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Swarovski: el imperio del cristal

Swarovski

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Son trozos de vidrio tallados y procesados de forma tan magistral que aún hoy atraen por su brillo de arco iris

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Hoy se usan en ropa, zapatos, anteojos, alfombras, papel tapiz, relojes, copas, carteras, joyas, figuras decorativas, alfombras y hasta lámparas de techo, y sorprenden por el arco iris que crean al contacto con la luz, pero hace más de 100 años, a finales del siglo XIX, eran sólo pedazos de vidrio en un negocio familiar de cortadores en Bohemia (ahora República Checa), en el Imperio Austrohúngaro.

Daniel Swarovski aprendió de su padre todo sobre el arte del vidrio, sin embargo quería perfeccionarlo y sistematizarlo, así que en 1892 creó una máquina cortadora eléctrica. Ese era el primer paso. Tres años después dio el definitivo: fundó una compañía de cristalería con su cuñado, y se estableció en los Alpes austríacos, en la localidad de Wattens. Esa zona proveía la energía hidroeléctrica necesaria para poner en marcha la maquinaria para cortarlos y pulirlos en serie y producir abalorios de idéntico tamaño y forma.

Luego la cuestión era perfeccionar el tallado de los cristales, tal como se hacía con las piedras preciosas. El mundo de la moda fue el primero en rendirse ante el poder de estos diminutos cristales, gracias a textiles que los llevaban cosidos. Coco Chanel, Elsa Schiaparelli, más tarde Cristóbal Balenciaga y Christian Dior crearon piezas que marcaron época en el vestir. Sólo por mencionar un atuendo inolvidable: el vestido que usó Marilyn Monroe para cantar el cumpleaños de John F. Kennedy refulgía debido a los miles de cristales Swarovski. Poco a poco el uso de los cristales se fue ampliando a otros atuendos, accesorios para el hogar, e incluso en instrumentos ópticos.

Las célebres figuras decorativas comenzaron a producirse en 1976 y pronto se convirtieron en objetos coleccionables. La primera fue un ratoncito, luego el catálogo se llenó de conejos, caballos, cisnes, elefantes y, por supuesto, a la lista se integraron Mickey y Minnie Mouse, y Hello Kitty. Los coleccionistas se agruparon, en 1987, en la Swarovski Crystal Society, y hoy cuenta con 325.000 miembros en 120 países.

El secreto. La clave de los reflejos arco iris de los cristales es un recubrimiento metálico químico especial. El efecto (mayor o menor) depende de las capas aplicadas, uno de los más célebres es el conocido como Aurora Borealis, desarrollado por Swarovski junto a Christian Dior en los años cincuenta, el cual realza el brillo del cristal tallado.