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“Una ciudad es más que la suma de edificios”

Germán Fuenmayor es un arquitecto venezolano que encontró un espacio en Milán

Germán Fuenmayor es un arquitecto venezolano que encontró un espacio en Milán

El venezolano Germán Fuenmayor refleja en sus proyectos la influencia de artistas como Otero, Soto, Gego y Cruz Diez

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Germán Fuenmayor es un arquitecto venezolano que encontró un espacio en Milán desde el cual proyectar planes urbanísticos, edificios públicos, de oficinas o residenciales, boutiques y espacios comerciales. El suyo, Piuarch, es un estudio diseñado en estilo open space, que se encuentra en un local en la zona de Brera donde antes funcionaba una tipografía. Allí imagina, junto a sus partners, lo que él llama “soluciones poco convencionales”, la mayoría con materiales naturales de poco impacto ambiental, con amplio uso de la luz natural, y con una relación entre arquitectura y contexto.

“Cada proyecto nace de un cuidadoso estudio del contexto donde el edificio se va a desarrollar, por lo que las soluciones son diferentes en cada caso. Al mismo tiempo, podemos hablar de una afinidad de lenguaje entre nuestros proyectos, caracterizados por una gran linealidad y simplicidad formal, lo cual tiene que ver con nuestras referencias culturales dentro y fuera del campo de la arquitectura”, explica sobre su trabajo junto a Francesco Fresa, Gino Garbellini y Mónica Tricario, también fundadores de Piuarch.

El esfuerzo se ha visto coronado con la asignación de proyectos en Italia, Ucrania, China y Rusia como el edificio Quattro Corti en San Petersburgo (de la sociedad Gazprom Neft) y las sedes de Dolce&Gabbana y de D&G en Milán. Pero también se han hecho merecedores de reconocimientos como la Mención de Honor para los Nuevos Edificios de la Medalla de Oro a la Arquitectura italiana 2012, entregado el pasado octubre, por el edificio de la Sociedad Bentini.

 

—¿Qué representa para usted este premio?

—Es un importante reconocimiento debido a su prestigio y el de las instituciones que lo apoyan. En este momento es más significativo pues constituye un estímulo para nuestro sector, que se encuentra en una encrucijada, de frente a la necesidad de una mayor sostenibilidad de los proyectos y la creación de un futuro que tenga en cuenta las nuevas condiciones económicas.

 

¿En cuántos proyectos trabaja en el presente?

—Estamos terminando la construcción de un edificio para oficinas en el centro de Milán, fruto de un concurso que ganamos en 2006. En esta ciudad estamos desarrollando también la reconversión de un área industrial en un polo del sector terciario. Además tenemos el proyecto de un centro de convenciones en Riva del Garda. Fuera de Italia, ampliamos nuestra actividad en otros países de Europa y en Rusia en particular, así como en China y Corea.

 

—¿Cómo elige los proyectos?

—Me gustaría decir que escogemos los proyectos, pero en realidad son los proyectos los que nos escogen a nosotros. Esto con la excepción de los concursos, donde se trata de participar por afinidad con los temas propuestos y que constituyen uno de los mejores campos para la experimentación arquitectónica, dado que están menos sujetos a los condicionamientos del cliente.

 

—¿Cuáles son las influencias en su trabajo?

—Creo que mi trabajo refleja mi condición, a caballo entre dos continentes, el de mi formación y el de mi desarrollo profesional. Por eso en mis trabajos, a pesar de desarrollarse sobre todo en Italia, se encuentran frecuentes influencias de los artistas venezolanos del abstraccionismo geométrico como Alejandro Otero o Gego, así como también de los cinéticos como Soto o Cruz Diez, adaptados a una realidad urbana tan fuerte como lo es la europea. Otro aspecto es el tratamiento de la luz, ese eco de luz tropical que trato de imprimir en los edificios que realizo, retomando muchas veces los conceptos desarrollados por el maestro Villanueva.

 

—¿Qué quisiera aportar a una ciudad con su trabajo?

—Pienso que lo mejor que puede aportar la arquitectura a la ciudad es justamente la idea de ciudad, en contraposición a la idea de edificios aislados y de situaciones “provisionales”, como la ciudad que Cabrujas llamaba de “mientras tanto y por si acaso”. Demasiadas veces se piensa en las ciudades como una sumatoria de edificios, cuando justamente es lo contrario: es ese espacio no construido que se genera entre los edificios y que muchas veces viene dejado a la casualidad. La riqueza de una ciudad está en esa secuencia de espacios públicos como las plazas o los espacios peatonales donde pulula la vida urbana. Me gustaría aportar a la ciudad esos espacios comunes.

El proyecto premiado

La sede de la sociedad Bentini se encuentra en Faenza, en el centro-norte de Italia, en una zona que Germán Fuenmayor describe como un contexto de baja densidad de construcción con la presencia de campos agrícolas. Se trata de dos edificios bajos, uno para oficinas y otro para archivo y almacén. “La disposición de ambos edificios genera un espacio común, una ‘plaza’ a la sombra de los árboles que se convierte en lugar de encuentro; en pequeña escala es un poco lo que sucede en la Ciudad Universitaria”, explica.

La integración de la edificación con el paisaje circundante se evidencia en la fachada sur, que posee un sistema de brise soleil (protección solar permanente) que recuerda el trazado de los campos de cultivo. Al mismo tiempo el paisaje ingresa a la construcción a través de una planta baja transparente y un jardín en el último piso con panorámica a las colinas a través de grandes ventanales.

El galardón

La Medalla de Oro a la Arquitectura Italiana es un premio que se otorga cada tres años y el evento es organizado por la Trienal de Milán en colaboración con el Ministerio de Bienes y Actividades Culturales y con MADE expo, con el objetivo de apoyar y dar visibilidad a las nuevas y más interesantes obras construidas en Italia.

Perfil

Germán Fuenmayor es caraqueño de nacimiento y arquitecto egresado de la Universidad Central de Venezuela en 1985. Al graduarse se trasladó a Milán para especializarse en Diseño Industrial en el Istituto Europeo di Design. Hasta 1996 colaboró con el arquitecto Vittorio Gregotti, para ese mismo año fundar el estudio Piuarch. El grupo cuenta actualmente con la colaboración de 30 profesionales provenientes de varios países.

Web: www.piuarch.it