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La tradición védica halló un traje occidental

El cantautor vislumbra presentaciones en directo de la obra en teatros del mundo | Cortesía Ilan Chester

El cantautor vislumbra presentaciones en directo de la obra en teatros del mundo | Cortesía Ilan Chester

La obra sinfónico-coral, en cuya grabación participaron la Sinfónica de Venezuela y el Orfeón de la UCV, adorna textos milenarios

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La historia es la siguiente: Ilan Chester estaba de visita en Nueva York. Mientras su esposa, Merci Mayorca, hacía un curso en Apple, él invertía su tiempo en el hotel asumiendo dos papeles: a ratos era el músico, que se sentaba a tocar y jugar con el teclado; y, luego, se paseaba por textos milenarios de la tradición india, sus lecturas habituales como devoto de Krishna. La magia ocurrió, los mundos se superpusieron y comenzaron a surgir poderosas melodías que ahora son parte de la obra sinfónico-coral Symphony of the Soul.

El álbum del autor de “Cerro Ávila” es el resultado de una búsqueda espiritual de por lo menos 40 años. En 1998, mismo año en que presentó su primer Cancionero del amor venezolano, había grabado Bhakti, en el que incluyó una serie de cánticos en formato unipersonal.

Ahora decidió embarcarse en una misión más ambiciosa, en la que colaboraron 200 personas. Abordó y musicalizó textos antiguos –inspirados en los vedas– en idiomas bengalí y sánscrito, pero lo hizo a su manera: por primera vez esos mensajes son transmitidos a través de los códigos sinfónico-corales de occidente. Para ello contó con la ayuda de Tulio Cremesini y César Alejandro Carrillo.

“Es un trabajo de inspiración profunda. Soy un estudiante de la cultura ancestral de la India y hasta tengo una casa allá”, dijo el artista, que hoy casualmente se encuentra en ese país. “No hablo de la India moderna, que es una combinación de gran opulencia y enorme desastre. Me refiero a la herencia extraordinaria que son los vedas y su aspecto devocional. Su objetivo es informarle al público que, más allá de lo sensorial, existe un plano trascendental al cual pertenecemos”.

Cuando se refiere a Symphony of the Soul, se entusiasma. Escoge bien sus palabras, como es su costumbre, pero se rinde ante la exaltación: “Cuando quieres decir algo prefieres hacerlo en voz alta”, manifiesta y, como para justificar su emoción, exclama: “¡Cómo una amiba como yo se metió en los escritos de personalidades ejemplares! ¡Es un enorme privilegio!”.

Con el artista, quien grabó la voz y el piano, compartió la Sinfónica de Venezuela y el Orfeón de la UCV. Las sesiones se realizaron, con el apoyo de los ingenieros Rafael Rondón y Ramón Valery, en la sala José Félix Ribas del Teresa Carreño. Y el disco fue masterizado por Ian Jones en los estudios Abbey Road de Londres.

“La cosa no se queda ahí. Quisiéramos ir a los teatros del mundo”, advierte. Para ello está estableciendo contactos con personalidades como Karl Jenkins, un compositor inglés experto en obras con intencionalidad espiritual. También se ha conversado con realizadores vinculados con Pixar para generar una puesta en escena idónea.

Symphony of the Soul es una obra monumental, en la que Ilan Chester no necesitó desdoblarse. Es uno solo. Su pasión, tanto la musical como la religiosa, se cuela por cada rincón de esos 10 episodios. Es una celebración o, como él mismo lo define: “El despertar a una realidad maravillosa”. Aunque de pronto resulte casi imperceptible, están allí muchas de sus influencias. Quizá en menor medida el rock n’ roll, el blues, el R&B y lo caribeño que tanto le gustan. Pero sí con acento en lo clásico y, especialmente, lo medieval.