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Un proyecto de tesis con final feliz

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El diseño salva. Habrá quien piense que esta frase es exagerada, pero tendría que recordar que todos esos adminículos que nos ayudan a cumplir con nuestras tareas, a tener mayor seguridad en nuestras actividades cotidianas y a prevenir accidentes fueron concebidos por la cabeza y los lápices de un diseñador.

La diseñadora industrial Amanda Savitzky entendió el significado de la frase de una manera muy particular. Para ella es una cuestión de salvar a uno a la vez, y comenzó por su hermano, Steven, un joven de 20 años de edad que a los 18 meses fue diagnosticado con ASD (Autism Spectrum Disorder), una de las diversas manifestaciones del autismo. Para él, la vida cotidiana depende mucho de la ayuda que reciba de otros. Y la cocina es un área particularmente estresante. Aunque Steven ama las panquecas, nunca había podido ser capaz de preparárselas por sí mismo. Al menos no hasta que su hermana decidió tomar cartas en el asunto.

En 2012, Amanda presentó su proyecto de tesis en diseño industrial en la Universidad Syracuse y este año ganó, con ese mismo proyecto, el premio mayor (10.000 dólares) en la más reciente edición del concurso Metropolis Next Generation (cuya convocatoria reseñamos en esta columna). El proyecto: el Match Cooking Prep System for People with Autism Spectrum Disorder (o sistema de preparación de comidas para personas con ASD).

Se trata de un conjunto de piezas ergonómicas y fáciles de sujetar, que permite a las personas con ASD medir y mezclar ingredientes en la cocina. El sistema incluye una codificación especial que hace posible identificar rápidamente lo que se quiere medir (un pentágono rojo es igual a una taza, un cuadrado amarillo es media taza y así). Cada pieza encaja en una tabla de madera, como un juguete educativo para niños y se incluye un sistema similar para los recipientes de mezclado. Pero además, incluye una aplicación para iPad que “traduce” recetas comunes en esta particular nomenclatura, lo que le permite adaptar rápidamente la preparación a los elementos de los que dispone y cocinar bajo un entorno familiar y con instrucciones que puede seguir fácilmente.

El final de la historia es feliz. Steven pudo al fin preparar sus propias panquecas, entre otras recetas que ha ido aprendiendo. Y Amanda planea destinar su premio a desarrollar un prototipo y llevar este producto al mercado. El diseño salva.