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David Rondón, locutor y DJ / AB

David Rondón, locutor y DJ / AB

INVENTARIO DE VANIDADES David Rondón, locutor y DJ. En esa casa como desván nunca falta la buena música. Allí, el hombre del dial y de la nocturnidad electrónica caraqueña imagina con municiones de acetatos las notas de una nueva sonoridad

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Los vinilos de colección, en pilas, unos arriba de otros. El que está de primero siempre es uno diferente. Son una selección de sus acetatos de culto, parte de su stock personal de buena música, esos vinilos que el locutor y DJ David Rondón encuentra en sus requisas cada vez que olfatea curioso una tienda para empedernidos melómanos como él. “Si de fetichismos hablamos para mí son los viniles. Es la música en sí, es si está usado o no, es el diseño del vinil, es si se trata de una edición de colección o si trae canciones que nunca consigues en digital… Yo no soy el megadigger que consigue joyas musicales, pero sí ando comprando acetatos siempre”, confiesa con ese tono afable de una de sus incurables obsesiones.

Allí, en esa casa como desván, en la que crea mezclas con sus acetatos y su reservorio de música digital, está en una esquina un cuadro de la artista plástico Caro Blaha que deja leer “kiss me again” y que está hecho con el mapa de Londres, del otro lado el espejo de rombos de la sala así como la lámpara con pantalla de rombos que le recuerdan a su alter ego de la nocturnidad como DJ Rombo. Una miniatura de Mustang del 66, un pequeño Ferrari del 62, el disco del 69 Jamming with Edward de los Rolling Stones, un pequeño Jim Morrison de juguete con sus pantalones de cuero que canta al micrófono como en sus mejores días de The Doors, un tocadiscos Technics 1200 al lado de pilas de acetatos. “Siempre he tenido tocadiscos como éste, es el clásico de los DJ, con uno así aprendí a mezclar hace 12 años”.

Después de un tiempo en Barcelona, España, la casa que dejó aún no se ajusta a sus nuevos días en Caracas. Pero siguen allí las potentes cornetas, esas que usan los cines, en las que amplifica los toques que hace alguna noche en un improvisado happening o en una descarga con sus amigos; el afiche de Amy Winehouse, la sexy compañera para cuando está solo y que consiguió que le regalaran en una tienda de música; las maletas antiguas que le recuerdan todas las veces que se ha mudado, sus muebles daneses que compró en una tienda de antigüedades. “Me encantan los anticuarios”, asoma Rondón.

Pero algo falta, algo. La casa no está completa. Hay un vacío. Y Rondón recuerda desde la nostalgia a sus tres amores, las tres nenas que dejó abandonadas como un mal novio y que esperan por él en Barcelona. “Mis guitarras no las tengo conmigo. Tengo una que le compré a Fernando Batoni, es una Hofner del 65 a la que le he agarrado cariño, es como la que usa el tipo de The Kills, tengo otra guitarra con la que aprendí a tocar música que la tengo firmada por Andy Summers de The Police y la otra es una guitarra blanca japonesa toda rara”, enumera a esas, las tres chicas que extraña en la distancia. Porque las guitarras, como los Mustang del 69, como los acetatos son otros de sus fetiches.

Mini Match 5

Como un juguete de culto el famoso carro de Meteoro está en una esquina de su casa cerca otros carros como algunos Mustangs y de libros de autos de colección. “Me lo compré hace tiempo. Me encantan los carros. Veía Meteoro de niño, como cuando tenía 10 o 12 años, ahora tengo 35; fue de las comiquitas con las que crecí”, cuenta.

Hertzianomaníaco

Para David el dial es una adicción, una manía, una obsesión. “La radio es una pasión para mí. Es una de las cosas que más me gusta en el mundo junto con la música”. Este micrófono como versión moderna de los clásicos de pie es un símbolo de su oficio dentro de su casa. “Yo soy además un cantante frustrado”, reconoce.

La del café

Infaltable todas las mañanas. La taza pintada por la artista plástico Caro Blaha es de esos objetos cotidianos del locutor y DJ David Rondón. “Fue un regalo de Caro que siempre me pintaba en sus cuadros. Es mi taza del café con leche”.

El vinilo de Air

En las calles de Williamsburg, en Nueva York, en esas pesquisas de buena música el locutor encontró el vinilo de Moon Safari de la banda francesa de electrónica Air que conserva como una joya musical. “Es de mis bandas favoritas. Ese disco para mí representa todo lo que de niño había escuchado: psicodelia con electrónica elegante. Este disco me encanta”.

Cada vez más Rolinga

El libro que recoge una selección de fotos que Jim Marshall tomó de los Rolling Stones en 1971, lo compró tras una exposición en una galería en Nueva York. “Soy más Beatlemaníaco que Rolinga como dicen los argentinos. Pero mientras más viejo me pongo más escucho a Los Stones”.

Espejito, espejito

En la sala de su casa está un espejo de rombos que le recuerda en una alegoría a su alter ego musical. “Lo compré hace tiempo en Caracas porque es de rombos y Rombo es mi a.k.a de DJ. Lo compré porque me gustó además la combinación de madera repujada y marco barroco”, cuenta el locutor.

Mister huesos

Allí, sentado en una mesa de la sala está Descalcio, una calavera de juguete que está con David Rondón desde hace algún tiempo. “Me lo regaló una novia que a la vez se lo regaló César Oropeza cuando fue su novio. César y yo somos amigos. Siempre bromeo y digo que Descalcio es como un hijo de César y mío”.

Fetichista yo

“Soy fan mal de los carros de los carros del 65. Yo tuve un Mustang de ese año. Para mí los Mustang son carros básicos, pero sexys. Por eso tengo libros como este Cars of 1965. Mi Mustang era blanco y rojo por dentro, superbajito. Tengo que volver a tener uno”.