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Y la montaña vino al edificio

Cojunto residencial

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Un millonario chino construyó una colina en el último piso de un rascacielos en Pekín

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Es una imagen onírica. Parece extraída de una película de animación. Una colina de rocas y árboles envolvía el penthouse que corona una torre de apartamentos de 26 pisos como si el edificio hubiera surgido del suelo arrastrando en su vuelo un trozo del parque vecino. Pero es Pekín. El sueño de grandeza de un hombre amante de los jardines tradicionales chinos en medio del frecuente cielo gris, la contaminación y el cemento de la capital. Un sueño, por supuesto, ilegal.

Quizás sólo podía ocurrir en China, donde el rápido proceso de urbanización, la falta de controles gubernamentales y el poder de influencia de los ricos se alían en ocasiones para deparar sorpresas surrealistas.

Zhang Biqing, un hombre que se dice doctor de medicina tradicional china, propietario de una cadena nacional de clínicas de acupuntura y antiguo miembro de un órgano político consultivo de distrito, construyó durante los últimos seis años una estructura de rocas falsas con árboles e hierba reales en torno a su ático. La “colina” cubría la totalidad de la terraza del rascacielos.

El jardín secreto, en realidad a la vista de todo el mundo, haría palidecer de envidia a los diseñadores de los Jardines Colgantes de Babilonia, según algunos internautas. Pero el sueño de Zhang tuvo fecha de caducidad. Las autoridades le obligaron, hace una semana, a demoler toda la estructura, que ocupaba aproximadamente 800 metros cuadrados.

Fuente de tensión

El conjunto, situado en un edificio residencial de lujo, llamado Park View en el distrito de Haidian –un área en la que se concentran numerosas universidades e instituciones gubernamentales–, ha sido fuente de tensión entre el dueño y algunos vecinos desde hace años, debido al ruido constante por las obras, las fugas de agua y el temor a daños estructurales en la torre, según la prensa local.

Las autoridades de Haidian aseguraron que llevaban tres años pidiendo a Zhang que detuviera las obras, pero éste se había negado hasta ahora, cuando su magna obra llegó a los medios de comunicación chinos y se regó como pólvora por las redes sociales.

La construcción de añadidos –la mayoría de ellos, ilegales– en las casas es algo corriente en China, y la práctica ha florecido con el boom inmobiliario y el alto precio de la vivienda. Los propietarios de los bajos y los últimos pisos adicionan habitaciones, e incluso plantas enteras, o invaden el espacio público con muros y vallas.

Zhang fue más allá. Admitió al periódico Espejo Legal que construyó sin permiso una pequeña habitación de cristal y, poco a poco, expandió la obra con árboles y rocas artificiales para crear un paisaje. Pero dice que la estructura no era un chalé sino una pérgola, cuyo objetivo era actuar de “aislante térmico”, y que las piedras fueron fabricadas con un material ligero para ocultar las chimeneas que enviaban olores desagradables de cocina y cuartos de baño a su apartamento. Posteriormente, añadió bonsáis para que “quedara bonito”.

Ahora Zhang prometió que pediría públicamente disculpas a los vecinos por los problemas ocasionados por la obra, en la que invirtió seis años.