• Caracas (Venezuela)

Eumenes Josué Fuguet Borregales

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Templanza de la heroína venezolana (II) Mujer hecha patria

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Ana María Campos. Nacida en Los Puertos de Altagracia, en todo momento participaba en beneficio de la emancipación; asistía en Maracaibo a las reuniones secretas para organizar la defensa contra el general realista Francisco Tomás Morales, quien, después de la Batalla de Carabobo, se trasladó a Puerto Cabello y luego a Maracaibo. Es famosa su frase de: “Si Morales no capitula, monda” (muere). Al ser capturada, la castigaron públicamente, paseándola por Maracaibo montada semidesnuda en un burro, llevando latigazos como escarmiento, para que retirara lo dicho; Ana María soportó estoicamente el castigo, sin doblegarse.

Luisa Cáceres de Arismendi. Abnegada caraqueña, que sintió a principios de 1814 el dolor por la muerte de su padre y hermano por órdenes del sanguinario Francisco Rosette, en Ocumare del Tuy. Ella salió con su familia en julio de 1814 en la emigración de oriente, en cuyo trayecto, cual verdadero calvario, perecieron cuatro tías; de Cumaná pasa con su madre y un hermano a Margarita, donde contrae matrimonio con el ilustre prócer Juan Bautista Arismendi; las fuerzas del general Pablo Morillo la capturan y trasladan al Castillo de Santa Rosa, donde pierde la criatura que esperaba al nacer. Cada vez que la interrogaban, contestaba: “Jamás lograréis de mí que le aconseje (a su esposo) faltar a sus deberes”. Sin disminuir su moral y temple. Pasó por las cárceles de Caracas, de La Guaira y de Cádiz, allí contestaría: “No renuncio jamás a mis deberes”. Los restos de esta digna heroína se encuentran en el Panteón Nacional. Es la primera paisana en ingresar al augusto recinto y único matrimonio, que allí se encuentra; allí también reposan los venerados restos de la famosa escritora, Teresa de la Parra, de la excelsa pianista Teresa Carreño y, simbólicamente, los de la heroína Josefa Camejo.

Micaela Longa. Joven aristocrática caraqueña, en 1816 fue detenida por las autoridades españolas, acusada de rebelde y colaboradora de los republicanos, sufrió las penurias de un año de cárcel, por el delito, de “brindar por Bolívar, una botella de licor”.

Teresa Heredia. Representante de la juventud de Ospino, mujer de gran perseverancia y lealtad, huérfana desde niña. En una ocasión, fue encarcelada, por seis meses, y sufrió torturas físicas y morales. En otra oportunidad, es denunciada por subversiva y condenada al destierro en Norteamérica.

Josefa Camejo. Paraguanera, sobrina del ilustre sacerdote monseñor Mariano Talavera y Garcés, denominado por Bolívar “el mejor orador de América”. Desde 1810, Josefa se incorpora al movimiento revolucionario, participó en 1820 y 1821 como mensajera entre Maracaibo y Coro, a las órdenes del general Rafael Urdaneta. En ocasiones se vestía de pordiosera para despistar a los realistas. Con la valerosa toma de Paraguaná, el 3 de mayo de 1821, inicia la liberación de Coro, concluida por Urdaneta el 11 de mayo de ese memorable año.

Las costureras de Guanare. La primera vez que el Ejército Libertador usó uniforme fue en la gloriosa Batalla de Carabobo, gracias a la actividad desplegada por las insomnes mujeres de Guanare, que enhebraban los hilos de la libertad, para coser 1.000 uniformes, con telas color azul, la chaqueta, y blanco el pantalón, el cual lucirían orgullosos, en la formación de parada el 23 de junio, en la sabana de Tinaquillo, Bolívar los arengó con sus proféticas palabras: ¡Mañana seréis invictos en Carabobo!

Campaña de Carabobo. Durante la concentración estratégica hacia San Carlos, previa a la batalla decisiva de Carabobo, las unidades de combate llevaban mujeres, que realizaban funciones logísticas y atención a los heridos. En San Carlos, acudieron doscientas mujeres, de diferentes estratos sociales y de todas las regiones, compenetradas en un solo objetivo, la independencia. Estas heroínas se conocen en Venezuela, se conocen como “troperas”; en Colombia, como “las Juanas” y en México como “las Adelitas”.

Las heroínas de Carabobo. En la memorable sabana de Carabobo, designada por el poeta del pueblo, Andrés Eloy Blanco “domicilio histórico del Ejército venezolano”, después de la batalla se ordenó a los tenientes Rafael Mendoza y Vicente Piedrahita, que recogieran los cadáveres para su entierro o quema. Al realizar su ingrata labor, encontraron a dos mujeres con uniforme puesto y cabello recogido; eran dos heroínas desconocidas, de las veinticinco, que pelearon en la magna batalla.

Gral. de Bgda.                                                                             Churuguarero777@gmail.com

@eumenesfuguet