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Nueva artesanía industrial: De la botella a la copa

Botellas decorativas

Botellas decorativas

Un par de diseñadores españoles se unieron a una vidriera para darle vida útil a los recipientes del vino

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Lo perfecto no resulta creíble. Los nuevos muebles, como las nuevas telas, lámparas y hasta cristalerías buscan singularizarse. Hace años que los productores de mesas y sillas exploran, como los fabricantes de automóviles, las posibilidades de “customizar” (hacer según los requisitos del cliente) sus productos. La diseñadora holandesa Hella Jongerius ideó para Ikea unos jarrones cerámicos de producción industrial que nacían diferenciados, deformados y señalados. Eran económicos y no había dos iguales. Ese detalle los convertía en únicos.

El wabi sabi japonés, la belleza de las cosas imperfectas, coge peso otra vez entre el mobiliario más sofisticado y la decoración más sencilla. Se trata de singularizar los objetos en un mundo globalizado; pero, más allá de romper la uniformización de los hogares, incita a elegir por encima de acumular, mientras trata de oponer resistencia a los precios desaforados de muchos objetos de producción industrial.

Lo artesano remite al contacto con las personas, al cuidado del vidriero, el ceramista o el sastre. De la misma manera que en países como Brasil el diseño industrial es todavía un campo fuertemente artesanal (como lo fue el trabajo de los curtidores en España), en otros lugares se anhela el acabado artesano como marca de calidad en los productos.

Tal vez por eso, buscando el cuidado individualizado, los diseñadores Ana Yago (Valencia, 1973) y José Antonio Giménez (Valencia, 1975) –directores del estudio Sanserif Creatius– han optado por tratar el vino como si del fructífero cerdo se tratara: aprovechándolo todo. Con ese objetivo decidieron unirse a la vidriera Sara Sorribes para ir más allá de la última gota y plantearse qué hacer con las botellas, gruesas, brillantes e icónicas donde se guardan los vinos.

Fruto de esa investigación ha nacido una colección limitada de copas y vasos de vidrio que alargan el ciclo de vida de las botellas de vinos con una denominación de origen cercana a su casa, la de Utiel-Requena. Así, las últimas botellas de Parreño (Latorre Agrovinícola) Vegainfante (Cooperativa Agrícola de Utiel), Vegalfaro o Al vent (Bodegas Coviñas) no han ido a parar al contenedor sino a un taller de vidriería.

El trabajo es poco más que un corte limpio en la parte baja del envase, sin embargo, el resultado es sorprendente. De la misma manera que las botellas varían la altivez de sus cuellos, la inclinación de sus hombros y hasta la longitud y el grosor de sus cuerpos en función del tipo de vino que contienen, la cristalería Wineries se ha hecho eco de esas variaciones alargando o encogiendo sus propios cuellos, convertidos ahora en pies de copa.

De cererías a cartonerías y de pequeñas empresas a la internacional Lladró, la nueva artesanía industrial apela a personas concretas por encima de un mercado anónimo.