• Caracas (Venezuela)

Esteban Oria

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Esteban Oria

Como derrotar al gobierno… electoralmente

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Después de revisar el histórico de la polarización del país y luego de meditadas reflexiones del comportamiento de los actores políticos he llegado a la conclusión que en un escenario donde tanto el gobierno como la oposición pese a manejar diferentes tesis sobre la visión país a la final terminan pareciéndose en lo más elemental, el modo secreto de administrar la gestión pública, esa falta de diferenciación ha sido fatal en especial para la más débil, la oposición que busca desde hace 15 años un cambio de timón con ellos al frente.

Derrotar electoralmente a un gobierno con tendencia hegemónica, hiperdimensionado y grotesco no es tarea fácil, para empezar hay que tener presente que mantienen una clientela gigantesca a través de sus Misiones Sociales, ya el Ministro Rodriguez hablo de más de 1.300.000 ayudas a repartir desde Miraflores, agreguen a eso más de 3 millones de funcionarios públicos en una Venezuela donde 80% de la población forma parte de los segmentos D y E, me explico que ganan menos de 25.000 bolívares al mes  y que en particular el segmento E es monstruosamente gigantesco integrado por aquellos que ganan menos de 10.000 y que conforman más de 50% del total de la población venezolana, allí  en ese escenario, es cuando desde la tribuna de la oposición la victoria no luce nada fácil.

No es fácil porque el populismo tiene su encanto en poblaciones de bajos recursos. Regalar lo que no es suyo parece tener muchos afectos y son pocas las consideraciones sobre la aplicación de valores, bajo estas condiciones para la oposición cuyo liderazgo es mayoritario del segmento A y B competir en el ámbito del populismo no es viable, tiene en principio una orientación ideológica distinta, además francamente tiene mucho menos que regalar y todos saben quién tiene la chequera.

Sinceramente es lamentable que este mal de la pobreza sea tan determinante para la elección popular, muchos venezolanos por no decir la mayoría de la población dada su peculiar situación económica son susceptibles de la protección gubernamental y allí en ese terreno es que se maneja la visión país del gobierno.

Cuando dirigentes de la oposición critican que el gobierno sea una fábrica de pobres no están diciendo nada, y en lo personal no es necesario siquiera decirlo porque para muchos suena ofensivo, además es una realidad geográfica que ya adquiere dimensión continental y que tiene que ver con la distribución desigual de la riqueza lo cuales es el producto de la idiotez humana de nosotros los latinoamericanos.

Lo que llama la atención de todo esto es que este fenómeno de la izquierda en Venezuela no debe extrañar a nadie, que el poder lo tenga Maduro siendo lo que es, un representante del segmento E de la población tiene su lógica. En síntesis lo que demuestra es que el sistema de Conciliación de Elites está roto, me explico, y me disculpo si ofendo la inteligencia educada en algunos sectores pero muy a sus pesares, ese 80% de segmentación le ha reclamado al país su propio peso y espacio político.

Naturalmente que la oposición se ha dado cuenta y esa es la razón de que este Chuo Torrealba al frente de la MUD, en su forma popular de habla, y su tez lo distinguen entre muchos, pero que hay del resto. Si la oposición quiere competir en ese terreno de la segmentación de clase habría que llenar todos los partidos con Chuos Torrealbas. No imagino a Julio Borges de Primero Justicia dejando la secretaria general para dar paso a un representante del segmento E en su lugar, así ninguno de los otros secretarios generales.

Entiendo entonces que nadie esta dispuesto de llevar este modelo hasta los tuétanos para competirles al gobierno, seria en todo caso un acto de automultilación de derechos políticos y claro que traería a colación un debate sobre factores y condiciones del liderazgo.

Ahora la pregunta es ¿cómo compites en una lógica de segmentación de clases preservando la tesis de liderazgo natural?,  la única forma de que la maquinaria populista no te arrolle es logrando un nivel extremo de diferenciación que llegue a la médula de la inteligencia colectiva y active los motores psicosociales que incluso en estado de total pobreza seamos capaces de reconocer como valores supremos.

Efectivamente que de esa tesis solo podemos esperar en principio liderazgos mesiánicos o carismáticos, surgidos de crisis políticas bajo entornos económicos inestables. En mi experiencia América Latina ha conocido algunos casos excepcionales y llama la atención el de Lucio Gutiérrez en Ecuador, a lo sumo duro poco tiempo en el poder luego de llegar con una propuesta populista y después cambiar el formato a un gobierno cuya política económica se vínculo con la banca del FMI y su cartilla de endeudamiento con austeridad del gasto público. A la final el mismo pueblo ecuatoriano se decanto por la formula populista de Rafael Correa quien ha si sido consecuente con el credo populista y además se parece más a la mayoría.

A lo largo del continente la izquierda encontró mayor comodidad en ese discurso populista que cohabita con el modelo de gobierno constitucional. Con Chávez esa izquierda conoció el pragmatismo al gobernar y entendió que es mejor guardar la retórica de lucha de clase para sus adentros. A la final y en el fondo tienen el poder, la forma puede esperar.

Después de lo antes leído es poco lo que hay que decir sobre el futuro de un liderazgo ajeno a la segmentación de clase dominante (D y E), y a mi parecer esa es la suerte que esta corriendo la oposición venezolana cercada por la naturaleza de su propio liderazgo, que cuando mucho suma la segmentación C, o sea el 16% de la población; lo que parece mucho 6 millones de habitantes se enmudece con el resto a lo sumo 22 millones de habitantes.

¿Porqué ser tan pesimista y creer que un país dominado por mayoría de segmentación D o E no cambiaría? Ese es el tema de debate de todos los días en los rincones de la academia y se nos han ido 15 años, yo solo agregaría a todas las fórmulas conocidas y debatidas la construcción de una Nueva Oposición que parta de cero, caras nuevas, gente nueva, mayor horizontalidad y un programa de gobierno fácil de entender y capaz de diferenciarse con el gobierno chavista, para esos efectos escogería como modelo de gobierno el gobierno abierto.

La premisa del Gobierno Abierto es devolver la forma de servicio público para servir y no para ser servido y romper con la forma secreta de administrar la gestión pública. Allí esta lo medular de este tipo de  diferenciación, obliga a los gobernantes a sacrificar sus viejos estilos de administración.

Como ejemplo sencillo de Gobierno Abierto pudiera ser un Acalde atendiendo públicamente, sin secretos, en una oficina abierta por cristales, que el presupuesto este publicado incluyendo los detalles de egresos e ingresos, las partidas, los sueldos, las empresas contratistas, las obras contratadas, la valoración popular de esas obras, la forma como fueron contratada (licitación o adjudicación directa), que comparta con su personal y mantenga una administración no jerarquiza sino horizontal entre su personal, que la distribución de obras sea geográficamente porcentual, equitativa y pública y que no se reelija estos son quizás pocos ejemplos para la infinidad de casos posible que convertirían al liderazgo natural en un modelo competitivo contra la visión de segmentación de clase y por lo tato contra la hegemonía de poder producto de las castas.