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Licoteca: arquitectura de lujo con rasgos geométricos

El diseño del local ubicado en La Castellana posee un sello particular gracias a la fachada recubierta por listones de barricas recicladas

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Dos conceptos se funden en la Licoteca. El nombre nace del deseo de instalar una licorería que tenga un poco de biblioteca, al ofrecer a sus clientes una selección de libros que invitan a adquirir más conocimientos sobre los productos que allí se encuentran. Además de la unión de estos dos elementos, hay un planteamiento que hace de esta idea algo único: su arquitectura.

Licoteca busca crear un estilo propio. El objetivo fue establecer un ambiente innovador, de carácter premium, y contemporáneo en su arquitectura y su diseño de interior, que se acople con el concepto que plantea el local. Isabel Caleya, arquitecto a cargo, señala que la propuesta era licores y la finalidad era crear una imagen corporativa. “Queríamos instaurar una estampa que pudiera ser reproducible, que puedan abrir otras licotecas y tengan una característica arquitectónica específica que vaya de la mano con su nombre”, añade.

Dos épocas. El local está donde antes se encontraba una quinta en la que funcionaba Sanitas. Este factor fue una condicionante para el trabajo que se llevó a cabo. Caleya relata que fue un reto, pues allí se fundían dos casas de diferente arquitectura: una casa tradicional y una de dos pisos. La arquitecta señala que las dos estructuras crean un paralelepípedo que contrasta.

La remodelación mantuvo gran parte del edificio original. “Yo preferí conservar la instalación que se encontraba y trabajar abriendo espacios y creando ejes de visión. De manera que las áreas se integren entre sí”, añade.

El resultado es un ambiente único en el que se consigue un recorrido fluido por la estancia. Se colocaron ventanales que permiten el paso de luz natural y se mantuvo la doble altura y el techo inclinado de la nave principal. La entrada fue ampliada y allí se creó una ranura de luz con vidrio que une la diferencia estructural entre las dos casas originales.

“La escalera también se mantuvo, pero se le añadió color para jugar con la volumetría y crear un espacio de doble altura”, señala Caleya. El segundo piso de Licoteca aún no está listo. Allí estará un área dedicada a catas y eventos en un ambiente natural y con espacios abiertos.

El tono gris plomo abunda en el local. Caleya explica que ese color homogeneiza, lo que disminuye el contraste entre los dos estilos arquitectónicos que posee el edificio. “Confunde los elementos que integran la estructura, y a la vez unifica la volumetría”, argumenta.

Se usaron pocos y sencillos materiales. El piso está hecho de cemento granito y mantiene el color gris oscuro que pasa de afuera hacia adentro. Para los muebles se combinó fórmica negra con tonos vino. El vidrio está muy presente en las estancias. También se usaron algunas estructuras metálicas, y acero inoxidable para la barra.

 

Juego geométrico. En el medio de la tienda se encuentra una cava de vinos. Para esta área, Caleya se inspiró en la obra del artista americano Sol LeWitt, quien creó ambientes diferentes con el uso de esculturas y formas cúbicas. La volumetría de la tienda combina a la perfección con el trabajo inspirado en LeWitt: la cava está compuesta por cubos blancos que pueden cambiar de posición, dependiendo del vino que se quiera resaltar. Así, se añade un toque lúdico al edificio.

La iluminación en ese espacio está a cargo de cubos de acrílico. En el resto del local se ubicaron lámparas diseñadas por Caleya, las cuales caen del techo y continúan el estilo minimalista que impregna todo el local. El mobiliario posee luces led que resaltan las bebidas.

 

Desde afuera. El local queda en el cruce de dos avenidas en La Castellana: Mohedano y Chaguaramos, es decir, en un terreno que forma una esquina. En ese punto, Licoteca se levanta como un paralelepípedo macizo que llama la atención e invita a los transeúntes a la entrada. Si uno ingresa a pie se topa con una escalinata formada por figuras geométricas (rectángulos) de cemento que se abren paso entre el verdor de la grama. Este diseño fue inspirado por el Monumento del Holocausto en Berlín, de Peter Eisenman. “Reflejé los volúmenes y los bloques que Eisenman usa en su obra”, relata Caleya.

La fachada está recubierta con madera. Ese aspecto hace alusión a la caja que suele envolver una botella de vino. El deseo de reciclaje llevó al grupo de arquitectos y socios a pensar en varias formas de conseguir la madera que revestiría el frente. Finalmente fueron utilizadas tablas de barricas (mejor conocidas como duelas, que es como se llaman los listones que se unen para formar el tonel) en las que Ron Santa Teresa guardaba el licor y que fueron donadas específicamente para la construcción. El marco formado por las tablas le da la estampa que se buscaba desde el inicio y, por otro lado, la apariencia externa del local crea un solo plano para que el protagonismo esté en las vitrinas.

El equipo de arquitectura estuvo formado por Isabel Caleya, Jack Alejandro Barrios y Verónica Hoffmann. La iluminación se realizó de la mano con la marca OtaiDesign, en este aspecto Caleya trabajó en conjunto con Conrado Cifuentes. El diseño del mobiliario e interiorismo se realizó junto a Karen Agusti. La tienda abarca 850 m2 y posee una capacidad para, aproximadamente, 40 vehículos en el estacionamiento.

Dirección: avenida Mohedano con avenida Chaguaramos, quinta Orinoco. Urbanización La Castellana, Chacao.

Teléfono: (0212) 261 0051

Horario: de lunes a sábado de 9:00 am a 9:00 pm

Web: www.licoteca.com.ve