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Las villanas son monstruos que no pierden el glamour

Ivonne Attas es la actriz más recordada entre los consultados

Ivonne Attas es la actriz más recordada entre los consultados

Las antagonistas de las telenovelas se han reinventado al ritmo de los nuevos tiempos y de la legislación nacional. Son más humanas y menos crueles ante los ojos de algunos especialistas

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Una villana venezolana que gane sueldo mínimo no dura dos capítulos. Necesita tener un armario lleno de lujosos vestidos, un frasco de veneno, un revólver (por si falla la poción), unas cuantas botellas de vino, además de un diccionario de insultos originales (para que la protagonista no sea solo una “escuincla babosa”).

Son mujeres poderosas desde el primer episodio. Eso lo sabe el público y las actrices del país que se han atrevido a montarse en los tacones de la mala, esa que hoy en día debe dominar el arte de hacer sufrir a la protagonista sin llamar demasiado la atención de Conatel.

Ivonne Attas es una de las intérpretes más recordadas por sus papeles de villana en las telenovelas de la escritora Delia Fiallo. Su debut como malvada en Lucecita y su doble papel en Una muchacha llamada Milagros marcaron la carrera de quien más adelante se convirtió en alcaldesa del municipio Baruta.

Bárbara Teyde le hizo competencia cuando se popularizó con el papel de Sofía en La usurpadora. “Son dos de las actrices que desde los años sesenta le hicieron la vida imposible a las heroínas de los culebrones”, dice el periodista Aquilino José Mata. “Recuerdo a la venerable René de Pallás, quien ya anciana encarnó a una de las malvadas más célebres en El sol sale para todos”.

Con el paso del tiempo, las villanas han tenido que reinventarse. Sin embargo, Mata considera que el perfil no ha cambiado mucho. “Las que sí lo han hecho son las actrices que las interpretan, pues las de antes eran unas señoras todo terreno, con la sólida formación actoral que le falta a la mayoría de las de ahora”.

José Simón Escalona, vicepresidente de Producción de RCTV, recuerda el papel antagónico de Doris Wells en Historia de tres hermanas. Aclara que estos personajes actualmente son menos estereotipados. “La telenovela tiene grandes retos para sobrevivir y competir con una nueva televisión, además de diversas plataformas de distribución de contenidos. Game of Thrones, por ejemplo, es una telenovela despiadada con un presupuesto inimaginable y una estructura seriada que la encubre”.

El escritor Carlos Pérez alaba a Marina Baura en Doña Bárbara, a María Cristina Lozada como Purificación Burgos en La dueña y a Flor Núñez como Pastora Lara Portillo en El desprecio. “Ella misma hizo después en una de mis novelas (Sacrificio de mujer) una villana tan villana que fue capaz de suicidarse solo para llevarse a la tumba el secreto clave en la paz de los protagonistas”, relata.

“Otra que necesariamente siempre evocaré es Andreína Vallejo en De todas maneras Rosa y no porque la haya concebido yo, ni por el gran papel que hizo Norkys Batista, sino porque que me trajo las incomodidades públicas y notorias que no quiero recordar”, señala Pérez en referencia al comentario que hizo el presidente Nicolás Maduro, a quien le parecía inadecuado el personaje. “Se ha echado al pico a más de nueve. ¡Hasta a su madre la mató! Y es la héroe (sic)”, dijo el mandatario en enero de 2014.

“Es posible que exista alguna suerte de prevención en los escritores para no tropezar con el poder y que ello haya influido en que se suavizaran algunas maldades”, continúa el escritor, quien es el autor de Entre tu amor y mi amor, telenovela de Venevisión que se estrenará el próximo mes.

Carlota Sosa será la antagonista de la historia. La actriz considera que las villanas parecen menos crueles hoy en día por la globalización. “Las de antes estaban inspiradas en Lady Macbeth, por ejemplo. Hoy se parecen más a la madrastra de Cenicienta. Eso sí, una buena villana tiene que ser muy sexy. A partir de eso, viene lo demás”.

Sosa interpretó a Marbelis en la telenovela Válgame Dios, uno de los tantos personajes que recuerda la investigadora Carolina Acosta-Alzuru, quien no cree que las villanas de hoy en día sean menos crueles que las de antes. “Por razones políticas, legales y económicas la telenovela venezolana se ha ido más hacia la novela tradicional. Lo importante es que logre una aparente contradicción que es clave: que el público ame odiarla. Las grandes villanas son carismáticas”.

Constitución Méndez lo fue en Señora. Caridad Canelón interpretó el papel de la malvada en ese entonces y Martin Hahn la vuelve a poner en ese rol para su novela Corazón traicionado. “Las villanas contemporáneas son más emotivas que antes, demuestran una gama de sentimientos y no solo el goce por la maldad, aunque hacer villanías es lo que más las destaca. Al final, se justifican sus acciones con algún trastorno de personalidad”, cuenta el escritor.

Un final terrible y aleccionador siempre las espera, según Mónica Montañés, quien recuerda a Hilda Abrahamz en Kaina y a Miriam Ochoa en Las amazonas. “En rigor, una telenovela es la lucha del bien contra el mal y la gente necesita la certeza de que el lado oscuro va a perder la batalla. Como no pasa en la vida real, necesitamos que al menos ocurra en las telenovelas”.