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"A veces la vida real es la peor telenovela"

El actor Josué Villaé | Cortesía

El actor Josué Villaé | Cortesía

El actor Josué Villaé interpreta a Bruno Álvarez en Corazón Esmeralda. Hijo de una madre soltera, el año pasado el intérprete se embarcó en la aventura de encontrar a su padre, con quien finalmente se reunió en diciembre

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El Míster Venezuela del año 2000 fue la plataforma de Josué Villaé. Desde ese año, el cumanés es una presencia constante en las telenovelas de Venevisión. En 2014 asumió el papel de Bruno Álvarez, un antagónico, en Corazón esmeralda Su propia vida es digna de una telenovela. Nunca conoció a su padre y el año pasado emprendió su búsqueda. Después de investigar durante varios meses, armado solo con el nombre de su papá, lo encontró en Barinas. Dice que no le pidió explicaciones y asegura que lo importante es aprovechar el tiempo. Añade que esa experiencia lo convirtió en una mejor persona y que supo que nunca abandonaría a un hijo.

Sobre el tema de la censura en Corazón esmeralda , señala que las telenovelas no son responsables de la delincuencia ni de la violencia. Dice que evadir los sesgos que les imponen se convierte en una proeza creativa.

--¿Cómo es Bruno Álvarez? --Bruno es el encargado del Club Salvatierra y el amante de Lorena, novia del señor Salvatierra. Él es la mano derecha de Marcelo Egaña, el personaje de Jorge Reyes; es quien ejecuta todas sus maldades. Es malo, avaro, egoísta, quiere quedarse con parte de la fortuna de los Salvatierra. Hace mil y una trampas para lograrlo.

--¿Alguna vez ha hecho alguna travesura o una trampa? --¡La verdad es que no! Bruno no tiene nada que ver conmigo, no nos parecemos en nada. Él es calculador, vengativo. ¡Yo no!

--Recién acaba de encontrar a su padre. ¿Por qué decidió buscarlo a esta edad? --Había pensado en eso desde que tenía 15 años más o menos, pero para ese entonces no existía Internet. Le había escrito una carta a una dirección que mi papá le dejó a mi mamá cuando se separaron, pero él ya se había mudado. Siempre tuve la ilusión de que iba a aparecer. Pero el año pasado decidí investigar en Internet y encontré un teléfono. Lo llamé y le hice tres preguntas. Con la última pegó un grito y me dijo: "Yo también te he estado buscando". En el momento me quiso explicar muchas cosas, pero preferí que no lo hiciera porque eso ya no sirve de nada. Lo que nos queda es disfrutar y aprovechar el tiempo que nos queda de vida.

--¿Durante estos años no sintió resentimiento? --¡Para nada! No guardo resentimientos porque no me gusta cargar energías negativas. El rencor es un sentimiento destructivo para quien lo alberga. Siempre pensé que mi papá aparecería y así fue. Nos hemos visitado, hablamos casi todos los días. Somos como dos amigos.

--¿Abandonaría a un hijo? --Nunca abandonaría a un hijo.

Los dos padres son fundamentales para el crecimiento de un niño. Mi mamá me crió soltera pero no sola, porque mi familia siempre estuvo ahí. La educación para mí fue fundamental, los principios, los valores, la ética del trabajo. Y eso se lo agradezco a mi mamá, aunque siempre me pregunté quién era mi papá. Crecí con esa duda pero aprendí a vivir con ella y no dejé que me llenara la cabeza. Todo lo que viví lo agradezco porque sin eso no sería la persona que soy ahora.

--¿Cree que las telenovelas influyen tanto en el público que necesitan ser censuradas? --Pienso que los dramáticos no influyen en el televidente porque a veces la vida real es la peor telenovela. La televisión trata de hacer las cosas lo más rosa posibles y la vida real es más dura, más trágica. Los venezolanos nacimos con telenovelas; yo he visto miles a lo largo de mi vida y no soy un malandro. Son más bien aspiracionales, por eso no puedo estar de acuerdo con la censura.

--¿La censura puede ser un reto creativo? --¡Totalmente! Por lo menos para mi personaje en Corazón esmeralda lo es. Es malo, pero no puede ser agresivo. Debe ser simpático y sacar las garras al mismo tiempo. Su maldad es disfrazada.