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Los baños aspiran mayor protagonismo

Aparte de ser un espacio indispensable en la vida moderna, es un área asociada con la salud, el placer y la espiritualidad

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Sumergirse en una bañera escuchando música e inspirando unas sales aromáticas que se desprenden de un mar de burbujas es un lujo, al igual que tener una ducha en casa o simplemente un grifo del que emane agua caliente.

Desde el neolítico hasta el imperio romano, el baño ha sido asociado con la salud y el placer, además de tener connotaciones religiosas y espirituales. Y aunque ahora los montados en el tren de vida express apuesten por la ducha más efectiva y rápida, para ciertas personas el acto de asearse con agua y jabón sigue siendo todo un ritual.

Para el sociólogo y periodista Pedro Mancilla este espacio es donde uno se hace humano: dócil, sociable y disciplinado. “El baño es casi como el derecho a votar, algo que las personas perciben como algo a lo que tienen derecho y eso es una conquista, por aquellos tiempos en que vivíamos sin él, cuando no era importante y era muy rudimentaria la forma de desprendernos de nuestros residuos”.

Si bien el diseño de un baño, así como el tamaño de este depende de las posibilidades de cada usuario, Mancilla destaca que el acto de lavarse, en sí mismo, es un asunto de democracia: “Primero fue de la aristocracia, luego de la burguesía, pasó a las clases medias y ahora es consustancial al derecho de vivir”.

Un retrete, una ducha o regadera, un lavabo y un espejo, todos juntos o algunos separados integran esa habitación destinada a la purificación del cuerpo y, a veces, del espíritu.

Enrique Loewe, presidente de la Fundación Loewe, declara que es un espacio que habla del descubrimiento de uno mismo: “Uno se da cuenta de quién es cuando se mira en ese espejo. Es una prueba tanto de imaginación de lo que somos, de engañarnos, como de ser realistas y asumir las miserias del ser humano”.

En evolución. Aunque hay referencias que datan el surgimiento del baño en el 8.000 a.C., los expertos prefieren situarlo partir del 3.200 a.C. y en Skara Brae (Reino Unido), donde encontraron canales para llevar los desechos desde el interior de las viviendas hacia afuera.

En la Grecia del siglo XVI a.C. el baño era público y se asociaba a los atletas, de hecho, a los griegos se les atribuye la invención del orinal. Para los romanos del siglo II a.C. el baño también era algo comunitario e innovaron en los spa y el uso de aguas termales al hacerlas parte de su cultura.

Mientras que los nobles occidentales lo hacían con ayuda de sus sirvientes, en el Oriente se hacían baños comunitarios y en algunas partes de América y África muchos seguían sus rituales de aseo en los ríos o lagos.

Ahora, el mercado ofrece lujos para todos los gustos. Ejemplos de este tipo de mobiliario se puede ver en la Roca Gallery de Madrid, y la exposición El Baño. Una retrospectiva histórica, que cuenta esa evolución del baño y su importancia en la sociedad por medio de objetos y piezas desde el siglo XVIII hasta el año 2009.

El proceso va desde una bacinica en forma de taburete con libros, en un claro intento de ocultación; pasa por el “bidé Sisi” de la emperatriz Elisabeth von Wittelsbach, hecho en porcelana y decorado en oro, y llega a los primeros retretes con tanque.

La muestra concluye con el W+W, un diseño de sostenibilidad que junta el lavabo con el inodoro para que el agua del primero sea reutilizada en el segundo.

Anatxu Zabalbeascoa, periodista e historiadora de arte, explica que otro gran logro del baño ha sido ganar un espacio en el hogar: “Ya no tenemos que esconder la bañera en un sillón o el inodoro en un taburete, ahora tenemos muebles dignos que nos hacen disfrutar de ese momento íntimo. Y en esta conquista el siguiente paso del baño es ganarle protagonismo a la cocina”, concluyó.