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México reaviva la figura de un genio singular

La Casa O’Gorman es una de las obras maestras del arquitecto CORTESÍA EL PAÍS

La Casa O’Gorman es una de las obras maestras del arquitecto CORTESÍA EL PAÍS

Juan O’Gorman fue un precursor de la modernidad. Rehabilitan la joya iniciadora de la arquitectura funcionalista en América Latina para reabrirla como museo

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Juan O’Gorman fue un genio precoz. Con 24 años de edad hizo la primera casa funcionalista de América Latina.  Luego abjuró de esta corriente moderna y racional de la arquitectura y a mediados del siglo XX se montó una casa surrealista dentro de una cueva que adornó por fuera con figuras de dioses aztecas. El 18 de enero de 1982 se suicidó. Apareció colgado de la rama de un árbol y se había dado un tiro. 

La Casa O’Gorman, la joya iniciadora de la arquitectura moderna latinoamericana que construyó entre 1929 y 1931, ha sido rehabilitada después de décadas de abandono y se acaba de inaugurar como museo. La exposición de apertura es sobre esa otra vivienda, ya desaparecida, que hizo en 1949 aprovechando una gruta volcánica: la Casa-estudio de San Jerónimo, némesis artística de su obra maestra de juventud. 

El arquitecto, pintor y muralista nació en Ciudad de México en 1905. Los primeros años de su infancia vivió en Guanajuato. Durante la Revolución Mexicana, en 1913, la familia volvió a la capital y se asentó en el barrio de San Ángel. En la guerra vivieron con apuros. O’Gorman contó que una noche su padre y una sirvienta llegaron a casa arrastrando una mula que habían dejado muerta en la calle los zapatistas. La desollaron, la ahumaron y tuvieron carne para varios meses. La gente se moría de hambre. En los postes y árboles se veían cadáveres colgando. En ese mismo lugar de atraso y de barbarie, quince años más tarde, aparece una vivienda llegada del futuro. 

Una caja. La Casa O’Gorman es una caja de dos plantas. La estructura es de hormigón y está a la vista. En el piso de arriba hay un estudio cubierto por tres ventanales que crean una sensación de continuidad entre el interior de la casa y el exterior. 

En un costado hay una escalera helicoidal que sube al estudio haciendo un giro de caracol. En vez de un muro hay una cerca de cactus. La casa está enfrente de una hacienda colonial. Los vecinos se indignaron por la presencia de aquel cuerpo extraño delante de un edificio noble. 

Dos años después de hacerse su propia casa con el poco dinero que tenía, O’Gorman recibió el encargo de Diego Rivera de construirle otras dos similares para él y para su esposa, Frida Kahlo. Cuando le enseñó su casa a Rivera él le dijo que había construido una obra de arte para la transformación social. Rivera, intelectual socialista y principal influencia en la ideológica y estética de O’Gorman, entendió que la propuesta de su amigo arquitecto, desarrollada a partir de las teorías de Le Corbusier, tenía dos cualidades revolucionarias: rompía con el gusto tradicional y ofrecía un modelo de vivienda económico para las clases populares. 

Primero la Casa O’Gorman estuvo habitada por un hermano del arquitecto. En 1968 la compró un artista ruso y en adelante sufrió modificaciones que deformaron su aspecto original. Quedó irreconocible y nunca pudo tener el lugar que le correspondía en la historia de la arquitectura contemporánea. 

El Juan O’Gorman funcionalista duró hasta mediados de los años treinta, momento en el que se revolvió contra la arquitectura moderna. Se dio cuenta de que las construcciones funcionalistas, basadas en el principio del máximo de eficiencia por el mínimo de esfuerzo, eran una excelente oportunidad de ahorro para los promotores inmobiliarios, para los capitalistas. Su desengaño de la modernidad se fue ahondando en los años treinta y cuarenta. Su gusto arquitectónico giró hacia una mezcla de regionalismo, ecologismo y un fondo moderno del que en la práctica nunca se desprendió. Se entregó a su arquitectura fantástica, ejemplificada en la Casa de san Jerónimo, inspirada en la arquitectura orgánica de Frank Lloyd Wright y en la libertad figurativa de Gaudí.