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El teatro tuvo muchas propuestas y pocos espacios

La casa de Bernarda Alba se presentará durante dos semanas | Foto Manuel Sardá

La casa de Bernarda Alba | Foto Manuel Sardá

La censura televisiva y la caída de la producción de dramáticos hicieron que en 2014 las butacas se mantuvieran calientes. Muchos artistas de la pantalla chica tuvieron que migrar al teatro, donde debían aliarse o competir con los veteranos del área. La agenda se mantuvo llena y algunos montajes quedaron en lista de espera para el próximo año. A pesar de que hay más gente queriendo hacer teatro que salas para mostrarlos, las tablas se redescubrieron como un espacio para la libertad de creación y expresión de artistas cada vez más preparados, así como de un público cada vez más exigente. No en vano, obras como Sangre en el diván lograron un éxito contundente frente a piezas más comerciales. Bien sea con los montajes simples del Microteatro, o más elaborados como el de Crimen y castigo, los espectadores venezolanos demostraron estar ávidos de historias que los inviten a la reflexión, así como a hacer catarsis

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La realidad del norte reflejada en el sur

Orlando Arocha y Diana Volpe se encargaron de meter a 2.500 personas en una Caja de Fósforos. Ese fue el total de espectadores que disfrutaron de los montajes que se ofrecieron durante el Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, actividad que trajo a Venezuela piezas que estaban disponibles en la cartelera teatral norteamericana. Talk radio de Eric Bogosian, Buena gente de David Lindsay-Abaire, La casa del sí de Wendy Mac Leod, El truco de la cama de Matt Moses, La casa limpia de Sarah Ruhl y Hurlyburly de David Rabe fueron parte de la oferta. La cocinera de Eduardo Machado, que narraba de manera particular la historia de la Revolución cubana, fue uno de los montajes más destacados. “Todas las piezas tuvieron su mérito. Esa gustó más por el nivel de conexión con la realidad del país”, señaló Arocha.


Psiquiatras que se confiesan

La familia de Héctor Manrique era cercana a Edmundo Chirinos. Esto no fue limitante para que el actor se metiera en la piel del psiquiatra que mutó en sociópata luego de haber matado a Roxana Vargas y haber abusado sexualmente de otras 14 pacientes. “Héctor Manrique logró reconstruir de manera destacada y estupenda el personaje, apoyado de un guión inteligente”, afirma el actor Jorge Palacios. La pieza, codirigida por Pedro Castillo Borgo, se basa en el capítulo “El delirio” del libro Sangre en el diván de Ibéyise Pacheco. La simpleza de la escenografía, un consultorio totalmente blanco, hace que toda la atención recaiga sobre la dramática actuación de Manrique, quien logra conmover y aterrorizar a los espectadores de la obra que volverá con una nueva temporada en 2015. De las mejores interpretaciones del año.


Talento emergente rinde tributo a los que se fueron

El teatro venezolano estuvo de luto este año. El artista Gustavo Rodríguez salió de escena el 4 de abril por un adenocarcinoma en el pulmón derecho. Sus familiares y amigos le rindieron un homenaje con el montaje de El juego, obra que tenía previsto dirigir. Fernando Gómez terminó el capítulo de su vida el 14 de diciembre. “Nuestro grande del teatro nos dijo adiós hoy a las 6:30 am a la edad de 98. Un gran aplauso a su bondad y carrera”, informó a través de Twitter el actor y director Javier Vidal ese día. A pesar de las ausencias, la presencia de una generación de relevo hace que el teatro no decaiga. El periodista y crítico teatral Edgar Moreno Uribe, quien fue jurado para la entrega del Premio Isaac Chocrón, destaca la labor de jóvenes directores e intérpretes, como Fernando Azpúrua, Gabriel Agüero y Layla Vargas.


Propuestas inteligentes y arriesgadas

Adaptar un clásico siempre es un riesgo, pero hay quien está dispuesto a correrlo. La historia de Crimen y castigo de Fiódor Dostoievski fue reformulada por Juan Souki para el trabajo de grado de su maestría en Dirección Escénica. El resultado: una obra alternativa que agotó las funciones en el Centro Cultural Chacao. La trama original fue extrapolada al siglo XXI, por lo cual el director tuvo la licencia de incorporar elementos audiovisuales para potenciar su propuesta. El montaje fue protagonizado por Prakriti Maduro y Sócrates Serrano, quien ofreció una de las mejores interpretaciones del año. “El diseño de iluminación fue impresionante y la música se desempeñó como otra protagonista de la pieza”, considera el director Pedro Castillo Borgo. Otro aspecto elogiado fue la escenografía diseñada por la coreana Jian Jung.


Dos realidades sobre las tablas

Este año no hubo Festival Internacional de Teatro de Caracas. Los organizadores explicaron que por falta de pasajes y presupuesto se tuvo que aplazar para 2015. Incluso, se evaluó la posibilidad de realizarlo bianualmente. El evento se iba a llevar a cabo en septiembre con la participación de agrupaciones de Alemania, Argentina, Brasil, Francia y España. La que sí pudo celebrarse fue la tercera edición del Festival de Teatro de Caracas. Aunque no incluyó agrupaciones internacionales, compañías como Skena y el GA 80 tuvieron presencia, a pesar de discrepar con la línea ideológica del encuentro. “Qué terrible que la ciudad no tenga este año dos festivales internacionales, porque era una excelente oportunidad para que pudiera ver lo que se hace en otras partes del mundo”, expresó Héctor Manrique en ese momento. Hubo actores, como Carlota Sosa, que se negaron a participar. Sin embargo, Manrique dijo presente con Fresa y chocolate, obra que fue calificada de “homofóbica” por Jacqueline Faría, entonces jefa de Gobierno del Distrito Capital.


Montajes en cápsulas

Robert Chacón, Dairo Piñeres y Malala Dubuc importaron un nuevo formato de teatro desde Miami. La idea de presentar obras de 15 minutos para que el público vaya rotando por los montajes de su preferencia es el concepto del Microteatro, que tuvo dos ediciones este año.

El productor teatral Douglas Palumbo asegura que el éxito de la propuesta radica en el apoyo del público. “100.000 personas asistieron durante la segunda edición. No está en discusión la calidad de las obras que se presentan, sino el poder de convocatoria de este festival”, señala.

La segunda edición creció muchísimo en cuanto a asistencia y logística con respecto a la primera, que convocó a 26.000 personas. En esta oportunidad se presentaron 23 piezas breves durante 6 semanas, lo que sumó un total de 3.960 funciones. “La culomántica de José Simón Escalona fue una de las obras mejor construidas del festival”, recuerda el periodista Edgar Moreno Uribe.


Aniversarios con números redondos

Dos agrupaciones teatrales alcanzaron su “segunda adolescencia” en 2014. Theja celebró su 40 aniversario recordando cuando tenía 20 años. Aprovechó la ocasión para presentar Rumberas, una obra en la que su director, José Simón Escalona, buscaba rescatar la esencia de los ochenta, época en la que la que realizaban montajes portátiles, que se pudieran presentar en cualquier lugar. Y es que, aunque cumplió 40 años, en 2009 tuvo que desalojar por orden del Ministerio de Cultura la que hasta entonces había sido su sede: el Teatro Alberto de Paz y Mateos. Se vio obligado a regalar 5.000 piezas de vestuario por falta de espacio.

Skena es una agrupación un poco más joven, pero igual de madura. La compañía dirigida por Basilio Álvarez cumplió 35 años y los celebró con el montaje de El mago de Oz, pieza que los remitió a sus raíces en el sótano del Colegio Champagnat. Héctor Palma, Armando Álvarez, Prakriti Maduro, Vicente Albarracín, Dairo Piñeres y Juan Carlos Souki, entre otros actores y directores, salieron de las filas de esa agrupación.