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Ciudades que empiezan de cero

Vista aérea del proyecto Palm Island, un complejo de casas construido en la costa con forma de palma de árbol en Dubai

Vista aérea del proyecto Palm Island, un complejo de casas construido en la costa con forma de palma de árbol en Dubai

Las urbes nacidas de la nada como Las Vegas y Brasilia superan las barreras de la naturaleza

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Las ciudades de Brasilia, Dubai, Las Vegas y Osaka forman parte de un tándem de construcciones “artificiales” que han superado las barreras de la naturaleza y que constituyen un ejemplo de cómo para la arquitectura todavía no hay nada imposible.

El sueño de todo arquitecto ha sido y es construir a sus anchas. Desde que Las Vegas sentó las bases de las megaconstrucciones artificiales en tierra de nadie, otras ciudades han nacido para demostrar que la naturaleza ya no impide nada.

El siglo XX trajo consigo la superación de las barreras naturales de aire, mar y tierra. Mientras que los asentamientos del pasado buscaban la cercanía a fuentes de recursos naturales como ríos o la protección táctica que ofrecían las montañas, los nuevos sólo requieren una buena inversión y un sitio donde posarla.

Los macroproyectos de ocio son un ejemplo de ello y están a la orden del día. Eurovegas –la réplica europea de Las Vegas, que albergará Madrid en un futuro próximo– tratará de conformarse con ser la tercera en el ranking de las ciudades del juego.

Macao y Las Vegas se han convertido por ahora el club de las mayores construcciones hoteleras del ocio. El sueño americano de Las Vegas, uno de los principales atractivos turísticos de Estados Unidos, lo componen sus casinos destellantes y sus hoteles evocando a los principales monumentos del mundo, como lo son la Torre Eiffel o las pirámides de Egipto.

Contra todo. En el caso de Dubai y Japón son territorios que han sorteado los obstáculos de la naturaleza para sus pretensiones urbanísticas. En el caso del archipiélago, y como consecuencia de la falta de espacio terrestre en el país, se construyó una isla artificial para albergar en la bahía de Osaka el aeropuerto de Kansai, que fue inaugurado oficialmente en 1994.

La terminal, diseñada por el arquitecto italiano Renzo Piano, Premio Pritzker en 1998, está unida a la ciudad nipona por un puente de cuatro kilómetros para tráfico automotor y ferrocarril, y tuvo que vérselas contra los frecuentes terremotos que azotan Japón, y que implicó una fuerte inversión en ingeniería civil.

En Dubai, en cambio, el financiamiento parece no tener límite. Desde que la inmobiliaria Nakheel, filial del consorcio Dubai World, decidiera poner en marcha la Palm Yumeiraah, una isla artificial cercana a la costa con forma de palmera, el emirato no ha hecho nada más que demostrar que la arquitectura puede con todo.

A ella se le sumaron más tarde los proyectos de crear dos réplicas y un controvertido archipiélago artificial llamado The World Islands que, junto con los rascacielos y hoteles, entre los que destaca el Burj Al Arab, situado también sobre una isla artificial, hacen de Dubai un horizonte al ras de las nubes.

Ambición. En América Latina es Brasilia la que se lleva el primer lugar de la espontaneidad de la nueva arquitectura. El brasileño Oscar Niemeyer, discípulo del mismísimo Le Corbusier, tuvo la suerte de dibujar sobre plano la que sería la futura capital de su país, que más tarde sería declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Obras como el Palacio de Planalto (sede de la presidencia), el Palacio da Alvorada (residencia oficial del jefe del Estado), el complejo del Congreso Nacional, la Plaza de los Tres Poderes, el Palacio de Itamaraty (Cancillería) y la Catedral salieron de su mente.

Una idea que se hizo realidad en los años cincuenta y que ahora conformaría con seguridad una posición de privilegio en la Exposición Internacional de Arquitectura que se celebra cada dos años en la bella Venecia, y donde se dan cita nuevas propuestas singulares en los ámbitos de la construcción y la arquitectura. De la edición número 13 de la Bienal destaca por su iniciativa el Proyecto Olmos, que ha presentado Perú, y al que el propio comisario de la exposición, Enrique Bonilla, calificó como una “utopía andina”.

Y es que la propuesta pretende llevar ni más ni menos el agua desde el Amazonas hasta la costa peruana del océano Pacífico, y con ello, construir un túnel de 20 kilómetros por la cordillera de los Andes.

Pero eso no es todo, el pack incluye el levantamiento de una nueva ciudad, que pese a su novedad, trate de respetar la forma que tenían las creaciones artesanales de la civilización moche, que durante la época precolombina ocupaba las tierras que ahora albergan el proyecto.