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Con temas de Guaco hablan de la duda de una generación

La obra se desarrolla en un bar llamado El Pastelero | Foto WILLIAM DUMONT

La obra se desarrolla en un bar llamado El Pastelero | Foto WILLIAM DUMONT

Vivo-El musical, escrita por Eduardo Sánchez Rugeles, cuenta la historia de una mujer treintañera que reflexiona sobre la idea de irse del país. La obra se estrena mañana

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La historia dice que el bar El Pastelero fue el local en el que se presentó Guaco por primera vez en Caracas. No se sabe en qué parte de la ciudad está ubicado, pero los embates de la incertidumbre nacional confirman su existencia en un contexto reconocido por muchos. 
Esa es la ficción de la que parte Vivo-El musical, obra escrita por Eduardo Sánchez Rugeles y protagonizada por Mariaca Semprún, Cayito Aponte y Rolando Padilla. 

Una barra, mesas y botellas son el marco de una obra en la que Natalia (Semprún) es la dueña de un bar que acaba de heredar de su padre, un lugar de innumerables vivencias como todo sitio de encuentro para la buena bebida y la conversa. Sin embargo, los pesares de la crisis trastornan la tranquilidad de la treintañera, que empieza a evaluar la idea de vender el negocio para irse del país o resistir. 
El fantasma de su padre, Aldo (Aponte), aparece entonces como defensor de la permanencia y el arraigo. A esa tarea también se suma Antonio (Padilla), socio del viejo dueño que se niega a abandonar todo. 

“El tema de la diáspora me preocupaba porque no quiero encasillarme. Me aburre un poco tratarlo, pero es inevitable. Es difícil no trabajarlo con un personaje de la generación de Mariaca. Es imposible que no viva esa disyuntiva”, afirma Sánchez Rugeles.
No es la primera vez que el novelista, que debuta como escritor de un musical, trata el tema de la emigración y el desarraigo. Sin embargo, asegura que esta vez hay una diferencia. “No es que la obra sea más optimista, pero hay una reflexión sobre la esperanza que no está presente en mis novelas. Además, es difícil no sentir la emoción a la que invita Guaco, que para nada es negativa”, señala.  

Vivo-El musical, dirigido por Oscar Gil, usa clásicos temas de la banda para hilar la historia de los tres personajes. En esa tarea apoyan el baterista Adolfo Herrera, el percusionista Jonathan Gaviria, el pianista Pedro López, el guitarrista Rubén Márquez, el bajista Diego Paredes y el trompetista José Ramonsini. 
“Inicialmente pensaba hacer un ensayo sobre la música popular de los años ochenta y noventa. Era una idea que surgió en una sobremesa con la gente de Lugar Común. Sin embargo, no llegó a ningún lado. Cuando el productor Carlos Enrique Rivas me hizo la propuesta, le vi mucho potencial. Se parece a lo que hago, en mi trabajo siempre está presente la música”, indica por teléfono el autor, que reside en España. 

No podrá asistir a ninguna de las funciones porque, dice, el tema de la paternidad le complicó el uso del tiempo. Hace siete meses tuvo su primer hijo. 
“Muchas composiciones de Guaco han estado ligadas a épocas de nuestra vida. Forman parte de nuestra memoria. Al principio pensé en contar la historia de la agrupación, pero no me sentí cómodo. Decidí adentrarme en lo que representan las canciones para las personas”, detalla el escritor, quien ejemplifica su idea con temas como “Todo quedó quedó”, pieza que sonaba en el carro de su familia cuando viajaban a Anaco. 
El musical se estrena mañana y tendrá funciones hasta el 30 de agosto en el Centro Cultural Chacao. 

Los personajes. Semprún asegura que la disyuntiva de Natalia no le es ajena. “Por primera vez en mucho rato hay mucho de Mariaca en el personaje. Si bien no he salido del país, son ideas y miedos que comparto, la incertidumbre, no saber hacia dónde va el barco, si hay una cascada o es una tempestad que superaremos”.

Cayito Aponte asegura que su personaje solo quiere dar un punto de vista. “El viejo siempre fue optimista y regresa para dar un mensaje. Le dice que persevere, que no cierre el bar. Es una idea necesaria, pues no podemos entregar al país, así tenga defectos. Acá somos todos ciudadanos. No me iría. Soy de los que cree que Venezuela superará los escollos. Sin embargo, he respetado las decisiones de mis hijos”, dice el actor, que tiene uno de sus cinco hijos en el exterior.

En la misma sintonía está el personaje de Rolando Padilla. “Es bastante caraqueño en una obra de nostalgia y aliento. No entra en conflicto con el de Mariaca, simplemente la aconseja para que piense mejor, que tome como ejemplo el ímpetu de su padre. En mi caso, como persona, soy de los que piensa que todo es pasajero. Esta etapa será superada”, afirma.

Vivo-El musical
Del 20 al 30 de agosto
Centro Cultural Chacao
Viernes y sábados, 7:00 pm; domingo, 6:00 pm
Entrada: 2.184 y 1.960 bolívares