• Caracas (Venezuela)

Ezequiel Vásquez

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Elecciones en la OEA: ¿más de lo mismo?

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Después de ofrecer dos detalladas presentaciones en Washington DC a la comunidad internacional sobre su visión del futuro de la Organización, la candidatura del ex Canciller uruguayo, Luis Almagro, no ha entusiasmado a los representantes de los países-miembros, ni tampoco a los funcionarios de la Secretaría General que estuvieron presentes.

En los pasillos de 1889 F St. NW –la sede administrativa de la Organización-- se dice que la visión del futuro de la OEA impulsada por Almagro trae pocas novedades, invita a pocas transformaciones y promete más de lo mismo. La noticia es especialmente negativa para una institución que busca recuperar el prestigio y el peso político que tuvo en la región en los años 70, 80 y parte de los 90.

Durante los últimos años países como Ecuador y Venezuela han invertido grandísimas cantidades de tiempo y dinero para subvertir los principios establecidos en la Carta Democrática Interamericana. Eso tanto dentro de sus países como a través de la captación de los organismos internacionales como la OEA, o a través de la creación de nuevas organizaciones controladas por ellos como Unasur o Celac. El único organismo que hasta el momento se ha mantenido independiente de la influencia de estos países ha sido la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y sobre todo la Relatoría para la Libertad de Expresión de dicha Comisión. Ecuador, en particular, ha llevado adelante una campaña para socavar al sistema, por ejemplo a través del incumplimiento de medidas cautelares, como ocurre en el caso de Fernando Villavicencio, Clever Jiménez y Carlos Figueroa.

Ante esta situación, es preocupante la proximidad que existe entre los objetivos propuestos por Luis Almagro y los del Canciller de Ecuador, Ricardo Patiño. Ambos se reunieron a fines de enero en Ecuador, llegando a acuerdos alarmantes. Entre los temas discutidos se encontraron el futuro de la CIDH, sobre la cual coincidieron sobre la necesidad de promover un cambio en su sede; el hecho de que las medidas cautelares sean solamente utilizadas en casos en que la vida de una persona se encuentre en riesgo; y en la necesidad de un secretario general con un rol orientador respecto a los casos que se tratan en la Comisión.

Tras la reunión, Ecuador oficializó su apoyo a la candidatura de Almagro. Esto hace pensar que el uruguayo podría convertirse en la voz que Ecuador necesita para terminar de debilitar el sistema interamericano.

Agregado a esto, días atrás el periodista Andrés Oppenheimer comentó en una columna acerca de las relaciones cercanas que Luis Almagro forjó con Irán durante los cinco años que estuvo en la Embajada de Uruguay en Teherán, entre 1991 y 1996. El artículo hace referencia a dos amenazas de bomba recientes ocurridas en Uruguay, en las cercanías de la Embajada de Israel. Aun a sabiendas de la existencia de un video en el cual se veía a un diplomático iraní muy cerca del incidente, Almagro tardó más de dos semanas en convocar a una reunión al Embajador de Irán para pedir explicaciones, finalmente expulsando al diplomático en cuestión.

En un contexto en el cual Argentina se encuentra sumergida en una profunda crisis política en torno a las denuncias por encubrimiento contra la Presidente Kirchner por el caso AMIA y el posterior fallecimiento aún no esclarecido del Fiscal Nisman, la cercanía de Almagro con Irán es otra alarma a la cual hay que prestar atención.

Todas estas situaciones generan desconfianza en muchos funcionarios de la OEA, quienes temen que la llegada de Almagro pueda implicar un mandato interrumpido a su inicio, con graves consecuencias para una ya debilitada imagen de la Organización. Entre los funcionarios más antiguos de la Secretaría General, sigue presente el recuerdo de la abrupta renuncia del secretario general Miguel Ángel Rodríguez en octubre de 2004, quién tuvo que dejar el cargo tras ser acusado de actos de corrupción en Costa Rica, su país natal.

Las elecciones anteriores han registrado candidatos de última hora. Es preocupante que una organización de alcance hemisférico como la OEA sea vea rehén de una candidatura única que promete muy poco y no encanta a nadie. La OEA necesita de aire fresco que espante la modorra y el aburrimiento de sus frías oficinas en Washington, que despierte el talento de su cuerpo funcional y la impulse a recuperar su rol protagónico en el continente americano. La OEA necesita algo nuevo, no más de lo mismo.