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El diseño venezolano tiene quien lo venda

En la tienda Greenella resalta la calidad de las piezas de creadores nacionales / Cortesía: Greenella

En la tienda Greenella resalta la calidad de las piezas de creadores nacionales / Cortesía: Greenella

En la tienda Greenella resalta la calidad de las piezas de creadores nacionales unidos por la tendencia a integrar lo utilitario con lo estético

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Ambientado en colores vivos y luces cálidas, la tienda Greenella es ocupada por mobiliario y objetos elaborados por venezolanos dedicados a las creaciones para espacio interior. La iniciativa de abrir un local para la venta al detal de mobiliario de diseño está relacionada con la actividad del estudio Escala 4, formado por tres diseñadores y un arquitecto.

A partir de las necesidades detectadas por ese equipo creativo surgió la tienda. "Es una ventana para mostrar y vender piezas creadas por venezolanos que marquen una diferencia. No es un lugar para equipar completamente el hogar, aunque también creamos mobiliario a la medida.

La tienda le abre oportunidades al estudio y viceversa, así nos complementamos", indica Manuela Salvatierra.

Larga historia. Greenella funciona desde hace cuatro años, pero es la última de una cadena histórica de comercialización de mobiliario de diseño en Caracas. En 1939 abrió la tienda MAD (muebles, arte, decoración), propiedad de Gustavo Wallis Legórburu y Carmen Elena de las Casas. Una década más tarde, Miguel Arroyo inauguró un local llamado Gato, en La Florida, donde ofrecía los muebles que diseñaba y también piezas internacionales como la silla BKF o Butterfly, ese ícono argentino creado por Bonet, Kurchan y Ferrari Hardoy.

En la década del cincuenta resaltaron Lampolux, Decodibo, Galería Hatch, Muebles Azpúrua, Capuy y Tecoteca, los cuales ofrecían muebles y luminarias de corte moderno cónsonos con el estilo de vida de un país próspero que pasaba de lo rural a lo urbano.

La referencia de los ochenta fue Antena, y en los noventa hubo importadoras de lo mejor del diseño mundial como Arquetipo y Moma, que coexistían con iniciativas de producción nacional (Objeto y Casa Curuba).

Las dificultades. Si bien la premisa de Greenella es apoyar la manufactura venezolana, ese cometido se ha vuelto cuesta arriba por el desfavorecedor contexto del país, debido principalmente a la escasez de materiales, además de los elevados costos de producción. Por esa razón, la tienda se ha apoyado en la importación hasta los momentos. Sin embargo, Salvatierra resalta la calidad y exclusividad de las piezas creadas por los venezolanos Carol Blaha, Boulevard 03, Lampade (Isabel Cisneros y Mercedes Carvallo), Marc Flallo, Teresa Mulet, Para Para, Rodolfo Agrella, Identidad Diseño y Anita Reyna, quienes unen lo utilitario con una cuidada estética.

Salvatierra, diseñadora de interiores, aclara que la propuesta se completa con obras arte de talentos emergentes y el encanto de la cestería warao.

En su oferta nacional, Greenella maneja dos opciones: los productos que llevan los diseñadores y una línea de fabricación propia.

Se pueden conseguir los bancos de Marc Flallo, la silla Olga de Boulevard 03, el perchero Isidora de Rodolfo Agrella, las luminarias Colador de Lampade o el servilletero Molinero de Identidad Diseño.

También se ofrecen piezas como los cojines con gráficas de Carol Blaha o los productos diseñados por Anita Reyna.

Aún está disponible la colección que concibió Reyna para el Día de las Madres, que incluye vajillas, delantales, servilletas de tela y cojines.

Opción ecológica. En Greenella también se pueden ver algunos muebles "redimensionados" por el equipo de Escala 4. "Son piezas que permiten apreciar la magia de la restauración y el reuso", según Salvatierra. Esa práctica consiste en tomar un mueble viejo e intervenirlo a través del laminado, el laqueado o el tapizado. Así se obtiene un objeto renovado y ecléctico.

Esa propuesta está ganando adeptos en nuestro país ante las dificultades para adquirir mobiliario nuevo. Es una opción que además de creativa es ecológica, porque estimula el reciclaje. Adicionalmente, cambia los gustos conservadores del venezolano, llevándolo a ver con otros ojos la ambientación de su hogar.