• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

"El teatro infantil hay que tomárselo con más responsabilidad"

Nathalia Martínez / Alexandra Blanco

Nathalia Martínez / Alexandra Blanco

La actriz de musicales y productora de piezas para niños asegura que la infraestructura de las salas limita mucho los montajes y que la época de las grandes agrupaciones quedó en el pasado

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Natalie Wood tuvo una influencia decisiva en la vida de Nathalia Martínez. La actriz y directora recuerda que cuando la vio en West Side Story quiso ser como ella y dedicarse de lleno a ese género: el teatro musical. Con esa inspiración comenzó a prepararse: estudió canto, tomó lecciones de solfeo e hizo unas maestrías en actuación y dramaturgia en Nueva York y en España, donde conoció a José Sánchez Sinisterra, el autor de ¡Ay, Carmela!, entre otras obras.

Martínez ha participado en clásicos como Despertar de primavera y, más recientemente, Cabaret, en el que interpretó a Sally Bowles. Pero asegura que siempre ha estado enamorada del teatro infantil, que le hace recordar a sus abuelos chilenos Gabriel Martínez y Lily Álvarez Sierra, fundadores de la compañía teatral homónima que tiene más de 50 años de trayectoria en el país. En esta última se ha desempeñado como directora y escritora. También ha trabajado con Mimí Lazo y Viviana Gibelli. Actualmente dirige con Fernando Martínez el proyecto Los Hermanos Mart, que ha presentado piezas como Hércules, La Navidad de Lucy y El principito, que volverá a la cartelera en marzo.

—¿Cómo evalúa la oferta teatral para los niños?

—Hay gente que hace cosas muy bellas y dignas. Un ejemplo es José Manuel Ascensao, cuyo trabajo incluye un proceso de formación que les da oportunidades a los jóvenes que quieren aprender. Eso es algo que les va a quedar toda la vida. También hay agrupaciones como Skena, que son un ejemplo porque realizan unos trabajos brillantes unidos a un proceso de aprendizaje. Y está la compañía Lily Álvarez Sierra, que es de la que yo vengo. Asimismo, hay montajes que son más comerciales, en los que la gente puede disfrutar de su figura favorita de la telenovela. Es principalmente lo que veo. No hay mucho más allá.

—¿En cuanto a los temas que abordan las piezas, considera que se puede hablar de calidad?

—En cuanto a los textos creo que se ha perdido el lenguaje, la delicadeza con la que siempre les tienes que hablar a los niños. Pienso que hay dos vertientes que predominan: una es aquella en la que los actores se dirigen a los más pequeños de una manera moderada y cercana, con un lenguaje depurado, para invitarlos a reflexionar, para despertarles la curiosidad; la otra tiene que ver con las historias que tratan a los niños como tontos, en las que sólo existen personajes disfrazados de colores que brincan y más nada, que emplean pistas musicales que ni siquiera son originales. No me parece que es la vía, ni lo que el público quiere ver.

—Entonces, ¿cuál es el mensaje que está ofreciendo el teatro infantil?

—Si la persona cuenta una buena historia tiene la garantía de que está dando un buen mensaje. Se pueden trabajar versiones de clásicos, que es lo que yo he hecho hasta ahora: montar visiones libres de historias famosas. Hay varias razones para hacer eso: una es la solidez que te da este tipo de obra, tanto en la estructura como en el mensaje. Otra es que la limitación económica es tan fuerte que nadie quiere apostar a algo que el público no conoce. Yo en mi caso no sólo lo hago por necesidad, sino que me parece increíble poderle dar la vuelta a un cuento y transformar en otra realidad un clásico que se ha repetido durante 150 años.

—¿Considera que en la época actual se ha impuesto el “vente tú” para sacar adelante una obra?

—Ahora uno se apoya mucho en los amigos –fotógrafos o escenógrafos, por ejemplo– que te cobran después o te ayudan de alguna manera. Ahora montar una obra es muy difícil, pues no hay apoyo del Gobierno y conseguir el de empresas privadas es complicado. Y no sólo se requiere el dinero para la producción, sino también para la promoción, que es casi el doble. Además, si no cuentas con una sede, tienes otro problema: ¿dónde guardas el perolero? Tampoco hay garantía por parte de los actores. Para un director es difícil porque tiene que lidiar con personas que no están dedicadas de manera exclusiva a su obra, sino que también hacen novelas, comerciales o cine para vivir. Antes podías tener gente contratada, ya no. Ahora todo depende del “vente tú”, de llamar a otros y que se unan a tu causa. Ya no es lo mismo que antes. No sé si es mejor o peor.

—El hecho de que muchos grupos no cuenten con sede propia y que las salas deban repartir sus horarios ante la gran demanda, ¿en qué medida los afecta?

—En el patio de mi casa hay un barco. Sí, el de La sirenita. Las obras están muy limitadas y la creatividad tiene que apuntar a que sean puestas en escena que se puedan trasladar fácilmente. A veces el tiempo de montaje es de 15 o 20 minutos, lo que cambia todo. Antes tenías un mes para ensayar, probar escenografía, luces, música; ahora hay que llegar una hora antes y hacer todo rápido. Un maquillaje no lo puedes elaborar en 20 minutos, pero uno resuelve. Te reúnes con el maquillador 3 horas antes en su casa y llegas listo para la función. La infraestructura también te limita mucho: la mayoría de las salas no tienen altura, no existen las trampas. Los que montan musicales en Venezuela son admirables.

—¿Existe un verdadero interés en los actores por el teatro infantil?

—Hay de todo. Por un lado, siento que la gente joven muestra interés en formarse. En cuanto a los profesionales, están los que lo hacen por amor al teatro infantil o porque les interesa el personaje. El teatro infantil ha sido visto como un género menor y es una de las cosas contra las que lucho. Hay que tomárselo con más responsabilidad.

—¿Cree que los niños tienen el teatro que se merecen?

—Son muchos factores. Para mí todavía no, pero estamos en camino. No hay algo sólido, el teatro infantil está demasiado dividido, creo que falta depuración. Todo queda al criterio de los padres, que son quienes deciden.

Los artistas han tenido que reinventarse

“Es vital que se pueda tener desde pequeño la experiencia de estar ante una situación viva como lo es el teatro. Creo que es importante para un ser humano vivir esa sensibilidad, esa historia que te desarrolla todos los sentidos, la curiosidad”, afirma Nathalia Martínez, para quien el arte ha estado presente en su vida desde que puede recordar.

La actriz pasó por las enseñanzas de Rajatabla, así como por la dirección de figuras como Costa Palamides y ha trabajado textos de Lorca, Ibsen y Shakespeare. Con una pieza de este último, La tempestad, tuvo la oportunidad de presentarse en Nueva York, con la dirección de Carlos Giménez, cuando tenía 17 años de edad. Cree que el teatro de autor se hace poco en el país y es algo a lo que los creadores deberían volver. “La sociedad venezolana ha sufrido un cambio. El teatro dejó de depender de los subsidios del Gobierno, así que los artistas tuvieron que abrirse camino por su cuenta y buscar a la empresa privada. Surgieron así nuevas propuestas y lo bueno es que cada vez hay más oferta para el caraqueño”.