• Caracas (Venezuela)

Esteban Oria

Al instante

Resultados electorales pueden impulsar cambio

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

A la espera de la convocatoria a elecciones parlamentarias por el CNE el panorama electoral para el Gobierno sigue siendo decepcionante y poco optimista.  La política de implementar circuitos de mercado con  precios referenciales no ha tenido éxito ni ha sido una contención sobre la avalancha de nuevos precios que a su vez siguen aumentando a un promedia casi interdiario.

Desde bienes de consumo personales  tales como  champú, cremas de cuidado diario, pasando por servicios de peluquerías, efectos personales mencionamos tampones, afeitadoras, equipos de hogar están casi rozando precios inalcanzables con valores inauditos, en fin toda una economía desbalanceada que ha demostrado la incapacidad en materia económica de la actual gestión presidencial, algo que la población en términos generales está midiendo y lamentablemente para el gobierno es un endoso que muy probablemente será facturado en las parlamentarias a favor de la oposición.

A veces leyendo a los foristas entiendo sus frustraciones y animosidades, que nos vinculen con una u otra tendencia no es problema, en lo personal como analista me debo al estudio objetivo de las realidades,  pregunto a chavistas, opositores, ni-ni, abstencionistas y otros, lo cierto es que parece haber concordancia en la percepción negativa sobre la marcha del país, y que en los últimos 2 años se aceleró la disfuncionalidad de la gestión pública central, y dada cuenta que este gobierno heredó el centralismo de Chávez, lo convierte básicamente en el principal foco de atención sobre resultados y balances.

Esta creencia o mito popular de que un hombre o mujer invencible y todopoderoso puede solucionar los problemas de otros ha sido desechada con esta presidencia, y para bien del país ya que nadie con sentido de identidad y voluntad puede esperar que otro le atienda sus asuntos.  

Que el gobierno venga y les resuelva sus problemas, bajo las actuales circunstancias económicas  que vivimos, así quiera no puede. Con pesar por aquellos que se acostumbraron a la vida fácil les decimos que ya es tiempo de trabajar; de pararse y mirar hacia adelante. Lo cierto es que el gobierno solo debería dedicarse a puntos convergentes  de la agenda de estado como salud, educación, seguridad, finanzas y dejar el resto a la sociedad. No puede ser un empleador masivo, ni empresario, tampoco un protectorado político, sino un servidor público que entiende la separación entre electos a cargos públicos y funcionarios de carreras.

Se pretende un Estado Moderno, transparente, sensible a los problemas de los ciudadanos, eso es imposible en el modelo presidencialista, ya que su naturaleza es la concentración del poder y la centralización de las funciones, erosiona la conexión directa con los electores y a cambio crea y articula la gestión de estructuras mediáticas para el control social y la propaganda.

El Centralismo por si es un error frecuente en los regímenes latinoamericanos presidencialistas. En Venezuela el presidencialismo ha tenido mínimos y máximos en su tendencia hacia el centralismo pese a que la constitución bolivariana se dice Federal, pero en procura de ejercer el mayor control posible sobre el Estado, desde la llegada de Chávez y con la mayoría parlamentaria a su disposición, el ejecutivo no sólo ha subordinado otros poderes del Estado sino que a restado sistemáticamente competencias a las gobernaciones y alcaldías, debilitándolas frente a sus ciudadanos, haciéndolas más dependientes del presupuesto central y generando una desautonomización. Todo este proceso de desinstitucionalización y rotura del blindaje democrático se hace fácticamente bajo el pretexto político.

Nunca antes esta forma de Presidencialismo había obrado a tal plenitud de facultades desconociendo la división de poderes derrotando toda forma de defensa constitucional y perpetuando a los gobernantes indefinidamente en el poder. Esta desviación del Estado  ha generado altos grados de infuncionalidad estructural, lo que vemos hoy es una superburocracia hipertrofiada altamente comprometida, seudodogmatizada muy relantizada y claramente abstraída de la cultura de responsabilidad profesional.

Obviamente que el Presidencialismo es una opción razonable como modelo político, pero al parecer para los venezolanos ha sido un canal ideal para la llegada de líderes populistas y fundamentalmente su consecuencia en la destrucción de la institucionalidad democrática.

En Venezuela tanto el gobierno como la oposición comparten la cultura política de la dirección central, hay poco espacio para la desconcentración de poderes y estructuras descentralizadas. Francamente dada cuenta que tenemos los peores resultados de este modelo político presidencialista quizás podamos comprender como venezolanos que ha llegado el tiempo de preguntarnos si corresponde a las nuevas generaciones transformar el estado para conseguir una forma de gobierno más acorde a las realidades.

Bajo este argumento no luce descabellado una propuesta de cambio fundacional de modelo político, iniciando este llamado al cambio verdadero como una forma de frenar el abuso del poder central y una manera de hacer valer el poder de los ciudadanos frente al Estado. Esta Asamblea Nacional unicameral ya tiene la estructura política para dar cobijo al modelo parlamentario, en nuestra tesis la escogencia del poder ejecutivo estaría en manos de una mayoría parlamentaria, representada por parlamentarios elegidos en una combinación del sistema uninominal y bajo representación proporcional de la mayorías con listas abiertas para asegurar la presencia de los pequeños partidos y que la gente sepa por quien esta votando.

El modelo parlamentario permearía el resto de las instituciones del Estado incluyendo Gobernaciones y Alcaldías. El Parlamentarismo traería la autonomía de vuelta a las regiones, haciendo que las Gobernaciones y Alcaldías tengan mayor sentido funcional y dejando en manos de los ciudadanos de esas entidades las decisiones fundamentales que rijan sus propios destinos.

Ciertamente que sobre el aspecto de la reelección indefinida hay una excepción particular que sobre el modelo parlamentario venezolano debería aplicarse, entiéndase  la No Reelección del Primer Ministro para asegurar la prevalencia de la institucionalidad sobre el personalismo.

Finalmente estamos empezando a contar las posibilidades que se ciernen sobre la proyectada nueva Asamblea Nacional que si resulta bajo mayoría opositora podría impulsar dicho cambio de modelos.

La posibilidades de una reforma con miras a la transformación del Estado hacia el parlamentarismo podría tener la resistencia de los grandes partidos pero es probable que individualidades y partidos como VP acompañen esta iniciativa dada su inclinación hacia la federalización, lo cierto es que está constituyéndose un frente en favor de la transformación del Estado hacia la modernidad. Será una dura lucha por transformar el país y muy probablemente será liderada por grupos sociales independientes que surgirán como fenómeno del cambio que está empezando a producirse en Venezuela con la vuelta de la democracia formal.