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"Quienes trabajan en teatro perdieron la capacidad de hablarse"

El director de teatro Dairo Piñeres

El director de teatro Dairo Piñeres

El profesor de Unearte afirma que es necesario revisar las políticas culturales para hallar espacios de encuentro. Agrega que la polarización del país hace daño al ciudadano porque lo aleja del arte

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Pausa es una palabra que no existe en la vida de Dairo Piñeres. Para él no hay vacaciones ni días libres. El director de teatro ha hecho comedias, tragedias, dramas, piezas infantiles, de adulto, de calle, de sala y ahora muñecos de trapo con los genitales expuestos: XXX Títeres porno, montaje que se presenta actualmente en Urban Cuplé. Pero no sólo allí se lee su nombre. La cartelera lo menciona constantemente.

Se destaca por el cabello afro que enmarca su rostro redondo, el piercing y su tono de voz grave. Pero también por su tenacidad. A pesar de los obstáculos que representa la polarización en el país, él ha sabido sortearlos para mostrar los montajes de su grupo Séptimo Piso. “Yo afronto el arte con honestidad, humildad y siempre tratando de hacer lo mejor posible. No me gusta la mediocridad, nunca sacrifico la calidad, aunque haga muchas obras seguidas”.

—Cuando uno revisa la cartelera teatral, muchas de las obras son dirigidas por usted. ¿Qué lectura hace de eso?

—Tengo muchas obras porque dirijo desde muy chamo. De hecho, muchas personas que me vienen a entrevistar me llaman “señor Dairo” y yo les digo: “No, ¡qué señor!” (risas). Aprendí a dirigir en crisis y con pocos recursos. Yo dedico mi vida a la dirección teatral. En la mañana, en la tarde, en la noche. En cualquier espacio, sala, momento. Me gusta abrirme a todas las posibilidades. Y tengo un grupo muy activo porque ha aprendido, igual que yo, que la experiencia se hace en las tablas.

—¿Cómo marcó su carrera el haber dirigido en crisis?

—Me dio el impulso para trabajar y así conseguir lo que quiero. Me planteaba lo mínimo que necesitaba para hacer lo que me había propuesto y así empecé a darle una movilidad distinta al espacio. Crear un grupo siendo tan joven no es fácil, nadie te apoya de la noche a la mañana, cuesta mucho empezar en este país. Luego vino el teatro comercial y me sirvo de él para mostrar mi trabajo y lo que sé hacer. También para ganar dinero y poder crear obras que a lo mejor no tienen tanto público, pero que enriquecen el alma del director, de los actores y de las tres personas que van a verla.

—¿Es de los que piensa que un director debe sacrificar al público por satisfacer el alma creadora?

—No. Hay que hacer de todo para que el público vaya a la obra. Evidentemente el apoyo publicitario es clave, pero es muy difícil de tener. Una cuña de televisión, un aviso de prensa, todo es muy costoso. Incluso sacar unos pendones es caro y no tenemos quien nos apoye en eso. Pero ahora contamos con redes sociales como Facebook y Twitter. Hay que aprovecharse de eso porque es gratis. Uno tiene que saber usar las nuevas tecnologías para hacer otro tipo de publicidad. Nunca hay que desfallecer.

—Existen dos sectores teatrales marcados: el del este y el del oeste. ¿Qué daño hace esa división?

—Hay gente muy radical y creo que se está perdiendo de cosas buenas, tanto de unos grupos como de otros. Tenemos que aprovechar lugares como el Teatro Nacional, nada más sentarse ahí es impresionante, un sitio tan histórico. Al igual que ir al Trasnocho, que es la nueva realidad teatral. Cuando la gente se dé cuenta de lo que se cierra por razones políticas, verá que pierde también momentos de vida.

—¿Y cómo generar convivencia desde la cultura?

—Creo que nos tiene que ayudar mucho el Estado y la misma gente. Nosotros no nos hemos reencontrado. Quienes trabajan en el teatro perdieron la capacidad de hablarse. Cada quien está en su sitio de confort, en su hueco. Y ahí me incluyo. Vamos a reunirnos para ver qué hacen los otros colegas, qué actores nuevos hay. En una época lo hacíamos. No hay un festival donde nos encontremos. No hay un lugar para nosotros y tenemos que hallarlo.

—Hablamos de políticas culturales. ¿Cómo ve el panorama desde ese ámbito?

—Las políticas se tienen que revisar. No hemos tenido un buen ministro que de verdad las impulse para que se sienta un alto nivel cultural y nos estamos perdiendo un buen momento por el auge del teatro. Tenemos años con estos polos y siento que no hay un espacio para todos. Yo trabajo mucho y tengo amigos chavistas y opositores. Yo no tengo subsidio del Estado, pero tampoco lo recibo de los entes privados. Hago una obra con Norkys Batista y mis amigos chavistas dicen que soy opositor. Hago una obra de César Rengifo y los otros me dicen que me vendí. ¡Yo no me vendo a nadie! Yo hago teatro y esa es mi única política. Hay que revisar qué está pasando. Yo viví los últimos momentos de José Antonio Abreu como ministro de Cultura y, aunque su área era la música, había una política clara para el teatro. Desde el punto de vista humano no nos hace bien que haya dos bandos tan polarizados. La gente se ciega y no ve que hay opciones, que uno tiene que reclamar también, porque a mí no me regalaron lo que tengo. Yo lo he conseguido. No me lo regaló Chávez ni me lo va a regalar Capriles. Uno debe defender lo que piensa. Nos merecemos un espacio.

—¿Cuál sería ese espacio?

—Más participación en las políticas culturales, en el Gobierno. Tenemos que encontrar la manera de que el teatro sea subsidiado. A lo mejor me paso de inocente, pero creo que hay una manera de hablar, de decirle al Estado: “Hey, nosotros también estamos aquí”. Yo lo voy a seguir intentando. Creo que no podemos perder la esperanza. Todavía hay cosas por las que luchar y por las cuales seguir haciendo teatro. Ambos lados nos tienen que escuchar. Y yo trato de que lo hagan a través de mis obras. Ha habido intentos, pero hemos perdido líderes en el área cultural. Cuando yo era joven recuerdo que quería pertenecer al Rajatabla, al Grupo Actoral 80… Ahora a los chamos les da igual. Tiene que haber líderes en el teatro. Alguien tiene que invitar a todos a conversar, a debatir.

 

EPÍGRAFE 1

“No podemos perder la esperanza. Todavía hay cosas por las que luchar y por las cuales seguir haciendo teatro”

 

EPÍGRAFE 2

“La gente se ciega y no ve que hay opciones, que uno tiene que reclamar también, porque a mí no me regalaron lo que tengo”

 

RECUADRO

Retrovisor

Dos décadas

y no hay

cansancio

La cantante calva de Eugène Ionesco –que habla de la incomunicación del hombre– es la pieza que más temporadas ha tenido en el registro artístico de Dairo Piñeres, que suma 112 obras. Comenzó cuando tenía 17 años de edad, por instinto, y luego se formó en el Instituto Universitario de Teatro, que después se convirtió en la Universidad de las Artes, de la que ahora es profesor.

Diversos talleres, tanto en el país como en el exterior, no sólo de dirección sino de actuación, televisión y ópera, han dado forma a su carácter. “Al principio no sabía nada, evidentemente. Me busqué a unos locos que creyeron en mí y empecé a dirigir. Desde muy chamo estaba claro en que eso era lo que quería hacer”, dice.

Piñeres es firme en su posición de que hay que seguir haciendo teatro. Está seguro de que Venezuela puede ser una ventana al mundo en el área cultural. Para el director no hay tregua ni descanso. “Yo quiero seguir haciendo teatro, muchísimo teatro. Y también cine, escribir algo, no sé... Vamos a ver”.