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El orgullo nacional llega a lo más alto

Rascacielos Shanghai

Rascacielos Shanghai

China y los países de Medio Oriente desplazan a Occidente con las construcciones de mayor altura

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A primera vista, los datos que entregaba el analista estadounidense Fareed Zakaria en la versión actualizada de su libro The Post-American World parecían simplemente anecdóticos. Sin embargo, reflejaban claramente un cambio a escala mundial.

Es que hoy la tendencia se mantiene cada vez con más fuerza, porque los rascacielos más altos del mundo hace tiempo que no se encuentran en Estados Unidos o algún país europeo.

Es cierto, en 2012 se inauguró el Shard en Londres y el próximo año debería estar terminado el One World Trade Center en Nueva York. Pero hoy las torres más imponentes y modernas ―símbolo de la prosperidad económica y el orgullo nacional― hay que buscarlas en China y los países del Golfo Pérsico.

Grandeza china

A comienzos de agosto se instaló la última viga de la Torre de Shanghai, que con 121 pisos y 632 metros de altura hoy es el rascacielos más alto de China y el segundo a nivel mundial, superado sólo por el Burj Jalifa, en Dubai, de 828 metros. La inauguración está programada para 2014. Y se sumará a la Torre Jin Mao y al Shanghai World Finance Center, todos ubicados en el distrito financiero de Pudong.

“Esto se trata de prestigio nacional; el simbolismo es importante en China”, dice Andrew Scobell, analista especializado en temas del noreste de Asia, de la Rand Corporation. “El símbolo más perdurable de la pasada grandeza de este país es la Gran Muralla. Y tal vez uno de los símbolos más prominentes de la actual situación mundial de China ―por lo menos entre sus propios líderes―sean la altura y grandiosidad de sus rascacielos”.

Es la segunda economía más importante del mundo, después de Estados Unidos. Con sus casi 1.400 millones de habitantes, es además el país más poblado. Y también es potencia nuclear y espacial. Por lo tanto, tiene lógica que todo ese poder y prosperidad se vean reflejados en la competencia por tener el mayor rascacielos del planeta.

El valor de la mano de obra y el terreno, una alta concentración de capital, leyes favorables a este tipo de proyectos y tecnología de punta son los elementos que se combinan para construir estos gigantes.

“Esto busca impresionar a la gente y demostrar que “el socialismo con características chinas” es una forma dinámica de capitalismo”, asegura James Dorn, analista especializado en China del Cato Institute, de Washington. “Además, con su altísima densidad poblacional, tiene sentido que China construya hacia arriba, tal como lo ha hecho Hong Kong”.

Vida en el desierto

Pero China no está sola en esta carrera. Desde que en 1999 se inauguró el hotel Burj al Arab en Dubai ―famoso por su perfil semejante a la vela de un barco―, quedó claro que este emirato del golfo Pérsico estaba dispuesto a entrar en la carrera por el prestigio de tener el edificio más alto.

Lo logró en 2010 con el Burj Jalifa, una muestra de que su poder económico no sólo financió la construcción del actual edificio más alto del mundo, sino también el desarrollo de nuevas tecnologías. Por ejemplo, ventanales capaces de resistir las altas temperaturas y las tormentas de arena, así como zonas seguras herméticas ―en ciertos pisos del edificio― donde refugiarse en caso de incendio.

Sin embargo, el prestigio obtenido por Dubai ya tiene fecha de vencimiento. Porque en 2018 Arabia Saudita pretende inaugurar la Kingdom Tower, de 1.001 metros, proyecto que ya está en desarrollo.

“El príncipe Al Waleed bin Talal ha dicho que el proyecto tiene la intención de proyectar fuerza en tiempos económicos difíciles. Destaca la intención de Arabia Saudita de enviar un mensaje a sus vecinos y al mundo”, explica Charlotte Florence, analista en temas de Medio Oriente en la Heritage Foundation.

Kuwait se suma a esta carrera con el proyecto de Madinat al Hareer, una ciudad de 250 kilómetros cuadrados cuya construcción tendrá un costo de 94 mil millones de dólares y que debe estar terminada en 2026. Su edificio más alto será el Burj Mubarak al Kabir, de 1.001 metros, igual a la Kingdom Tower.

Para Florence, todos estos rascacielos definitivamente apuntan a una carrera no declarada entre los estados del Golfo Pérsico en términos de proyectos de infraestructura.

Grandes oportunidades

Aunque Estados Unidos y los países europeos ya no compiten por tener las torres más altas, el boom que se vive en China y el golfo Pérsico igual los ha beneficiado indirectamente, ya que la mayoría de los proyectos están siendo diseñados por prestigiosas oficinas de arquitectos occidentales.

Por ejemplo, BesixGroup, de nacionalidad belga, estuvo a cargo de la construcción del imponente Burj Jalifa. Y Gensler, el afamado estudio de arquitectura con sede en San Francisco, diseñó la Torre de Shanghai.

La firma de arquitectura e ingeniería HOK (Hellmuth, Obata & Kassabaum), la más grande de Estados Unidos, fue la que se adjudicó el proyecto de Kingdom City en Arabia Saudita.