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Este es el único “gigante eterno” que conoce “Nacho”

Miguel Ignacio "Nacho" Mendoza | Foto: Captura

Miguel Ignacio "Nacho" Mendoza | Foto: Captura

El cantante publicó una foto en la cual aparece sentado dentro de una iglesia 

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Miguel Ignacio Donatti, mejor conocido como “Nacho”, publicó una imagen a través de su cuenta en Twitter en la cual aseguró que el único “gigante eterno” es Jesucristo y no el fallecido presidente Hugo Chávez con lo aseguran los dirigente socialistas.

El músico lamentó la muerte de Sofía, una niña que sufría de una enfermedad. En la mencionada red social “Nacho” expresó sus sentimientos y reconoció que la menor de edad fue el motor que unió e impulsó a un gremio. “La protagonista de un movimiento puro”, dijo.

Foto: Twitter

A continuación el texto completo:

Lo que dejaste al marcharte. Ayer no quise escribir sobre tu partida. La tristeza que dejó tu retirada en mí, y en quienes te conocimos, por muy grande que sea, es una pizca de arena comparada con el desierto de pena que debe estar sintiendo la persona que más te amó en vida y quien aún después de tu despedida, te seguirá amando más.

No me sentí digno de expresar dolor solo por ser otro que se sumó a tu causa, únicamente otro que compartió por un momento tu lucha, que se impregnó de tus ganas de vivir, del anhelo de una madre de ver a su hija crecer sana, fuerte, bella. Solo Dios sabe dónde está lo perfecto de su tiempo; yo sigo sin comprender, pero me obligo a creer en sus motivos para no perder la esperanza, para saber agradecer la bendición de un nuevo día.

Fuiste una razón de unión, el impulso de un esfuerzo colectivo, la protagonista de un movimiento puro, que desprendió a mucha gente del deseo de alcanzar un beneficio para sí mismo; no fue íntimo, no fue individual. Fuiste la punta de lanza de la más hermosa intención: trabajar estimulados por el interés de ayudar al prójimo.

Te tomé de la mano, caminé contigo, me gané una sonrisa (quizás solo una), respiramos smog, tuvimos fe en que la caridad de los seres humanos nos ayudaría a alcanzar un objetivo, una meta que representaría el avance hacía esa última batalla que perdimos. La gente respondió por ti, Sofía, resaltaste lo mejor de sus corazones.


Aunque no exista una excusa válida que brinde resignación para tu adiós (y pensar en encontrarla sería insultar el deseo de quien te cargó en su vientre, de que estuvieras "físicamente" presente) hay un combate que no se perdió. Gracias a ti somos más sensibles, más generosos, menos ególatras. Gracias a ti entendemos lo efímero de todo, lo frágiles que somos.

Gracias a ti, sabemos que el instante es hoy; para perdonar y pedir perdón, para amar y dejarse amar, para vivir y permitir vivir. Sigo sin sentirme acreedor del permiso de manifestar aflicción por tu ida, pero gracias a ti sé que es hoy. No pasaste por el mundo en vano. Descansa en paz, preciosa Sofía.