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Ángel Sánchez: "Mi mamá fue mi primera inspiración"

El diseñador venezolano Ángel Sánchez / Williams Marrero

El diseñador venezolano Ángel Sánchez / Williams Marrero

El diseñador confiesa que el establecimiento de su marca en Nueva York fue difícil, pero debía tomar ese riesgo para consolidar su nombre

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El año pasado Ángel Sánchez cumplió 25 años diseñando trajes para las amantes del buen gusto. Su carrera como arquitecto ha sido una base fundamental para evolucionar en las pasarelas, y su madre –quien confeccionó las primeras colecciones que él ideó– no ha dejado de ser su fuente de inspiración. Recientemente, tuvo la oportunidad de ser parte del jurado del reality show Project Runway Latin America, en el que pudo compartir sus conocimientos en materia de moda.

—¿Qué recuerdo especial tiene de su época de estudiante de Arquitectura?

—Fui muy afortunado de estudiar en una de las universidades más prestigiosas y bellas de toda Latinoamérica: la Simón Bolívar. Viví seis años llenos de nuevas experiencias que nos cambiaría por nada del mundo. A pesar de la presión académica, disfruté muchísimo la oportunidad de aprender en medio de sus jardines perfectos y sabiendo que recibía una educación de primera. Recuerdo los trasnochos pegado a mi mesa de dibujo 100% dedicado a mis proyectos, porque sabía que era un privilegiado. Pero también tuve tiempo para hacer muchos amigos, disfrutar rumbitas sanas y descubrir la inmensa Caracas y todo lo que ofrecía: su arte y sus espectáculos que marcaron para siempre mi manera de ver la vida. Después de 28 años de graduado todavía digo con mucho orgullo que soy de la Simón Bolívar.

—¿Qué influencia tuvo su carrera en la decisión de dedicarse al diseño de modas?

—La arquitectura es muy amplia. Te enseña a educar el ojo para lograr las proporciones correctas, a definir con claridad el concepto de una idea abstracta e, incluso, a crear en la mente una visión tridimensional de cualquiera que sea la expresión artística que uno se plantee. Para mí, fue clave graduarme de arquitecto antes de empezar a diseñar trajes porque la base académica que da esa carrera obliga a abordar el proceso de diseño de una colección de modas con una posición más intelectual y no sólo por el hecho de hacer “trajes bonitos”. Definitivamente, pienso que ser arquitecto me ha ayudado a ser mejor diseñador de modas.

—¿Qué personajes famosos le sirven de fuente de inspiración para sus diseños?

—Hace 25 años me inspiraban Grace de Mónaco y Audrey Hepburn. Me parecían el colmo de la elegancia y el refinamiento. Pero ahora me llama mucho la atención el estilo de Cate Blanchett y la delicadeza de Keira Knightley.

—¿Qué momento considera que lo impulsó a convertirse en un diseñador reconocido?

—Mi carrera tiene que ver mucho con la perseverancia y el empeño con el que he abordado mis distintas etapas profesionales, pero creo que también está relacionada con los riesgos que he tomado para seguir creciendo. Eso la gente lo reconoce. Pero si debo definir un momento en particular, pienso que fueron los trajes de novia de Eva Longoria y Sandra Bullock los que más ayudaron a que la gente reconozca mi nombre internacionalmente.

—¿Qué papel jugó el oficio de su madre como modista en su desarrollo profesional?

—Mi mamá fue mi primera inspiración y sigue siendo la gran mentora de mi carrera. Ella confeccionó mis primeras colecciones y durante esos primeros años me enseñó con paciencia los distintos trucos y técnicas de este mundo. Siempre fue crítica con el tema de la calidad. Recuerdo que me decía que ninguna idea, por mas única que fuese, sería bien apreciada si no está bien confeccionada. Nunca cuestionó mis diseños, pero me guió en cómo ejecutarlos de la mejor manera. Me inculcó la palabra “impecable”.

—¿Cómo fue la llegada a Nueva York para establecer su marca?

—Fue muy difícil porque no hablaba inglés y tenía que aprender las nuevas reglas del juego en una industria tan competitiva como la moda en Nueva York. Recuerdo que los primeros años fueron durísimos y cada vez que pisaba la Gran Manzana la espalda se me tensaba de los nervios. Aprendí a ser humilde porque me di cuenta de que la fama que tenía en Venezuela no me servía de nada en Estados Unidos. Fue como empezar de nuevo, pero midiéndome con muchísimos talentos –algunos mejores que yo– que trataban de hacer lo mismo. Eso definitivamente ayuda a crecer o a tirar la toalla. Canalicé bien esa presión, aguanté los primeros años y no me regresé, quizás por orgullo o por no defraudar a nadie, pero menos mal. Ahora puedo decir que soy el diseñador que soy porque tomé el riesgo y no me conformé con lo que había logrado en mi país.

—¿Qué diseñadores latinoamericanos son referencia para sus trabajos?

—Carolina Herrera y Oscar de la Renta. Admiro la manera cómo se han mantenido vigentes creativamente por tantos años y, sin que suene ingenuo, me gustaría algún día tener la relevancia de la que ellos gozan en la moda internacional. También me encanta el trabajo y la perseverancia de Narciso Rodríguez, la personalidad de Isabel Toledo y el talento del brasileño Francisco Costa para Calvin Klein.

—¿Alguna vez se ha planteado regresar a Venezuela y tener el país como sede?

—Por varios años intenté mantener mi taller y mi estudio creativo en Venezuela mientras que en Nueva York sólo tenía el showroom de ventas, pero resultó difícil. Hay muchas limitaciones logísticas y operativas. Fue una etapa un poco frustrante en la que tuve que hacerle frente a muchos obstáculos para producir en mi país, aunque eso a la vez me ayudó a entender que para competir en Estados Unidos hay que tener todo ahí y siempre estar disponible para dar la cara. Por todo eso decidí cerrar operaciones en Venezuela en 2002. No creo que regrese y pueda manejar mi negocio desde allá, pero por supuesto que sueño con tener de nuevo una tienda en Caracas y espero lograrlo pronto.

—¿Cómo ha sido la experiencia de ser jurado del reality show Project Runway Latin America?

—Muy enriquecedora desde todo punto de vista. Me ha ayudado a reconectarme con mis raíces: como creativo y, especialmente, como latinoamericano. Me di cuenta de que hay una fuerza creativa increíble en nuestros países; he podido ver que el talento joven en el continente está listo para ser descubierto y me siento muy bien de que de alguna manera estoy aportando mi experiencia a esos muchachos. Conocer sus trabajos, la dedicación que le ponen a sus ideas y la dura competencia por ganar un nombre en la industria me recuerda mis comienzos y lo que cada uno de nosotros debe afrontar para cumplir sus sueños. Estoy feliz de que estamos listos para la tercera temporada y que de nuevo fui solicitado para continuar como jurado en esa gran plataforma para la moda emergente latinoamericana.

—¿Qué sabor le han dejado sus 25 años de carrera?

—Conmemorar esta fecha me sirvió como un ejercicio de retrospección. Ver hacia el pasado es revelador y me di cuenta de las oportunidades maravillosas que he tenido. Puedo decir que me sentí tan reconciliado con la vida desde el punto de vista profesional como del humano. Noté cuán largo y rico ha sido este cuarto de siglo y recordé a todas las personas que me han apoyado, los errores cometí, los aciertos que tuve y los riesgos que tomé. Curiosamente, al mismo tiempo el aniversario me ayudó a enfocarme en el futuro y a saber que tengo muchas cosas que siempre he querido hacer y que es el momento de lograrlas. Después de mi celebración en Caracas, regresé a Nueva York muy contento por confirmar que Venezuela ha sido mi gran apoyo y que eso no ha cambiado. Todo lo contrario: se ha fortalecido.

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Para conocer los trabajos y colecciones más recientes del diseñador Ángel Sánchez puede ingresar a su página web: www.angelsanchezusa.com