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Arquitectura para los que no pueden pagar

Arquitectura para los que no pueden pagar

Arquitectura para los que no pueden pagar

Comenzó con viviendas para los afectados por terremotos y tragedias, luego enseñó a los ciudadanos a hacerlas

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¿ Qué arquitecto querría diseñar la casa de quien no puede pagarle? Shigeru Ban (Tokio, 1957) empezó por las emergencias. Con 37 años de edad, utilizó por primera vez en Ruanda las estructuras de tubos de cartón que le han hecho mundialmente famoso.

Ese mismo año, 1995, volvió a emplearlas en su propio país tras el terremoto de Kobe. No sólo construyó viviendas en una semana, también enseñó a los ciudadanos a hacerlas.

Lo mismo sucedió luego en Turquía, en India y en Haití.

En Madrid levantó un pabellón en el jardín del Instituto Empresa y habló a los patronos de la urgencia de compartir conocimiento. Sabe de qué habla: la mitad de su tiempo la dedica a gente que no puede pagarle.

--¿Qué tipo de arquitectos contrata usted? --Me interesa que entiendan mi manera de ver la arquitectura y mis valores.

--¿Cuáles son esos valores? --La modestia. La complejidad que se necesita para hacer las cosas sencillas. Odio el desperdicio. Siempre empleo lo que está disponible en cada lugar. Antes de que comenzara a hablarse de sostenibilidad, en 1986, ya me parecía de sentido común. No es sólo una cuestión ecológica, es simple lógica: en las emergencias sobra lo que no es necesario.

--¿Por qué le interesó la arquitectura de emergencia? --Me desilusionaba que la profesión de arquitecto sólo fuera conocida por la gente privilegiada y rica.

--¿Cree que el siglo XXI podría trasladar la arquitectura de los poderosos a los necesitados? --No. Aunque ahora hay muchos estudiantes interesados en lo que hago, pues hasta hace poco ellos soñaban con ser arquitectos estrella.

--¿Le motivó más inventar que conseguir resultados sociales? --Al principio sí. Utilicé papel prensado para una exposición sobre Alvar Aalto y comprobé que con ese material se podían construir estructuras. Aprendí que la duración de un edificio no tiene que ver con la fortaleza de los materiales, pues el hormigón puede ser destruido por un terremoto y el papel puede sobrevivir a ese mismo terremoto.

--Algunos de sus edificios de papel, como la iglesia de Kobe, se han convertido en permanentes.

--Incluso los edificios construidos con papel pueden permanecer siempre que alguien los cuide. Mientras el principal objetivo de los edificios sea hacer dinero, la arquitectura siempre será temporal.

--¿Cuándo, cómo y por qué decidió construir para la gente que realmente necesitaba esas casas? --Mientras estudiaba Arquitectura me daba cuenta de que no trabajábamos para la sociedad. Sólo lo hacíamos para la gente privilegiada. Pensé que era una pena.

--¿Ideales políticos, religión, educación? --No tengo idea, salvo que me parecía mal que la arquitectura estuviera encerrada en un gueto social. Los clientes potentados resultan cansinos, creen que el dinero lo puede todo y no es así.

--¿Cuánto dedica a la emergencia? --La mitad de mi tiempo.

Cuando sucede un desastre, más, claro. Las catástrofes son una escuela de vida, pero mi satisfacción es la misma cuando la gente entra a vivir en una de mis casas de emergencia que en otra que me han encargado. La diferencia es que el desastre no paga.

--¿No cobra nada? --No.

--¿Qué opinan sus padres de las casas de tubos de cartón? --Están orgullosos. Tengo buenos padres: hacer dinero no les interesa. Mi padre trabajaba para Toyota y mi madre tiene una tienda de ropa de mujer, Atelier Ban. Sólo diseña para mujeres y para mí.

--Lo acusan de haber desarrollado sus propuestas de emergencia para entrar en el club de los arquitectos --No me importa lo que digan. Hago lo que me interesa.

Continuaré haciendo trabajos de emergencia y haciendo viviendas. Todos los arquitectos que respeto ­Alvar Aalto, Louis Kahn o Mies van der Rohe­ diseñaron casas hasta el final. Creo que no hay mejor entrenamiento. Me gustan los arquitectos que buscan retos y no los que sólo se preocupan de mantener su statu quo, su posición.