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El teatro confronta una vida violenta

J. René Guerra | Foto Archivo

J. René Guerra | Foto Archivo

El año comenzó con muertes. Se acumulan en una trágica lista que la sociedad arrastra como cadenas en las que se enganchan eslabones de otras tantas crisis. La tranquilidad parece inexistente y muchos exigen respuestas. Desde el arte, los creadores se han dedicado a pensar el país. A varios directores se les planteó la siguiente pregunta: al hacer un ejercicio de imaginación, en un escenario en el que no priven las condiciones financieras, el número de actores requeridos para representar la historia, la escasez de materiales ni la infraestructura de los espacios, en fin, sin límites de producción, qué obra escogerían para iniciar 2014. Con la Venezuela actual como contexto, ¿cuál es la reflexión que quisieran despertar en el público? En sus respuestas, todos hicieron énfasis en la urgencia de hablar sobre la violencia y cómo una sociedad puede llegar a vivir con ella hasta, de alguna manera, justificarla. La lucha por el poder, los conflictos de valores frente a las necesidades y el desarraigo, que se contraponen a la búsqueda de justicia, son las temáticas que se desean discutir con el espectador

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Luis Fernández

“Tengo tres proyectos de autores muy disímiles con ideas que me resultan interesantes. El primero es un unipersonal basado en experiencias de la actriz Bette Davis. Me gustó porque, más allá de una evocación biográfica, plantea la lucha de una mujer por modificar su entorno y ‘resolverlo’ En un mundo en el que somos entrenados para evadirnos de los asuntos verdaderamente importantes esa pieza me parece muy pertinente. Ello, sumado a un cuestionamiento social, profesional y familiar valioso, hecho desde la ironía, resulta fascinante. Otro proyecto se titula El garaje. Explorar nuestra tendencia natural hacia la violencia y la destrucción, los motores que nos impulsan a ella y la manera en que la justificamos es un tema sobre el que, responsablemente, debemos poner la lupa de inmediato”.


César Sierra

“El teatro debe sobreponerse a los momentos de crisis. Es duro tener que limitarse por el tema económico. Uno debe pensar en que las entradas paguen la producción porque no tenemos otro tipo de financiamiento. También creo que, salvo contadas excepciones, al país le hace falta una nueva generación de dramaturgos que se ocupen de escribir textos que hagan avanzar al teatro. Parece que estuvieran más interesados en crear obras de comedia o cabaret, de humor inmediato. Sobre un autor, toda mi vida he sido fan de Tennessee Williams. Me parece pertinente porque toca temas como la doble moral, como en el caso de De repente, el último verano. También pienso que hace falta una revisión de los dramaturgos venezolanos. Me encantaría que Rodolfo Santana o Román Chalbaud, quienes ahora parecen propiedad de un solo sector, se conviertan en discusión”.


Vladimir Vera

“Haría un súper montaje de La ilíada. Inmenso, como los de Peter Brook. Me lo imagino con fuego y efectos multimedia, hasta con actores que caen del techo. Es una historia que te habla del hombre. De sus pasiones más básicas, de su lucha interna. Y te muestra al héroe humano. El espectador está acostumbrado a sentirse seguro en el teatro, a montajes soporíferos en los que si abro una ducha sale agua. Se han perdido las metáforas. De todos los temas resaltaría el de la violencia, el del desarraigo. Vivimos en un ambiente hostil, pero en el teatro no hablamos de eso sino de cosas bonitas. Quiero hablar de la problemática de la violencia y de una educación paupérrima. Sé que una obra no va a cambiar la realidad nacional, pero vale la pena que dos o tres personas por lo menos reflexionen sobre lo que sucede con nosotros”.


J. René Guerra

“Me muero por montar Ricardo III de Shakespeare. Sería muy pertinente. El tema de la locura por el poder. No es necesario mencionar directamente nombres ni apellidos, porque se puede reflexionar desde la metáfora. Trabajaría una de las frases más conocidas de la pieza, que es ‘Mi vida por un reino’. Sería interesante hablarlo sin politizarlo. Trabajar lo que puede hacer un ser humano por obtener lo que quiere y dónde desemboca su psique. Me encantaría comenzar el año con eso y lo presentaría a partir de imágenes y elementos multimedia. Siempre he sentido apego por los clásicos. Me parece necesario salvarlos o reivindicarlos, entenderlos desde otro lugar. Es un momento para llevar a la vanguardia un poco esto y no dejar que muera, porque la labor del dramaturgo llega hasta un punto que es justamente donde empieza la nuestra”.


Virginia Aponte

“El haber hecho teatro durante 40 años me ha permitido llevar a escena a los autores que he querido. Desde los más de derecha, como Diego Fabbri, hasta los de izquierda, como Bertolt Brecht. Eso me permitió entender que en este mundo tenemos que escucharnos todos. Tengo 2 proyectos teatrales que voy a presentar en la UCAB. Me interesa que la gente joven tenga un lugar para el intercambio de opiniones y para reflexionar sobre por qué vivimos actualmente una situación tan conflictiva. Voy a comenzar con Memoria del silencio, de una dramaturga cubana, que narra la historia de dos hermanas: una que se fue a Miami y otra que se quedó en la isla. También presentaré Pioneras de Alicia Álamo, que habla sobre unas amas de casa que se reúnen tras la muerte de Gómez para cambiar la Constitución. Creo que hay que salvar la memoria del país”.


Diana Volpe

“Me interesa Fuenteovejuna porque habla de un pueblo que se rebela contra la injusticia. Sería una producción muy grande porque involucra a muchos actores. El texto es importante y necesitaría una escenografía importante. Hay un autor inglés, Edward Bond, cuyas obras tienen que ver con la violencia y cómo ésta se convierte en algo cotidiano. También en esa línea se inscribe Philip Ridley, que escribe sobre lo que nos pasa como sociedad moderna, en la que tomamos por sentado cosas horrendas. Son obras muy fuertes porque te enfrentan con situaciones tan extremas que piensas que no suceden, pero luego lees las crónicas de nuestro país y dices: ‘Entonces…’. Pienso en la necesidad de buscar una respuesta y de encontrar el coraje para levantarse contra las injusticias y el abuso. Qué terrible cuando perdemos la capacidad de asombro”.


Oswaldo Maccio

“Me encantaría dialogar con José Ignacio Cabrujas. Creo que él consiguió agruparnos. Pero no me interesa montarlo correctamente: no quiero seguir la cartilla del piso de mosaico y los helechos. Deseo hacer preguntas en torno a nuestro desarraigo, nuestra capacidad para evadirnos. Hay alguien fundamental: Bertolt Brecht. Pero tampoco montaría La ópera de los tres centavos tradicionalmente. El escenario sería la bajada de precios de finales del año pasado, la gente haciendo cola; analizar dónde está cada uno. Brecht critica y te pregunta si eres consciente de lo que pasa, si lo entiendes. Me propongo una relación con un clásico de una forma más abierta, replantearnos, por ejemplo, Acto cultural: qué piensa la gente de la cultura, para qué han quedado los espacios, dónde se refugia la clase media. No haría un teatro para divertir”.


Juan José Martín

“Hay una obra que me interesa mucho, y espero poder hacerla: El alma buena de Szechwan de Bertolt Brecht, que trata sobre la forma en que la falta de dinero nos puede cambiar. Es una parábola sobre la maldad y la bondad. Tiene que ver mucho con lo que se discute y creo que nos toca de una manera directa en todo debate sobre la relación entre las buenas intenciones y las acciones, y cómo hace que las personas tengan que estar en una especie de cuerda floja entre la defensa de unos valores y su necesidad de reaccionar frente al mundo violento, hostil. Le presentaría al espectador una historia sobre cómo somos capaces de reaccionar ante situaciones muy difíciles y complejas. Cómo hemos llegado a una situación en la que hacer el mal pareciera ser la única vía y cómo manejamos lo terrible a nuestro alrededor”.