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El teatro como lugar para ejercer la libertad

<i>Fresa y chocolate</i>, dirigida por Héctor Manrique, volverá al Trasnocho Cultural a partir del 7 de marzo | Foto Leonardo Guzmán / Archivo

Fresa y chocolate, dirigida por Héctor Manrique, volverá al Trasnocho Cultural a partir del 7 de marzo | Foto Leonardo Guzmán / Archivo

Ante la crisis que vive el país, debido a la cual se han reprogramado o suspendido actividades culturales, creadores de la escena defienden la importancia de que se siga subiendo el telón 

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Al hablar de crisis y arte, Héctor Manrique recuerda a Susan Sontag. “Durante la guerra de Saravejo ella dirigió Esperando a Godot. La gente esperaba que pasara un tren para protegerse de las balas y trasladarse a ver la obra. Lo mismo hacían al terminar la función. ¿Qué encontraban en la pieza? A sí mismos. Esa es la función del teatro. Hallaban aliento para seguir luchando. En eso estoy absolutamente claro”, dice el director del Grupo Actoral 80.

En un país de incertidumbre en el que las salas de teatro han reprogramado o suspendido funciones, en el que artistas nacionales e internacionales han alzado la voz para rechazar la violencia, un grupo de creadores reflexiona sobre la importancia de mantener los escenarios abiertos. Y no se trata nada más de generar un momento de entretenimiento, sino –más importante aun– de reflexión.

“Yo pienso que cada quien debe tener la libertad de hacer. Si un creador siente la necesidad de estar sobre el escenario, que lo haga. Y el que no, también está en su derecho. No debemos comportarnos como lo que criticamos”, señala Manrique. 

El director indica que, incluso, hay obras que hablan y proponen desde el escenario en momentos difíciles. "Son visiones de país que considero saludables y necesarias. El teatro también es resistencia. Me gustaría en este momento presentar Fresa y chocolate, pues es fundamental lo que esa historia tiene que decir”. La pieza, protagonizada por Juan Vicente Pérez, Daniel Rodríguez y Wadih Hadaya, volverá al Trasnocho Cultural a partir del 7 de marzo.

Piensa que un artista no es un ser ajeno a los problemas: “Debe tener compromiso. Es importantísimo que eso se entienda. Y no solo con la obra, sino con el lugar donde la presenta. Los grandes creadores han sido seres comprometidos con su tiempo y con su realidad. Desde Picasso hasta García Lorca. Eso nos tiene que servir de inspiración”.

En esto coincide Orlando Arocha, director de teatro y de La Caja de Fósforos –sala que está ubicada en Bello Monte–, donde el fin de semana se estrenó el montaje Hay que matarlos a todos, escrito y dirigido por Haydée Faverola. “Las artes son asambleas que reúnen a la gente también en los momentos de crisis, porque además le llega al espectador de manera directa, no a través de imágenes proyectadas, como podría ser el cine. Estamos ante un arte que habla de problemas y eso lo entendió Bertolt Brecht: las luchas del teatro son fundamentales para el avance de una sociedad”, expresa.

Arocha, director del Teatro del Contrafuego, recuerda que su arte tampoco se detuvo en otro momento de conflicto como fue el Caracazo, revuelta social de la que se cumplieron 25 años el jueves. “Estábamos trabajando en el montaje de Tríptico, del japonés Yukio Mishima, cuando todo ocurrió. Nos quedamos encerrados en el teatro, tuvimos que dormir allí. Cuando la situación comenzó a calmarse, retomamos todo y estrenamos. El público necesita ese lugar para verse la cara y decir: ‘Vamos a conversar”.
 
Desde Twitter. Como parte de la campaña para hacer del arte un espacio de pensamiento, la compañía Tumbarrancho Teatro fue una de las que se valió de las redes sociales para hablar del sentido sanador del teatro. A través del hashtag #ElTeatroCuraElAlma publicaron mensajes como: “Hacemos teatro porque allí se esconde nuestro grito, es la voz de nuestro tiempo” y “En las guerras, en los momentos de crisis, en la paz, el teatro acompaña al hombre porque es su voz en el escenario”.

Jesús Carreño, director del grupo, recalca la necesidad de decir y hacer cosas. Pero es enfático en la importancia de que se emplee un lenguaje cercano: “Hay que empezar a enfocarse en el país. Es muy fácil montar un clásico de Shakespeare y decir que un personaje o una situación se parece a nuestra sociedad. Nuestros escritores y artistas deben hablar de lo que nos sucede, lo que sentimos, lo que nos pasa en el Metro, cuando vamos a cruzar una calle y nadie respeta las normas, cuando vemos a un mendigo. Creo que esa es la manera de afrontar la crisis”.