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El teatro, un sobreviviente de las transformaciones

La Universidad Nacional Experimental de las Artes / Omar Veliz

La Universidad Nacional Experimental de las Artes / Omar Veliz

Desalojos, recortes de subsidios y censura caracterizaron las políticas revolucionarias para las artes escénicas en los últimos 14 años. Aspectos negativos a los que se contraponen hechos como la restauración de grandes salas y la creación de festivales

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La revolución bolivariana también tenía que ser cultural. En la historia ha habido ejemplos de intelectuales y artistas que apoyaron procesos de cambios políticos. Pablo Neruda nombró a Stalin el “padre del proletariado universal” en un poema; Silvio Rodríguez y Pablo Milanés acompañaron a Fidel Castro, así como Gabriel García Márquez y el dramaturgo Gore Vidal. Con el tiempo algunos se separaron.

En Venezuela no tenía por qué ser distinto. Pero las políticas manejadas en materia cultural durante estos casi tres lustros han sido controversiales. Para algunos no estimularon el crecimiento del arte, otros piensan lo contrario. Una opinión lógica dentro de un país polarizado.

Desde comienzos de la gestión, en 1999, las necesidades del sector le fueron comunicadas a Hugo Chávez. Se realizaron varias reuniones entre el Presidente y figuras como Horacio Peterson, Rafael Briceño y Nina Novak. No llevaron a nada concreto.

Surgieron organizaciones de apoyo al nuevo régimen, como el Círculo Bolivariano de Creadores César Rengifo, fundado en 2001 e integrado, entre otros, por el dramaturgo Néstor Caballero y el director de teatro Armando Carías. Pero también hubo episodios de crisis, como el despido masivo de directores de organismos culturales aquel mismo año. Mirla Castellanos salió de la Fundación Casa del Artista; Carlos Paolillo, del Instituto Superior de Danza; y Pilar Romero, del Instituto Universitario de Teatro. Se registraron las primeras huelgas, como la de los trabajadores del Teatro Teresa Carreño, que exigían un aumento de salario y bono.

 

Golpes duros. Los festivales han sido víctimas de los altibajos. Si bien el que es organizado por Fundarte y la Alcaldía de Libertador ha contado con el apoyo del Estado, a los más antiguos no les ha sido tan fácil el camino. El Festival Internacional de Teatro de Oriente, que lleva 37 ediciones, tuvo que disminuir la cantidad de días y de invitados por falta de presupuesto. Asimismo, el que se lleva a cabo en la Colonia Tovar, que cumplió en enero 12 años, aún no cuenta con sede propia.

El Festival Internacional de Teatro de Caracas –que impulsaron Carlos Jiménez y María Teresa Castillo en 1973– vivió un período de oscuridad. En 2006 interrumpió sus funciones hasta el año pasado. “Le hicieron algo muy feo, por decir una palabra amable. Estando el festival en sus días, informan que le van a dar la mitad del dinero. Lo dejó quebrado, lo desmoralizó, porque quedó con deudas que se pagaron poco a poco”, afirma Héctor Manrique, director del GA 80 y uno de los organizadores del FITC.

El actor expresa que la censura y la autocensura han sido los elementos más destructivos estos años. “El sitio donde debemos estar los artistas siempre es en la otra acera. Si no es crítico, no sé dónde está su razón de ser. No haces obras incómodas para que no te quiten el subsidio o para ver si te programan en Unearte o si el comisario Roberto Hernández Montoya te deja presentar en el Celarg”.

Recuerda que en 2007 se le prohibió montar la pieza ¡Todos los hombres son mortales¡ ¡Y… las mujeres también! de Fausto Verdial, porque el elenco incluía a Fabiola Colmenares, opositora al Gobierno. “Pensaba que era un chiste. Después me enteré de que leían los libretos y mandaban a quitar cosas, y que los mismos grupos sacaban frases antes de enviar la obra, que es peor”.

Sin embargo, el punto de inflexión llegó en 2009 con la eliminación de los subsidios. Ya en 2005 el aporte económico había sido recortado entre 25% y 50% a grupos del Registro Permanente de Instituciones Consolidadas. De los 27 que lo integraban, fueron afectados 25.

Ese subsidio, que otorga el Ministerio de Cultura a través del Convenio de Cooperación Cultural, les fue finalmente retirado a grupos como Skena, GA80, Teatro del Duende, Bagazos, Entretelones y Theja por ser considerados de “conducta pública perniciosa”.

Es también el año de los desalojos. En enero, integrantes del colectivo La Piedrita invadieron la sede del Ateneo de Caracas, lanzaron bombas lacrimógenas y asaltaron a los empleados. Después, el Ministerio de Finanzas anunció que el comodato había vencido y el edificio pasaría a manos del Estado. En mayo comenzó la toma de las instalaciones y, finalmente, el 28 de junio, Día Nacional del Teatro, la institución ofreció su última obra: Cuando quiero llorar no lloro. En el edificio se instaló la Universidad Experimental de las Artes y el Ateneo se mudó a la quinta La Colina.

En septiembre, el grupo Theja tuvo que salir del Teatro Alberto de Paz y Mateos, medida que afectó al Ballet Contemporáneo de Caracas, Fundafolk, Macrodanza, Caracas Roja Laboratorio y la Escuela Nacional de Danza, que también hacían vida en el lugar. A la lista se sumó la compañía Tilingo, cuando fue despojada de su sede el año pasado.

“La política del régimen fue destructiva porque estuvo orientada a acallar el teatro independiente. No recuerdo crisis como esta, porque el Estado siempre fue generoso, nunca tomó partido frente a las alternativas que ofrecía el teatro”, señala el crítico Leonardo Azparren Giménez.

El investigador agrega que este daño dio impulso al llamado teatro comercial: “Este gobierno creó las condiciones para ello con la eliminación de subsidios y desalojos. Algún día le tendrá que agradecer. Hay una gran crisis de creatividad y la destrucción de la Compañía Nacional de Teatro es imperdonable”.

 

El otro lado. Entre 2010 y 2012, la Alcaldía de Libertador y Fundarte llevaron a cabo una serie de restauraciones, lo que puso de nuevo en funcionamiento históricos edificios como los teatros Nacional, Principal y Municipal; así como la reapertura del Teatro Cristo Rey en el 23 de Enero, el Teatro de Catia y el Simón Rodríguez.

Guillermo Díaz Yuma, actor y director del Taller Experimental de Teatro, forma parte de la Red Nacional de Teatro y Circo, fundación que se creó para luchar por los derechos sociales del artista. Afirma que ha sido la lentitud de los procesos el aspecto negativo de estos años. Y celebra la creación del Sistema Nacional de Cultura Popular: aporte que se da a las obras de la programación establecida por la red y el Instituto de las Artes Escénicas y Musicales. “Hay tantas cosas positivas que se intentan hacer. Siento que con el actual ministro de Cultura existe una voluntad distinta a la que había con Farruco Sesto. Pedro Calzadilla es un tipo que oye, que atiende, es sensible al arte. Eso mismo nos tocó con Abreu, cuando él llegó cambió la cosa porque era una persona que sabía de qué estaba hablando”.

 

Los giros de la danza

La situación de la danza no dista mucho de la del teatro. Mayor apoyo y remuneraciones adecuadas son algunas de las necesidades que aún no encuentran atención.

En el caso de compañías, las carencias económicas obligaron al Ballet Nuevo Mundo a suspender el espectáculo con el que celebrarían 32 años de vida artística. Era la primera vez que sucedía y fue en noviembre de 2012.

El montaje había sido pospuesto en una oportunidad para mediados de octubre, hasta que finalmente se canceló. El retraso en los pagos de los sueldos y de los tickets de alimentación fue la causa principal. A pesar de esto, su directora, Zhandra Rodríguez, no se queja de la atención que se le ha dado al arte del movimiento durante estos años: “Creo que el programa integral para las escuelas bolivarianas y los consejos comunales le dio un gran impulso a la danza. Llegamos a casi 1 millón de beneficiarios y logramos universalizar más de 400 danzas indígenas, afrodescendientes y populares”.

El Ballet Teresa Carreño, que no cuenta con un director artístico desde el fallecimiento de Vicente Nebrada en 2002, vio disminuidas sus temporadas de piezas clásicas. “Eso tiene que ver con presupuestos –afirmó en una entrevista Héctor Sanzana, coreógrafo de la institución–, pues cada vez que se monta hay gastos. También quisiéramos viajar al interior, pero tiene que haber apoyo de gobernaciones y particulares. Es una lástima, porque hay un público cautivo, pero estamos de manos atadas”.