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El telón también se abre para actores sin formación

Huáscar Barradas ensayó durante cinco meses su papel en El flautista de Hamelin | Foto Williams Marrero

Huáscar Barradas ensayó durante cinco meses su papel en El flautista de Hamelin | Foto Williams Marrero

Periodistas, animadores y músicos aprovechan su histrionismo para ganarse la  aprobación del público

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Para subir a las tablas, los actores de profesión usan las escaleras de la experiencia. Animadores, músicos y periodistas usan el ascensor del carisma. Todos terminan encontrándose frente al público cuando se abre el telón, momento en el que surge una pregunta: ¿Es necesaria la formación académica para hacer teatro?

“Si no hubiera sido válido que un periodista hiciera teatro, yo no hubiera podido empezar mi carrera como actor”, cuenta el también director Javier Vidal, quien emprendió su carrera teatral mientras estudiaba Comunicación Social. “En mi época no existían institutos universitarios de formación artística. Hay periodistas que tienen más talento que algunas personas que estudian la actuación de manera formal”.

El progresivo cierre de canales de televisión ha hecho que muchas de sus figuras migren a otros espacios para mantener el contacto con la audiencia. “Ya me han ofrecido trabajar en cuatro obras más”, cuenta Marycarmen Sobrino.

La periodista sabe que no es actriz. Tras la salida del aire de Mujeres con historia mantuvo el picante con el que se tongoneaba en pantalla para aceptar el papel de Vicky en A falta de pan. “Muchos estamos haciendo teatro por la situación del país. Además, la gente quiere divertirse”. Sobrino acepta la crítica de los profesionales del área y conoce sus limitaciones. “No interpretaría un clásico”, dice.

Melissa Rausseo es otra de las comunicadoras que se adentra en la piel de los personajes. Se presentó en La bruja malucona en 2013. Anteriormente había realizado un taller de formación actoral con Dairo Piñeres. Considera que es fundamental estudiar cuando se hace del teatro una forma de vida. “En mi caso es como una actividad extracurricular, si quisiera dedicarme a esto me prepararía mejor. Las ganancias en teatro son muy pocas, el que lo hace es por vocación”.

En ese punto coincide Armando Álvarez. “La entrada para ver una obra teatral debería costar más, lo que pasa es que no sería rentable en Venezuela. Sin importar el precio, todo debería tener un alto nivel de calidad”, señala el director, quien considera que los montajes realizados con actores sin formación degradan el sentido original del teatro. “La gente se lleva la impresión de que eso es una obra de teatro y no es tal, es una variante. Es lo que ocurre con los stand up comedy. La gente va al teatro a verlos, pero eso es un show de comedia”, agrega.

Vidal afirma que las presentaciones unipersonales, tipo stand up comedy, son válidas en el teatro. “Hay actrices que llevan muchos años en teatro y se interpretan a sí mismas, no voy a decir nombres. Y eso es lo que hacen personas que no son actores, como Chataing, y es válido”.

Pero hay comediantes que quieren más. Vanessa Senior dejó de interpretarse a sí misma en Vanessadas y está en búsqueda de un papel dramático. Durante su estadía en RCTV, como asistente de producción de Marlene de Andrade, aprendió mientras observaba a grandes como Rosario Prieto, quien fue su mentora. “La actuación tiene mucho de naturaleza y no de aprendizaje. Un personaje puede dar para alguien, tenga o no tenga estudios”.

Esa opinión la comparte Pedro Pérez, mejor conocido como Budú: “El artista nace. A mí nadie me enseñó cómo poner la cara triste o alegre, eso lo aprende uno con la vida”. El protagonista de Secuestro express participa actualmente en la pieza La última noche sin censura. “La obra se presta para que haga lo que me dé la gana, no tenemos un guion formal, vamos improvisando. Me hacía falta hacer teatro para completar mi curriculum. Al principio me molestaba en los ensayos porque me corregían a cada rato, pero me adapté”.

Jesús de Alva, animador de Portada's, asistió a una función de Amores de barra. “Me encantaría estar allí”, expresó en voz alta. Mariela Celis y Pedro Padilla fueron los cómplices que lograron que el joven de 21 años de edad se estrenara como actor en la misma obra a la que asistió como público. “Una semana antes había empezado el taller de actuación de Karl Hoffmann. Pero, si tienes el perfil, puedes interpretar un personaje”, indica.

El director Orlando Arocha considera que, en casos excepcionales, algunos ‘no actores’ tienen más talento que los actores de profesión. Aunque afirma que este tipo de montaje carece de dramaturgia y pierden la esencia del teatro. “Son shows, el mercado quiere ver eso. Se acerca al teatro, pero no lo es”.

Huáscar Barradas protagoniza El flautista de Hamelin. El músico no tenía experiencia en actuación, pero para su papel importaba el hecho de que tuviera dominio del instrumento. No descuidaron la técnica actoral. Durante los 5 meses de ensayo se fue puliendo al lado de figuras como Juan Carlos Gardié. “Le tengo mucho respeto al oficio del teatro. Veo la música de otra forma. Cuando toco la flauta en escena lo hago con la visión de actor y suena distinto a mis presentaciones habituales”, señala Barradas, que además es productor Basilio Álvarez apuesta por lo años de formación. “Me da tristeza que mucha que gente que improvisa llegue al mismo sitio que una persona que se preparó para lograrlo”. El director considera que el público es el juez final. “Montajes como Sangre en el diván se están vendiendo tanto como las obras comerciales. Nos hemos abocado a educar a los espectadores”.