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Día de la Independencia: Contraataque, una venganza alienígena a medias

Jeff Goldblum y Bill Pullman vuelven a formar parte del elenco | Google

Jeff Goldblum y Bill Pullman vuelven a formar parte del elenco | Google

En la segunda parte de la saga dirigida por el cineasta Roland Emmerich, la intención de sorprender y entretener al espectador se diluye en un guion con argumentos predecibles que no generan tensión

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A Roland Emmerich se le perdió el conejo en el sombrero. Han pasado 20 años desde el estreno de Día de la Independencia y sorprender es más cuesta arriba en una secuela que se estrena después de hechos históricos que han rebasado la ficción que presentó en ese momento.

Un quinquenio antes de los atentados a las Torres Gemelas el cineasta marcó a una generación con imágenes en las que el Empire State y la Casa Blanca eran atacados por naves alienígenas, aunque tampoco era la primera vez que el cine mostraba lugares simbólicos de Estados Unidos destruidos. Desde entonces, incluso, se popularizaron las historias apocalípticas, muchas de ellas prescindibles. 

Las expectativas se desploman como las ciudades caídas por el rayo extraterrestre en la secuela Día de la Independencia: Contraataque, que se estrena hoy en el país. En la primera entrega Emmerich es el guionista junto con Dean Devlin, pero esta vez no reparan en la vieja advertencia sobre las muchas manos en el caldo. En esta oportunidad la dupla comparte responsabilidad en la historia con Nicolas Wright, James A. Woods y James Vanderbilt.

Hace dos décadas la trama atemorizaba con esa sombra que se cernía sobre la Tierra, un suspenso bien trabajado ante lo desconocido, a la vez que la humanidad improvisaba cómo enfrentar la extraña amenaza. En la nueva película, los responsables dan por sentado que el espectador sentirá temor por lo que acontece. En esta ocasión no hay juegos previos. 

La Tierra está en paz, desde la derrota de los alienígenas en 1996 no ha habido más conflictos bélicos y el mundo pareciera estar a punto de concretar el sueño que tuvo John Lennon cuando compuso “Imagine”. Aprendieron de los errores y supuestamente están preparados para enfrentar otra amenaza al aprovechar la tecnología de los atacantes foráneos para desarrollar equipos de guerra. 

En ese contexto, los pilotos Jake Morrison (Liam Hemsworth) y Dylan Hiller (Jessie T. Usher) forman parte de un reducido grupo de pilotos sobre el que recaen las esperanzas para acabar con el nuevo ataque. 

En este largometraje se extraña un personaje como el que encarnó Will Smith en la anterior. Los realizadores quisieron establecer un vínculo afectivo al colocar en la trama a Dylan Hiller como el hijo del héroe de la primera entrega, pero queda en la mera intención. En esta ocasión aparecen los entrañables David Levinson (Jeff Goldblum), Brackish Okun (Brent Spiner) y Thomas J. Whitmore (Bill Pullman). 

Smith aseguró que no formó parte del elenco por los compromisos con el rodaje de Suicide Squad. “Estaré sentado con lágrimas en mis ojos cuando la exhiban en los cines. Fue terrible cuando me enteré de que mi personaje había muerto”, dijo el actor hace unos meses. 

El filme tiene momentos entretenidos, pero que decaen por la poca solvencia del guion y los diálogos predecibles. 

Día de la Independencia: Contraataque tiene una mujer como presidente de Estados Unidos, un mensaje que podría tener una lectura partidista en plena campaña electoral. Sin embargo, el tratamiento del personaje a lo largo de la historia puede generar molestias.

Un clásico cuestionado 

En 1996 Día de la Independencia generó críticas de todo tipo. Algunos quedaron deslumbrados por los efectos especiales y el planteamiento de destrucción masiva. Otros cuestionaron el filme de Roland Emmerich por su discurso pro supremacía estadounidense.

Comentarios a favor o en contra, la cinta que tuvo un presupuesto de 75 millones de dólares se convirtió en la más taquillera de ese año. En Estados Unidos recaudó 306 millones de dólares y en todo el mundo más de 817 millones. 

En ese entonces Will Smith dejaba de ser el príncipe del rap que lo hizo famoso para convertirse en uno de los actores más queridos por el público en general en los últimos 20 años. 

“Hasta The New York Times, cuyos críticos son conocidos por su estricto y conservador análisis, se ha deshecho en elogios con Día de la Independencia; predice que barrerá internacionalmente y acaba con una frase animando a la gente a que vaya a verla”, escribió en julio de ese año Juan Cavestany en el diario español El País sobre el largometraje que ganó el Oscar a Mejores Efectos Visuales. 

Lisa Schwarzbaum, en Entertainment Weekly, también aprobó hace dos décadas el filme. “Representa una versión bastante particular del humor estadounidense en este momento. Eso es lo que creo que hace a la película un emblema de la sensibilidad cinematográfica de finales de los noventa, como en los setenta lo fue la serie Airport”.