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El teatro ha reconquistado a su público, pero falta

La ola, versionada por Basilio Álvarez, llenó todas las funciones | Foto Cortesía Skena

La ola, versionada por Basilio Álvarez, llenó todas las funciones | Foto Cortesía Skena

Obras como Enemigo del pueblo, Fresa y chocolate, Marburg y Jazmines en el Lídice se presentaron a sala llena en todas sus funciones

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El teatro venezolano ha servido de refugio, no solo para aquellos actores que buscan espacios tras la continua y evidente merma de la televisión abierta, sino para el público que se ha convertido en ávido consumidor de obras que trascienden lo comercial.

La cartelera teatral se llena cada vez más de propuestas inteligentes —como High, Marburg, Fresa y chocolate, Jazmines en el Lídice, Compadres o La ola— que hacen que los espectadores se cuestionen sobre algunos temas de la actualidad y que, además, rebosen las salas. Eso es un aliciente para Héctor Manrique, director del Grupo Actoral 80, quien afirma que siempre han existido grupos trabajando temas interesantes pero que no habían sido acompañados por el público.

En este momento, Manrique codirige y protagoniza Sangre en el diván, cuyas funciones se agotan con una semana de anticipación. El también actor atribuye las razones al cambio en el tema de las obras. “El teatro venezolano tiene varios años dando un giro. Muchos de los que nos dedicamos a este oficio estamos viendo al país, sus problemas, e intentamos expresarlos con textos”.

Durante 2011 y parte de 2012, La ola, del grupo Skena, agotó funciones en cada una de las salas en las que se presentó. Basilio Álvarez, director de la agrupación, señala que ya los carteles no necesitan incluir nombres de figuras de la televisión para que una obra sea un éxito de taquilla.

“Los espectadores buscan identificación. Nos pasó con La ola y con Enemigo del pueblo, aunque el reparto era liderado por Jorge Palacios. Lo mismo sucedió con El americano ilustrado. Se nota el cambio en el hecho de que el público es atraído por la propuesta y sus intérpretes, conocidos en el teatro pero no necesariamente en otros medios. Es interesante que la gente responda a eso, pero todavía nos queda un largo camino”, dice.

El director del GA80 reflexiona: “Cuando veo Jazmines en el Lídice, por ejemplo, siento que se indaga sobre cosas que nos pasan como sociedad. El teatro está hablando de nuestros problemas y busca generar preguntas profundas en el espectador sobre sus responsabilidades”.


Lo que falta. Durante los años setenta y ochenta, grupos como Rajatabla llenaban las 700 butacas del Teatro Nacional, de martes a domingo. En los noventa y principios del año 2000, los espectáculos sufrieron debido a la falta de apoyo gubernamental. 

El presidente de la Fundación Isaac Chocrón, Javier Vidal, expresa que la eliminación del subsidio a los grupos en 2001 afectó la producción teatral. Luego, el cierre de RCTV hizo que aumentaran formatos como los monólogos y los stand up comedy. El también dramaturgo, que presentó en el Microteatro Eflam, cambió su sexo por amor, reconoce que las comedias interpretadas por actores de televisión son las que tienen más éxito.

“Sigue habiendo un gran número de personas que antes de comprar la entrada pregunta: ¿Hace reír?”, señala el director de Asia y el Lejano Oriente, obra que dice aún no ha llenado la sala porque el tema invita a reflexionar sobre la identidad nacional.

Los tres directores coinciden en afirmar que ni las obras ni los éxitos trascienden la capital. “Me gustaría mucho que lo que sucede aquí saliera de gira, porque sería muy estimulante y saludable. Con enorme tristeza se ve la sequía que existe en el interior del país”, expresa Manrique, quien considera que es necesario el apoyo gubernamental, sobre todo en el aspecto de la promoción.

Entretanto, Álvarez señala que el trabajo no debe detenerse. “Aunque han surgido, nos faltan salas. Tenemos que seguir siendo exigentes en cuanto al público. Siento que hemos avanzado, pero no hemos conseguido lo que teníamos”.