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“El boca a boca me ayudó a ser reconocido”

El arquitecto "Totón" Sánchez/ Foto Leonardo Noguera

El arquitecto "Totón" Sánchez/ Foto Leonardo Noguera

La antigua sociedad que mantuvo con Ángel Sánchez le permitió adentrarse en la moda y enfocar su carrera hacia el interiorismo

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El arquitecto José Antonio Sánchez no voltea cuando lo llaman por su nombre. Prefiere que todo el mundo le diga como lo hace su familia desde antes que naciera: “Totón”. Su vida profesional comenzó cuando el país enfrentaba una crisis luego del “viernes negro”, pero poco a poco fue ganando reconocimiento y especializándose en el diseño de interiores. Hasta la actualidad, grandes cadenas hoteleras del país –como Lido, Hesperia y Tamanaco Intercontinental– han solicitado sus servicios para renovar espacios de los alojamientos. Además, sus ideas se han materializado en varios restaurantes caraqueños.

 

— ¿Cuándo descubrió la pasión por la arquitectura?

— Cuando estudiaba bachillerato y me hicieron la prueba vocacional, me apareció algo vinculado a lo social como medicina o arquitectura. Me entrevisté con estudiantes de las dos carreras y cuando vi las maquetas del futuro arquitecto me llamaron mucho la atención. Tengo que confesar que en secundaria no fui buen estudiante, pero cuando entré en la universidad me fue muy bien. Hicimos un grupo muy chévere y hoy en día mis amigos son de ahí.

 

— ¿Y cómo llegó al diseño de interiores?

— Todos nos graduamos de arquitectos y la ambición era hacer arquitectura. Cuando salí de la universidad, estaba reciente el episodio del “viernes negro”. Estuve un año trabajando gratis porque nadie me contrataba. Luego conocí a Ángel Sánchez y formamos la compañía Sánchez & Sánchez, pero la moda fue creciendo más que la arquitectura. En ese ínterin me quedé en la parte de diseño encargándome de los desfiles, las tiendas y los showrooms. Toda esa parte por detrás con la que tuve mi primer contacto con el interiorismo. Una vez que se acabó la relación laboral la gente comenzó a llamarme.

 

— Diseñó las tiendas de Titina Penzini y Margarita Zingg, ¿qué le dejó esta práctica tan ligada a la moda?

— La capacidad de entender e interpretar al cliente. Por ejemplo, Titina, que es amiga mía desde la juventud, es muy recargada, no es minimalista. Ella me decía: “Me encanta este papel tapiz que vi en Londres”, y yo sabía por donde iban los tiros. Se trata de conjugar las tendencias con los gustos del cliente.

 

— ¿Qué elementos decorativos no se deben descuidar?

El diseño de interiores hay que asumirlo como un proyecto integral. Incluye la funcionalidad del espacio, la iluminación y luego el diseño del mobiliario. La decoración se debe hacer con el cliente. Hay que estudiarlo y satisfacer sus expectativas. Si lo llaman a uno es porque la persona no está en capacidad de hacerlo. No todo el mundo sabe dibujar ni pintar, por ejemplo.

 

— Importantes cadenas hoteleras del país lo han contratado, ¿cuál cree que es el aspecto que los motiva a solicitar sus servicios?

Primero creo que han visto algo de mi trabajo y se sienten identificados con él. Luego, sobre todo cuando son hoteles de cadenas extranjeras, solicitan que se cumplan un montón de expectativas de forma muy profesional. El boca a boca y mis trabajos son los que me han ayudado a ser reconocido.

 

— ¿Cuáles elementos de su profesión lo apasionan y cuáles lo fastidian?

— Me encanta la arquitectura porque perdura en el tiempo. En cambio, el diseño de interiores es más efímero. Me reconforta ver los logros y el resultado final. Lo que más me fastidia es la parte de la construcción, porque cuando la obra está en proceso no se ven los acabados.

 

— ¿Cuál fue el proyecto que impulsó su carrera?

Son momentos más que proyectos. En la parte comercial fue O Club, que hoy en día es el Le Club en el Centro San Ignacio y se desarrolló como un club privado con restaurante. La verdad es que nos quedó tan bien hecho e impecable que considero que es un pico en mi carrera. Luego Malabar, Lola, Rosalinda…

 

— Fue vocal del Colegio Nacional de Arquitectos en 2006, ¿en qué consistió esa experiencia con el gremio?

— Quise hacer un aporte. No doy clases ni nada de eso, pero pienso que hay que dedicar tiempo a la sociedad. En ese momento me llamaron y lo acepté, sobre todo porque estamos pasando por un momento difícil en la situación política. Estuve dos períodos en el cargo, es decir, cuatro años.

 

— ¿Cuál es el edificio que más le gusta de Caracas?

— Me encanta el Atlantic, que está en Los Palos Grandes. Me gusta la arquitectura de los años cincuenta. Venezuela se me parece a este edificio porque fue una joya y ahora está deteriorada.

 

¿Cuál es su hobbie?

— No tengo. Eso es grave. Pero mi carrera me gusta tanto que estoy todo el tiempo pensando en el trabajo. Me gusta viajar para conocer la movida urbana de las ciudades e ir al gimnasio. Los fines de semana disfruto de la familia y de comer.

 

— ¿Y su mayor frustración?

— No lograr las cosas a tiempo. Se ha vuelto muy difícil últimamente porque no se consigue nada. Tengo que empezar a emparchar los proyectos por la escasez.

 

RECUADRO

Pensando rápido

  • Una revista: Wallpaper
  • Un sueño: hacer un edificio grande, que perdure
  • Un animal: los perros
  • Una flor: las calas de agua
  • Un país: Italia
  • Un color: marrón