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Oscar Carvallo, la fantástica excentricidad

El diseñador Oscar Carvallo

El diseñador Oscar Carvallo

Desde su exquisita extravagancia, desde el lujo fantástico, el diseñador de moda venezolano radicado en París colecciona pequeñas maravillas que convierte en sus propios fetiches y tesoros de culto

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En cada pasaje del Marche Aux Puces, el mercado de antigüedades de París, el diseñador de moda Oscar Carvallo se abandona a la fantasía. Se pierde en la magia de esos pasillos que son como los caminos que se esconden detrás del espejo del mundo. Dominado por el morbo y el embeleso se adentra en esa dimensión surrealista y fantástica de mercaderes a los que le ha comprado sus pequeñas excentricidades: patitos disecados, sombreros de otras épocas, juguetes vintage... "Me gusta la historia, el pasado, los objetos antiguos porque me inspiran", reconoce quien ha visitado mercados de curiosidades en Ámsterdam, Londres y San Petersburgo siempre en busca de alguna rareza. Es un preciosista, un excéntrico, un mundano.

Oscar Carvallo convierte sus objetos en fetiches, en sus propias maravillas de culto porque es un hedonista. En su atelier en Caracas como en un moderno ilusionismo, reprodujo en un enorme wall paper su atelier de París, como para imaginar que se pudiese llegar a él con tan sólo atravesarlo. En él -el atelier de Rue du Faubourg, no el de La Castellana- tiene dos espejos encontrados que se multiplican en un abismo infinito y vertiginoso. El lujo fantástico. "Yo soy del surrealismo y del trompe-l'oeil, -estilo pictórico llamado "trampa ante el ojo" que produce efectos visuales y de perspectivas-. Me encanta crear ambientes irreales, que te hagan creer que estás en otro mundo". Como en el que vive él. En su atelier de Caracas los vestidos cuelgan en percheros en la pared como obras de arte. Allí, pequeños muñecos de porcelana están vestidos con confecciones que el propio Carvallo les ha diseñado en un mágico escape, un exquisito ocio.

"Colecciono objetos extraños". Entre ellos: su inventario de figurillas de porcelana. Una de sus aficiones secretas es transformarlos en seres surrealistas, pequeños monstruos de fantasía. Los vuelve juguetes de arte, sus otros fetiches. Como uno que tiene en su oficina de París que lleva toda la cara bordada de lentejuelas. "Ese niño de juguete lo encontré tirado en una calle y lo bordé todo en paiettes". Con su imaginario convierte lo que lo rodea en una ilusión. "Me fascina la mezcla del tiempo y las épocas. Y combinar el estilo Napoleón con el contemporáneo y supermoderno", reconoce. Un sofá art déco, con una lámpara chandelier, su colección de libros de moda que apila sobre la mesa, unos cachos africanos, una Virgen del Valle que se trajo de la isla de Margarita -"Yo le bordé todo el vestido"-, espejos con molduras antiguas, sillas tapizadas con piel de zorro y piezas de artistas venezolanos como Carlos Cruz-Diez, Carlos Enríquez "Carlanga", Luis Salazar, Joe Palmar y Mariana Monteagudo forman el reservorio de maravillas del mundo mágico y surrealista que habita a diario.