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Lalique: genialidad en el cristal

La obra de Hadid la componen los jarrones Visio y Manifesto

La obra de Hadid la componen los jarrones Visio y Manifesto

La arquitecta Zaha Hadid y los diseñadores alemanes Clarissa Dorn y Roel Haagmans realizaron dos colecciones para la firma francesa

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Por más de un siglo la firma que creó el francés René Lalique ha sido símbolo de creatividad y lujo. A sus clásicos diseños este año se agregan dos colecciones creadas por artistas de renombre: la arquitecta Zaha Hadid y los diseñadores alemanes Clarissa Dorn y Roel Haagmans.

Al poco tiempo de comenzar su taller este creador resolvió dejar la orfebrería y dedicarse por completo a lo que sería la pasión de su vida: el arte del vidrio. Sus primeras incursiones las hizo para el mundo de la perfumería, con pequeñas botellas y frascos de exquisita elegancia que de inmediato las grandes firmas, como Guerlain y Rogeret et Gallet, comenzaron a encargarle. Pero la técnica del soplado no le permitía hacer cosas en serie ni a bajo costo por lo que ideó la forma de prensar la pasta de vidrio fundido en moldes que pudiesen reproducir con fidelidad el prototipo. Fue en esa misma época, alrededor de 1909, que comenzó a producir sus famosos jarrones y vasijas, verdaderas esculturas, con la técnica de la cera perdida. Eran piezas con decoraciones abstractas de círculos, líneas y aristas, pero también con motivos inspirados en la naturaleza, los desnudos clásicos y las mujeres envueltas en telas, a las que logró darles extraordinarios acabados de opalescente y satinado; imprimirles manchas y tintes pasteles, o colorearlas para que tomaran la apariencia de piedras semipreciosas.

Entre sus numerosas obras, todas firmadas con una marca al ácido o grabada que decía “R. Lalique France”, estuvo la famosa “Fontaine Merveilleuse” (fuente maravillosa) para la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París, de 1925. Asimismo, fue, entre otros diseñadores, quien creó el interior de los vagones pullman del Orient Express y el comedor de primera clase del Normandie, un trasatlántico que en su época fue catalogado como “barco de las luces”. También diseñó y creó las puertas de vidrio con esculturas de diosas aladas para el palacio del príncipe imperial japonés Asaka Yasuhiko, las que hoy se encuentran en el Metropolitan Teien Art Museum de Tokio; y gran parte de las mascotas de los autos de lujo de los años veinte.

Todo ese legado, que primero continuó su hijo Marc y luego su nieta Marie-Claude, sigue presente hasta hoy en esta firma que en febrero de 2008 pasó a manos de la compañía suiza Art & Fragrance. No solo han reinterpretado creaciones clásicas como la del panel decorativo “Merles & Raisins” (tordos y uvas) de 1928, que ha servido para originar piezas funcionales como espejos y bases para mesas y arrimos, sino también para lanzar nuevas colecciones que lleven impreso el legado y sello de este genio del vidrio. Algo que queda en evidencia en la muestra que esta firma presentó por primera vez en Milán durante la semana del Salón del Mueble, en el antiguo Palacio Durini, una construcción monumental del siglo XVII, ubicada en pleno centro de la ciudad. En ella, dos colecciones fueron las grandes protagonistas: “Crystal Architecture”, desarrollada por la prestigiosa arquitecta iraquí radicada en Londres Zaha Hadid, y “Serene”, de la firma Windfall, de los diseñadores alemanes especialistas en luminarias Clarissa Dorn y Roel Haagmans.

La obra de Hadid la componen Visio y Manifesto, un par de jarrones en los que deja clara su inclinación por el deconstructivismo y las líneas fluidas, y cuyos acabados de opalescente y satinado se convierten en el epítome de Lalique. Ella misma ha dicho: “Lalique es sinónimo de elegancia y diseños fluidos, innovadores y atemporales. Cada pieza es una verdadera celebración a las propiedades únicas del cristal”.

Windfall, en cambio, tomó los icónicos motivos del legendario Orient Express y de la famosa serie Dahlia del artista para originar con un lenguaje muy contemporáneo una colección de lámparas modulares, de sobremesa y colgar. Se trata de piezas en las que quedan explícitas la herencia cultural, la artesanía de la mano de obra y la pureza del material de la firma Lalique.