocado asumir. El espectro de una tentativa de fraude se cierne sobre Venezuela, pues todas las encuestas de opinión reflejan la alta tasa de rechazo del oficialismo y le dan el triunfo a la oposición por un margen arrollador, al mismo tiempo que el Consejo Nacional Electoral no esconde ser un arma del régimen.

Las elecciones del 6-D han creado grandes expectativas en la gran mayoría de los venezolanos, hastiados de ver cómo el régimen de su país se burla de los principios elementales de toda democracia digna de ese nombre. En la Venezuela de hoy se reprime con descaro.

Ahí está Leopoldo López, cumpliendo una condena de casi 14 años de prisión por acusaciones absurdas, como la de haber usado el “arte de la palabra” para incitar de una forma subliminal a la rebelión.

Ahí están los alcaldes Antonio Ledezma y Daniel Ceballos, esperando bajo arresto domiciliario ser juzgados por cargos no menos absurdos que los imputados a Leopoldo López.

Ahí están los numerosos representantes de la oposición que han sido inhabilitados de participar en las elecciones del 6-D simplemente por el miedo que le tiene el régimen a la innegable popularidad de los mismos.

Ahí está, finalmente, la temible cárcel apodada “La Tumba”, donde se practica cotidianamente la tortura como otrora ocurría en “La Cuarenta” de nuestro país.

¿Acaso no le recuerda todo eso, doctor Leonel Fernández, lo que está escrito en nuestros libros de historia dominicana, y que yo viví durante mi niñez y adolescencia en el seno de una familia de desafectos, a propósito de la dictadura de Rafael Trujillo?

Por supuesto, consciente soy de que usted no ha sido designado para enderezar los entuertos del régimen venezolano. Pero no es menos cierto que del grado de pulcritud con que usted ejerza su mandato dependerá que la voluntad popular, expresada en las urnas el 6 de diciembre, logre imponerse, condición sine qua non para que la represión pueda ser combatida y superada.

Enorme es, pues, la responsabilidad que sobre sus hombros pesa.

Por sus antiguos vínculos políticos con el chavismo, y una rumorada deuda de gratitud que usted tendría hacia el fenecido Hugo Chávez, su designación –usted lo sabe– ha producido resquemor en un sector de la oposición venezolana. No pocos han afirmado o insinuado públicamente que dicha designación no es sino una maniobra más de los compinches internacionales del régimen venezolano para manipular los resultados de las elecciones venideras, como fue el caso de la bochornosa actitud de Unasur ante los resultados trucados de los comicios de abril 2013.

El pueblo venezolano –que en más de 80% desaprueba la gestión de Nicolás Maduro– confía en que por profundos que sean los nexos que puedan unirlo al fenecido presidente Hugo Chávez, usted no se sentirá comprometido a justificar y aceptar las presiones que las autoridades venezolanas traten de ejercer sobre la comisión de Unasur encabezada por usted.

Tengo la convicción de que su probada sagacidad, doctor Fernández Reyna, le permitirá evaluar cabal y lúcidamente las opciones que se le presentan el 6 de diciembre y que pueden resumirse de una manera simple: pasar a la historia como un cómplice más de un régimen que se ha convertido de facto en dictadura, y cuyo respaldo popular anda por los suelos, o como la figura política que habrá ayudado, en el linaje de Máximo Gómez, a asegurar la vigencia de la democracia en un país hermano.

Como vemos hoy en Argentina, soplan nuevos vientos en nuestra América Latina. La hora de gobiernos que desestiman o anulan la independencia de los poderes Legislativo y Judicial, monopolizan los medios de comunicación y acosan a la prensa independiente, está tocando a su fin.

Cuando Venezuela se enrumbe de nuevo por los cauces de una democracia verdadera, ¿qué imagen habría dejado la comisión que a usted le ha sido dado presidir si la misma repitiera el 6-D la vergonzosa postura de complicidad que adoptó Unasur en el momento de las elecciones presidenciales de 2013?

Ninguna personalidad con legítimas aspiraciones de seguir lidiando en la arena pública tendría interés en hipotecar su futuro político asociándose a regímenes decadentes que, con trampas o sin ellas, están inexorablemente condenados a periclitar.

No dudo que, para asegurar su pasividad, el régimen venezolano habrá de invocar, como ha hecho ya un sinnúmero de veces, el principio de no injerencia. Pero sería adulterar tan honorable principio si el mismo se esgrime para hacerse de la vista gorda ante un fraude electoral. El indómito Cayo Báez, el poeta Fabio Fiallo (mi bisabuelo) y tantos próceres dominicanos más no se batieron contra la ocupación militar yanqui de 1916 a 1924, y en pro de la autonomía política de América Latina, para que gobernantes de mala catadura se escuden hoy detrás del principio de no injerencia con el fin de mantener a raya la comunidad internacional mientras ellos tratan de perpetrar desmanes y fraudes a su antojo.

Su responsabilidad, doctor Leonel Fernández, es tanto más gigantesca cuanto que Venezuela no es un país cualquiera para nosotros los dominicanos. Aún recuerdo que, siendo yo adolescente, cuando las familias de desafectos al régimen trujillista eran perseguidas y acosadas por dicho régimen, y cuando los héroes del glorioso movimiento clandestino 14 de Junio sufrían torturas en las cárceles dominicanas, fue el presidente venezolano Rómulo Betancourt quien movilizó cielo y tierra para que las naciones de nuestro continente se decidieran, al fin, a reaccionar e imponer sanciones económicas y diplomáticas contra Rafael Trujillo.

Y es esa imperecedera deuda de gratitud la que a usted le toca hoy, con su imparcialidad, honrar.

Así, y solo así, habrá usted logrado mantener en alto, por encima de aviesas componendas, el pendón de nuestra gloriosa y sacrosanta consigna “Dios, Patria y Libertad”.