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"Trabajar por los demás nos hace felices"

Christine de Vollmer

Christine de Vollmer

Está orgullosa de los programas sociales que la rodean. Además, confiesa su especial gusto por el baile y el anhelo de tener una Caracas limpia y segura 

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La sensibilidad social que emana Christine de Vollmer resalta sobre cualquier otra de sus cualidades. Luego de tres décadas de haber fundado Provive, una asociación para defender la vida desde el momento de la concepción, apuesta por el éxito del programa Aprendiendo a Querer, como solución a algunos de los problemas que afrontan los más necesitados en el país. Esta ejemplar mujer nació en una familia de pocos recursos, pero eso no le impidió tener una infancia feliz rodeada de alegría y amor.

—¿Cuál es la mayor satisfacción que le ha dejado trabajar en fundaciones?

—La alegría de entender cada vez más la belleza de cada persona. Lo que se defendía por principio cuando empezamos en Provive hace 30 años ha tornado hacia una convicción que nos llena de entusiasmo. Creo que hablo por todo nuestro equipo. Cada persona, no importa su condición o lo que ha hecho en su vida, es un tesoro, a veces escondido. En Provive, gracias a nuestro fabuloso equipo, hemos aprendido a apreciar eso.

—¿Cuál experiencia la ha hecho apreciar más la existencia?

—Hemos tenido la oportunidad de conocer personas que han mostrado una generosidad y una lealtad que tal vez nadie hubiera sospechado. Como el malandro que protegió nuestro módulo en Gramoven durante el Caracazo. Se llamaba Isaías y no dejó que saquearan porque sabía que ahí se ayudaba a las muchachas y mujeres de su barrio. Luego lo mataron por otro problema y nos dio una tristeza muy grande.

—¿Y qué opinión le merece la inseguridad en el país?

Esta tragedia que acaba con tantas vidas jóvenes es sólo el síntoma de una cultura que ha perdido la cohesión que debe sostener una sociedad, que se funda en la solidaridad. Es por eso que estamos ahora dedicados a Aprendiendo a Querer, que es una forma efectiva de volver a enseñar cómo vivir los valores de la convivencia social.

—¿Tiene alguna meta por cumplir con Provive?

—Ver el programa Aprendiendo a Querer en cada escuela de Venezuela. Cuando evaluamos el efecto que tiene, sobre todo en barrios, nos llena de esperanza. Bajan las tasas de violencia, de deserción y de embarazos, y vemos a los alumnos con mayor ambición de progreso. La meta es llegar a todos los planteles.

Calidad humana

La llegada de Leopoldo, el último de sus hijos, con una grave enfermedad cerebral cambió la forma de vivir de Vollmer. Sin embargo, esa experiencia le permitió nutrirse de algunos conocimientos que aplica en los proyectos de Provive. En el mundo de las artes, siente pasión por la música y la pintura, y le encanta bailar.

—¿Qué influencia tuvieron sus padres en su vida?

—La delicadeza y atención que prestaron en cada aspecto de nuestra formación siempre destacó. Éramos siete hermanos y sin muchos medios económicos, así es que no había lujos, pero fuimos muy felices por el ambiente de alegría y amor que había en la casa. Mi padre me dio una visión antropológica de las personas y de la historia, con un respeto grande por las leyes de la naturaleza y de la creación. Mientras que mi madre me transmitió un conocimiento religioso. Eran muy diferentes y complementarios en su manera de ver las cosas.

—¿Qué eventos personales han marcado un antes y un después?

—El nacimiento de mi séptimo hijo, Leopoldo, con un profundo daño cerebral luego de seis niños excepcionalmente sanos e inteligentes. Fue un golpe existencial fuerte y que me obligó a abrir muchísimo la mente hacia los demás. El tratamiento de estimulación que seguimos con él me permitió conocer el nuevo mundo de la neurología. Eso ha sido importante para la estructuración de Aprendiendo a Querer, pues hemos podido presentar a los alumnos a través del cuento de Carlos y Alicia situaciones que son acordes con sus edades y el progresivo desarrollo de su inteligencia.

—¿Cuál de sus hijos se parece más a usted?

—Físicamente tal vez se parecen todos a su papá, pero en personalidad son muy variados. Dicen ahora que Alberto es el que se parece a mí en sus inquietudes: esa ambición de ver a todos con una vida exitosa y feliz, y de creer firmemente en Venezuela y en su gente.

—¿Cómo es su faceta de abuela?

—Mis nietos me encantan por ser esa mezcla tan fascinante de mis hijos y de mis hijos políticos que tanto quiero. Es divertidísimo observar sus pequeñas personalidades tomando forma año tras año. Me gusta leerles o contarles cuentos y conversar con ellos acerca de cosas históricas. También apreciamos la naturaleza por tener tantas cosas bonitas.

—¿Qué recuerdo especial tiene de su matrimonio?

—Alberto, aparte de ser un hombre muy atractivo y simpático, tiene, gracias a mis suegros, una amplitud de comprensión de la vida que me ha enseñado mucho. Toda la familia Vollmer, en la cual tuve la suerte de caer, tiene una especial actitud de generosidad en la vida y que nos impulsa a trabajar por los demás. Es lo que nos hace felices.

—¿Qué experiencia inolvidable ha tenido como parte de la familia Ron Santa Teresa?

—No hay duda de que ha sido el nacimiento y desarrollo del Proyecto Alcatraz. Eso fue algo increíble que surgió de la forma muy particular de ver las cosas y la gente de nuestro hijo Alberto, y nos ha dado a todos una dimensión más profunda de ese amor por la vida y las personas, al ver cómo jóvenes atrapados en la confusión y la violencia de un barrio pueden mostrarse como personas de igual dignidad que cualquier otra.

—Si pudieran concederle tres deseos, ¿cuáles serían?

—Ver a todos mis nietos grandes y casados, tener una Caracas limpia y segura y volver a vivir 50 bellos años de casada con Alberto.

 Respuestas veloces

  • Una canción: Ojalá que llueva café
  • Un olor: Malabar
  • Un libro: El hombre en busca del sentido, de Viktor Frankl
  • Un poeta: John Keats
  • Una ciudad: Roma
  • Un diseñador: Carolina Herrera
  • Un personaje histórico: Carlomagno