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La tempestad: un viaje a la trascendencia del hombre

Foto Manuel Sardá

Foto Manuel Sardá

La versión que realizó Francisco Salazar de la pieza de William Shakespare está fundamentada en el trabajo de los actores. En una atmósfera despojada de escenografía convive una historia de perdón con la simbología

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En La tempestad de William Shakespeare, Próspero ha quedado abandonado en una solitaria isla. Luego de haber sido expulsado por su hermano, se dedicó al estudio de la magia. Lo acompañan dos seres sobrenaturales: Ariel, el espíritu del aire; y Calibán, el de la tierra. Al enterarse de que sus enemigos navegan aguas cercanas, decide iniciar una venganza que finalmente abandona. Imperan el perdón y el olvido.

Pero a Francisco Salazar, director del montaje, lo que menos le atrae es narrar la historia. La adaptación que realizó de una de las últimas piezas del autor inglés se orienta a universos existencialistas, colmados de surrealismo. Su interés es la indagación psicológica sobre la trascendencia del hombre y su destino. Se presenta el texto, entonces, deconstruido en imágenes simbólicas de la vida.

La versión que hizo con su agrupación Pantheo Teatro de La tempestad se estrena hoy en el Trasnocho Cultural, protagonizada, entre otros, por  Humberto Ortiz, Natasha Pucheu, Ray Viloria, Beusi Araque y Oliver Morillo.

“Tengo una filiación particular con Shakespeare. Es un autor que uno debería trabajar siempre, porque es un genio del conocimiento del alma humana a través de sus personajes. Esto le permite a uno como inventor de juegos escénicos ir muy hondo en la investigación sobre el comportamiento de los seres”, señala el director. Agrega que ha tenido la obra en mente desde hace tiempo por lo fascinante y misteriosa de la historia, por sus elementos mágicos, mitológicos, que ha explorado a través de sus estudios sobre la psicología de Jung.


Historia intervenida. En la versión de Salazar se entremezclan textos de otros autores, como Miguel de Unamuno –y su sentimiento trágico de la vida–, el analista junguiano Rafael López Pedraza y Rainer Maria Rilke, poeta alemán del que toma algunos versos de El libro de las horas. Todo en un ambiente despojado de escenografía en el que predominan elementos de la estética de Armando Reverón –en la que el director profundizó luego de la lectura de Los incurables de Federico Vegas–, así como cantos y sonidos que ocupan el vacío.

“No es un montaje clásico, sino que apunta a la inteligencia profunda del hombre contemporáneo. No me preocupé por echar el cuento sino por reinterpretarlo y esto tiene que ver con puntos cruciales: el sentido de la vida del ser humano, la misión que nos toca realizar, las grandes preguntas que nos hacemos acerca de quiénes somos y la posibilidad de crear una sociedad más elevada a partir de la convivencia y el perdón. Un asunto muy pertinente para nosotros en este país hoy en día: la posibilidad de la reconciliación social. Próspero es un personaje trascendente, un mago que trata de utilizar su alquimia para construir un nuevo mundo”, dice Salazar.

Para el montaje de La tempestad, al igual que en sus otras experiencias escénicas, Salazar hizo énfasis en el trabajo con los actores. Las investigaciones artísticas pueden durar hasta un año. Su interés no está en entretener sino en generar un espacio para la reflexión: “El teatro para mí es un fenómeno humano trascendente, que le sirve a la gente para indagar en su propia existencia y sobre su propia realidad como comunidad. Nunca lo he podido entender como divertimento. Así no tiene sentido para mí. Es una función creativa que debe tocar con profundidad el alma del espectador. La escena de hoy en día apuesta casi exclusivamente por el entretenimiento; por eso el teatro que yo hago no está muy de moda”.


La tempestad

Espacio Plural, Trasnocho Cultural, Paseo Las Mercedes

Estreno: hoy

Funciones: viernes y sábado, 9:00 pm; domingo, 7:00 pm

Entrada: 160 bolívares