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De todas todas se pregunta sobre el género del amor

De todas todas es una comedia de José Simón Escalona / Manuel Sarda/El Nacional

De todas todas es una comedia de José Simón Escalona / Manuel Sarda/El Nacional

En la obra de José Simón Escalona actúan Nacho Huett y Gonzalo Velutini. Dirige Javier Vidal

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De todas todas es una comedia de José Simón Escalona que reescribe la célebre Pigmalión en los términos de una relación homosexual con el objeto de cuestionarse si el amor tiene género. Así, la obra de George Bernard Shaw –escrita a partir del relato de la antigua Grecia sobre la relación del rey Pigmalión de Chipre con la estatua Galatea– adquiere un significado más profundo al cotejarla con la realidad social venezolana.

El guión arranca las risas de los asistentes, a la vez que los obliga a reflexionar sobre el sentido de las relaciones de pareja. “Diez años haciendo el amor con un mismo amor no se inventan”, piensa en voz alta el homosexual maduro (encarnado por Gonzalo Velutini) cuando su joven amante (Nacho Huett) lo acusa de teatral y mitómano. Después de una década, de finalizar el bachillerato y de sacar una carrera a costa de ese hombre, el más joven intenta abandonar a quien todo le debe para establecer una relación con una mujer. Pero pronto tiene que encontrarse con su propia realidad y cuestionarse sobre su identidad, más allá de su orientación sexual. Esto lleva a una encrucijada de sentimientos cuando el mayor se pregunta si el cariño puede confundirse con el amor, y el más joven intenta descubrir si puede encontrarse a sí mismo en una realidad distinta de la que aprendió con su amante.

Con esta obra que cierra la “trilogía de la esperanza” de Escalona, iniciada por De todo corazón y De todos modos, el dramaturgo vuelve sobre el tema de la relación entre el hombre mayor y el efebo que puebla la literatura desde la época de los griegos antiguos. Pero la pieza que dirige Javier Vidal ofrece una perspectiva que termina por cuestionar la cultura patriarcal venezolana, cuya pacatería queda en evidencia en el personaje del joven nacido en el litoral, que asume que, a pesar de haberse criado con un amante homosexual, su vida sólo estaría completa con una mujer. Es cuando las expresiones de los actores en escena levantan los velos de los eufemismos que la obra funciona mejor. Un ejemplo de esto es cuando el efebo cuenta la historia de su hermano “chulo”, que se convierte en un símil de la relación que ha sostenido él mismo durante dos lustros con un hombre mucho más refinado que él y que ha terminado por enseñarle más cosas que cómo sostener el tenedor, ordenar los espacios en una casa, cuidar de su cuerpo o de su espíritu: le ha demostrado qué tipo de identidad puede construirse y el valor de esta.