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La zapatilla nacional conquista con empeño escenarios extranjeros

La bailarina Laleska Siedel Briceño / Manuel Sardá/El Nacional

La bailarina Laleska Siedel Briceño / Manuel Sardá/El Nacional

No pasan de los 22 años de edad. Sus historias hablan de ballet, sacrificios y mudanzas. Para alcanzar el éxito, ellos y sus familias han realizado grandes esfuerzos. Ahora cuentan felices los resultados. Laleska Siedel, Anthony Vivas y Daniel Ojeda son algunos de los jóvenes que comienzan a hacerse un nombre en el exterior. Así como otros antes que ellos, su sueño es formar parte de las principales compañías del mundo. A continuación un brevísimo resumen de sus experiencias

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Como su vida, la computadora de Laleska Siedel Briceño -cuenta su mamá- está llena de ballet. Tiene 13 años de edad. Nació en Trujillo, pero llegó a Caracas procedente de Barquisimeto. Es una venezolana que comienza a formarse un nombre en el extranjero. Además de triunfar en concursos en el país, acaba de obtener el primer lugar en la categoría Junior en el Stars of the 21st Century International Ballet Competition en Panamá, que se realizó en febrero. Su éxito, además del reconocimiento, le valió dos becas para estudiar danza en el exterior. Una es en The State Ballet School of Berlin, en Alemania; y la otra en el Next Generation Ballet de Tampa, en Estados Unidos.

Se inició en la danza con la maestra María Teresa Alford en Cabudare, estado Lara, por casualidad. Su madre, Yuemir Briceño, había inscrito a su otra hija, Valeria, en clases de ballet. Laleska las acompañaba. Al comienzo no le llamaba la atención. Pero los movimientos y la elegancia del arte la cautivaron. Ahora es ella quien no se aparta de la danza clásica, mientras que su hermana prefiere el hip hop. "Ha sido una experiencia gratificante, pero súper fuerte, porque es dividir a la familia. El papá se quedó en Barquisimeto con Valeria y nosotras vamos cada 15 días. Es un sacrificio que hacemos por Laleska, porque de verdad a ella le gusta. Dice que sueña con bailar en el Bolshoi", relata su madre.

"Cuando veo a bailarines muy buenos, me motivo a seguir trabajando para llegar a ser como ellos. Al principio era muy floja, pero ahora me encanta", cuenta Laleska, fanática de las bandas One Direction y Coldplay.

No había salido antes del país y asegura que fue muy emocionante: "Los maestros me decían que era muy buena. Hablaban en inglés, yo no entendía mucho, pero mis amigas me traducían". Allí se tomó fotografías con todo el que quiso, relata su profesora Estela Quintana, directora de la Fundación Ballet de las Américas -que este año cumple dos décadas-, compañía en la que Laleska estudia desde hace un año gracias a una beca.

De la misma institución proviene Anthony Vivas, un tachirense de 22 años de edad quien también resultó ganador en la competencia en Panamá, pero en la categoría Profesional. Ha participado en certámenes, espectáculos y festivales en Venezuela y países como Rusia, Alemania, Turquía, Brasil, Bulgaria y Cuba.

La experiencia le robó la pena y no teme responder sobre su aprendizaje, las amistades que conserva de los viajes, su pasión por el estudio y su deseo de crecer en la danza. "En una de las idas a Alemania me hice muy amigo de un chico de Corea del Sur, él baila danza contemporánea. Para la competencia de Panamá nos pedían una pieza en ese estilo y le pregunté si podía usar una de las suyas. Emocionado, me dijo que sí. Tenía su video bailando y me aprendí la coreografía. Al final me gané la medalla de oro. Cuando se lo conté se puso muy feliz", relata el joven, que sólo escucha música en inglés para practicar el idioma.

"La gente cree que estudiar sólo puede ser ir a la universidad y no se da cuenta de que el ballet también es un estudio. Estás en constante aprendizaje. Quién dice que esta competencia no fue un posgrado y la medalla mi título. Siempre eres alguien en la vida cuando haces cosas buenas".