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El teatro invita a los niños a pensar como adultos

El día que cambió la vida del Señor Odio se presenta hasta abril | Archivo/El Nacional

El día que cambió la vida del Señor Odio se presenta hasta abril | Archivo/El Nacional

El uso del petróleo, la adopción de animales y la tolerancia son algunos de los temas que se tratan en las obras infantiles, pero sin dejar de lado el poder de la imaginación

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El teatro infantil abandonó la comodidad de los castillos. Las princesas indefensas y las brujas malvadas se jubilaron de las tablas. Ahora los personajes son peatones de la realidad. Sus problemas están suscritos a temas de actualidad, en los que invitan a los más pequeños a usar la fuerza de la imaginación.

Los nuevos protagonistas no subestiman ese superpoder que tienen los más chiquitos. Oswaldo Maccio, director de la pieza El día en que cambió la vida del Señor Odio, centrada en el respeto y la tolerancia, concibió la pieza desde un texto nada superficial. “Hay quienes piensan que montar teatro infantil es más sencillo. Al momento de crear al Señor Odio no lo hice pensando en romper estereotipos, sino de qué manera podía plantear las mismas preguntas de un texto para adultos en una obra para niños”.

Algunos definen la obra como extraña, pues está desprovista de recursos que son usuales en los montajes infantiles, como la música, las coreografías y la escenografía deslumbrante. “Lo importante no es eso, sino saber mantener el ritmo de los personajes”, dice el director, que le da el merecido peso a la construcción del perfil de sus protagonistas.

Vyana Preti hizo lo propio con Ratón y Vampiro. Los cuentos de Yolanda Pantin cobraron vida en escena para hacer un llamado al reconocimiento del otro. “Trato de poner como piedra angular en la construcción de los personajes el respeto a la infancia. Entendiendo por infancia no un estado que debe ser superado, sino más bien –como plantea el filósofo y educador Matthew Lipman– un estado con valor propio. Desde allí se abre un universo en el que debemos estar atentos a responder lo que nos plantea la inventiva, la interrogación y la reflexión propia de los chamos”.

Personajes planos y fórmulas ya probadas son el camino fácil del mercado. “Las necesidades comerciales hacen que la cartelera se llene de obras con personajes de Disney o de caricaturas. En ese caso resulta más fácil para el productor montar algo que ya existe y utilizarlo como gancho para captar a los niños, que ya tienen referencia de esos personajes”, cuenta Ricardo Nortier, que dirigió Dinamita y Fosforito, obra que reflexiona acerca del uso adecuado del petróleo.

Victoria Salomón sabe que montar un clásico como Peter Pan no es cosa de juego. La directora pasó un buen tiempo investigando las versiones que ha tenido la obra para plantear algo novedoso. “Ciertamente existe una ventaja al trabajar con personajes conocidos. Pero el reto está en hacer del teatro una experiencia para los niños, que puedan jugar con la historia. No pretendemos competir con lo que ven en el cine o la televisión. La cuestión está en mostrar el ingenio con el que se desarrolla el montaje, pues, a diferencia de otros medios, en el teatro pueden interactuar”.

La pieza está cargada de referencias que captan tanto grandes como chicos, entre los que no se debe hacer una diferenciación banal. “Al final, esos niños que estamos educando hoy serán el público que llene las salas en el futuro”, señala Maccio, quien critica los facilismos en escena. Considera que los personajes no deben improvisar para forzar la risa de un niño. El objetivo, dice, es invitarlo a reflexionar con lo que se dice y no con lo que ve. “Quiero que la palabra sea su mejor juguete”, expresa.

La profundidad de cada personaje conlleva un mensaje. “El Señor Odio tiene una fuerte carga política, por ejemplo. La manera en que la escenografía se mueve muestra los mecanismos del teatro. El travestismo también está presente. El actor que interpreta al Señor Amor debe hacer el papel de tres mujeres. Todas estas cosas no se ven de manera explícita ni con pacatería”, cuenta el director.

La interacción con el público es importante para la solución de los conflictos. “El personaje se sabe personaje y decide cambiar su historia, incluso invita a los pequeños espectadores a cambiarla juntos. Buscamos varios momentos en los que nuestro público pueda intervenir y liberar un poco de energía”, indica Vyana Preti.

Esos momentos de participación también están presentes en Mr. Cacry, pieza protagonizada por Oriana Martínez y María Antonieta Hidalgo. La obra centra su mensaje en la adopción de animales. Narra la historia de un perro callejero que quiere pertenecer una familia. La pandillita del coral dirigida por Dairo Piñeres sensibiliza a los más pequeños acerca de la conservación ambiental. Un grupo de peces de varias especies deben dejar de lado sus diferencias para afrontar la amenaza humana, que destruye su arrecife.

izambrano@el-nacional.com